Durante décadas, los científicos han alertado sobre las consecuencias del calentamiento global, y ahora sus efectos ya se manifiestan en el día a día. El cambio climático no solo eleva las temperaturas en cada estación, sino que también transforma los patrones naturales. Los inviernos más templados y las temporadas de calor cada vez más extensas están alterando el comportamiento de diversas especies. Sin embargo, en el caso de las avispas, ocurre lo contrario a la tendencia de extinción: su población está en aumento, según advierte la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic).
El doctor David González de Olano, alergólogo, es contundente al respecto: “A la pregunta de si el cambio climático está alargando la temporada y el riesgo de picaduras en España, la contestación es sí”. El especialista explica que el incremento térmico ha modificado la estacionalidad de los himenópteros, el orden de insectos que incluye a abejas y avispas. Al subir las temperaturas, estos animales permanecen activos durante una porción más amplia del año.
En el caso de las abejas, la exposición humana está fuertemente vinculada al contacto con colmenas y actividades como la apicultura. Las avispas, en cambio, tienen una presencia mucho más marcada en entornos urbanos, rurales y de ocio. “Antes las avispas probablemente teníamos un periodo, a lo mejor, de cinco meses al año y ahora, por el cambio climático, convivimos con ellas durante mucho más tiempo”, señala González de Olano.
La avispa asiática se suma a la amenaza

A este cambio en los ciclos estacionales se suma la irrupción de especies foráneas, como la avispa asiática o Vespa velutina. Este ejemplar llegó a España en 2010 y desde entonces se ha diseminado por la península ibérica. Los alergólogos advierten que esta avispa presenta múltiples desafíos, entre ellos una mayor exposición de la población a un insecto más agresivo y venenoso. “La avispa velutina es agresiva y, si se siente amenazada, va a picar”, asegura el doctor González de Olano.
La picadura de esta especie provoca un dolor agudo y un escozor intenso, similar al de una quemadura. A diferencia de las abejas, la avispa asiática puede usar su aguijón en repetidas ocasiones y atacar varias veces a una misma persona. El riesgo se incrementa porque durante el ataque libera una feromona que incita al resto de la colmena a sumarse. Así, si alguien está cerca de un nido, puede sufrir múltiples picaduras que desencadenen reacciones alérgicas graves.
Cómo diferenciar una picadura normal de una reacción alérgica
En la población general, la picadura de una avispa velutina produce más dolor que la de una abeja o avispa común, pero para las personas alérgicas este incidente puede ser mortal. El alergólogo aclara que “una reacción local en la zona de picadura o de mordedura es inevitable, eso es normal, no hay que preocuparse por eso”, pero si aparecen síntomas más graves, se debe acudir a un especialista.
La sospecha de alergia surge cuando, tras una sola picadura, se manifiestan síntomas alejados del lugar afectado. Náuseas, vómitos, mareo, fatiga o reacciones en distintas partes del cuerpo indican una reacción generalizada o sistémica que requiere evaluación por un alergólogo. En estos casos, es fundamental identificar el insecto causante, pues ello permite un diagnóstico más preciso y la aplicación de tratamientos adecuados.
Fuente: Infobae