Un documental llamado Diciembre, dirigido por Lucas Gallo, logra revivir la crisis argentina de 2001 sin recurrir a entrevistas, voces en off ni análisis posteriores. Su única herramienta son las imágenes de archivo televisivo de la época, que el espectador ve en su crudeza original. La película se proyecta este sábado en Malba Cine y luego en Arthaus Central, en el marco de la conmemoración de los 25 años de aquellos sucesos que sacudieron al país.
El material utilizado proviene principalmente de Crónica TV y del archivo DiFilm, restaurado y reorganizado por el montajista Fernando Epstein, con diseño sonoro de Daniel Yafalián. El film abarca desde el 1 de diciembre de 2001 hasta el 3 de enero de 2002, cuando la crisis presidencial se estabilizó con la llegada de Eduardo Duhalde. Solo dos carteles, uno al inicio y otro al final, sitúan al espectador en el tiempo.
Lucas Gallo no es nuevo en este tipo de propuestas. Su documental anterior, 1982, también se basaba en archivo televisivo sin intervención ex post. Sin embargo, Diciembre lleva la apuesta al extremo al eliminar casi cualquier elemento ajeno al material original. En una entrevista con la revista Caligari, Gallo explicó que no cree que el documental deba
“dar respuestas y certezas sobre lo sucedido”
, sino que su función puede ser interrogar el archivo y abrir preguntas.
El relato comienza con el corralito, el decreto 1570 que el gobierno de Fernando de la Rúa y su ministro Domingo Cavallo implementaron el 1 de diciembre para restringir las extracciones de dinero y frenar la corrida bancaria. A partir de ahí, la película avanza sin pausas hacia los cacerolazos, los saqueos, la represión y las renuncias en cadena, mostrando cómo una medida técnica se transformó en detonante político.
Las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 constituyen el núcleo dramático del film. El anuncio del estado de sitio, decretado para contener los saqueos, provocó el efecto contrario: una salida masiva a las calles de sectores que hasta entonces no se habían movilizado. Quienes vivieron esos días recuerdan la incomodidad y la incredulidad. El documental presenta el discurso del presidente De la Rúa seguido de imágenes de cacerolas y multitudes desplazándose hacia plazas y avenidas de Buenos Aires, en un montaje que muestra la correlación entre la palabra oficial y la respuesta de la calle.
Los cacerolazos no eran nuevos en Argentina, pero en 2001 adquirieron una escala sin precedentes. Según estudios académicos relevados por la hemeroteca digital Redalyc, el bienio 2001-2002 constituyó el período de mayor presencia de cacerolazos en la historia reciente del país: mientras el promedio anual de la década previa fue inferior a 100 eventos de protesta, durante esos dos años se superaron los 1.000 casos. El documental hace visible esa transformación al mostrar protestas en barrios de clase media, como Belgrano —donde Andrés Calamaro bromeaba con “Cabildo y Cacerolazo”—, en esquinas alejadas de la Plaza de Mayo y en plazas de distintas ciudades, conviviendo con saqueos y declaraciones urgentes.
La consigna “¡Que se vayan todos!” no es solo un eslogan en el documental: es el eje que el montaje construye sin enunciarlo como tesis. Aparece en carteles, pancartas, grafitis y declaraciones espontáneas captadas por la televisión, donde manifestantes expresan su rechazo a políticos “de cualquier partido”. La sucesión de cinco presidentes en poco más de un mes —De la Rúa, Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde— se convierte en un elemento narrativo poderoso, ya que las imágenes de juramentos y conferencias se alternan con protestas que continúan pese a los cambios de personajes, transmitiendo la sensación de que el rechazo no se agotaba con la caída de un presidente.
En ausencia de narrador, el montaje y el diseño sonoro son la escritura política del film. La edición de Epstein decide qué imágenes se suceden, qué fragmentos de sonido se superponen y cómo se construyen las transiciones entre escenas que en su emisión original podían estar separadas por horas. Al colocar el anuncio del corralito junto a escenas de ahorristas desesperados y cacerolazos, o al yuxtaponer declaraciones tranquilizadoras de funcionarios con imágenes de represión, el film construye interpretaciones implícitas sobre la desconexión entre discurso oficial y realidad social, sin necesidad de enunciarlas.
Lucas Gallo ha declarado que su labor consiste en
“interrogar las imágenes, ofrecerles nuevas conexiones y devolver al público la potencia original de un material que todavía hoy sigue interpelando”
. Esa declaración describe con precisión lo que Diciembre hace: no explica el sentido de la crisis, sino que lo reactiva, dejando que sean las imágenes de 2001 las que formulen preguntas sobre representación, violencia estatal y legitimidad institucional que el tiempo no ha vuelto abstractas.
Diciembre se proyecta este viernes 31 de julio a las 22 en Malba Cine (Av. Figueroa Alcorta 3415) y los viernes 21 y 28 de agosto, 4, 18 y 25 de septiembre a las 20 en Arthaus Central (Bartolomé Mitre 434).
Fuente: Infobae