La inteligencia artificial está transformando la manera en que se consumen videos de animales en la web. Según el periodista Thomas Germain, la incertidumbre sobre si un gato o un perro que aparece en pantalla es real está desgastando uno de los pocos espacios de alivio que quedaban en internet.
Esta pérdida de confianza en lo adorable genera una sensación de inquietud y desamparo que se instala en la vida digital. Germain señala que la sospecha ya no se limita a la política o la desinformación, sino que alcanza a esos contenidos que antes brindaban un respiro automático.
Para Germain, los animales eran una fuente confiable de alegría en una red saturada de enojo. Esa respuesta instantánea de ternura ahora se mezcla con otra muy diferente: la duda de si se está frente a una falsificación.
La duda se cuela hasta en lo más inocente
Germain describe una escena psicológica silenciosa en la que el usuario frena su emoción y revisa los comentarios para ver si alguien ya verificó la autenticidad del video. Nadie disfruta sentirse engañado y esa vacilación empieza a alterar incluso el consumo de contenidos ligeros.
La profesora asociada de estudios de medios de la Universidad de Georgia, Jessica Maddox, resume esa fractura con una idea simple:
“Parte de la alegría de los videos tiernos de animales es pensar: ‘Dios mío, mira esta cosa adorable que de verdad ocurrió’. Y añade: ‘La inteligencia artificial elimina por completo eso de la ecuación’.”
Para Maddox, autora de The Internet is for Cats: How Animal Images Shape our Digital Lives, estos videos también trataban de conexión. “Te da alegría y sabes que también se la dio a alguien al otro lado de la pantalla”, dice. “Está toda esa relación parasocial”.

La cuestión, según la profesora, no se agota en si algo falso puede seguir siendo entretenido. Maddox sostiene que, cuando aparece un video creado artificialmente sin identificar, el efecto se parece a una trampa:
“La alegría se siente fabricada. Puede resultar vacía, de una forma casi fraudulenta. Al final, creo que eso va a volvernos mucho más cínicos sobre el mundo”.
Del entretenimiento al deterioro de la verdad
Germain plantea dos posibilidades. Una: que el rechazo lleve a la audiencia a buscar otros espacios, forzando a las plataformas a ocultar el contenido generado por IA y a recompensar a quienes compartan videos auténticos. La otra opción es que ese material resulte lo bastante satisfactorio como para adueñarse de los muros. Esa perspectiva, advierte Germain, ya tiene antecedentes preocupantes fuera del entretenimiento.
Durante el huracán Helene, en 2024, inundaciones catastróficas golpearon el sur de Estados Unidos. Circularon muchas imágenes reales, pero también se volvieron virales algunas creadas con inteligencia artificial, usadas para criticar la respuesta del Gobierno estadounidense. Entre quienes difundieron esas piezas estuvo Amy Kremer, integrante del Comité Nacional Republicano, que luego afrontó críticas.
“No sé de dónde salió esta foto y, sinceramente, no importa”, escribió entonces en X. “Se me quedó grabada para siempre”.
YouTube obliga a identificar los videos con inteligencia artificial
En julio de 2026, YouTube endureció las reglas sobre IA con exigencias de etiquetado para contenidos sintéticos que puedan confundirse con grabaciones reales y con sanciones que, según OreateAI Discover, incluyen desmonetización inmediata, faltas al canal o la salida del Programa para Socios de YouTube.

La plataforma reforzó esas normas para exigir transparencia sobre el uso de inteligencia artificial y castigar el contenido automatizado sin una aportación humana significativa. La fuente señala que la plataforma exige una etiqueta cuando la IA crea contenido que un espectador razonable podría tomar por una grabación auténtica. Esa obligación no alcanza a todo uso de IA; OreateAI Discover indica que quedan fuera las ayudas de producción y las ediciones estéticas menores, como herramientas de reducción de ruido, organización de guiones, doblaje o traducción, siempre que no alteren de forma sustancial el sentido ni creen un efecto de falsificación.
El último refugio también se vuelve inestable
La profesora espera que muchas personas disfruten los videos de animales creados con inteligencia artificial y el contenido que venga después. Aun así, advierte:
“En internet, a veces lo tierno e inocente es la puerta de entrada a algo más dañino”.
Ese desplazamiento no se limitaría a gatos o perros fabricados. Si la audiencia se acostumbra a esa fauna artificial, señala Maddox, esa misma tolerancia podría extenderse a montajes de políticos, videos inventados de delitos o caricaturas racistas hechas con inteligencia artificial.
También hay un costo más inmediato para quienes viven de producir videos reales. Competir con sistemas que no necesitan dormir y generan piezas a gran velocidad puede dificultar la monetización de trabajos más pensados y volverlos menos frecuentes.
Fuente: Infobae