La posible llegada de un fenómeno del Niño ya genera preocupación entre los habitantes de Manta, donde los cortes de agua potable suelen intensificarse durante la temporada invernal debido al aumento de la turbiedad en las fuentes de captación.
Ante este escenario, algunas familias han comenzado a comprar tanques, recipientes y sistemas de almacenamiento para enfrentar eventuales interrupciones prolongadas del servicio.
La preocupación surge luego de que el comité Erfen ha elevado los niveles de alerta en el país ante la inminencia del fenómeno de El Niño, pasando de una fase de observación a una etapa de preparación y respuesta obligatoria.
Modelos climáticos analizados por expertos locales advierten que este evento de 2026 proyecta superar récords históricos de intensidad global y ubican un 90 % de probabilidad de alta intensidad.
El recuerdo de los cortes de agua sigue presente
En sectores históricamente afectados por inundaciones y problemas de abastecimiento, los ciudadanos ya toman previsiones.
Una de ellas es Juana Moreira, habitante del barrio Miraflores, quien recuerda las dificultades que enfrentó durante anteriores temporadas lluviosas.
Según Moreira, en 2024 perdió gran parte del agua que mantenía almacenada cuando el desbordamiento del río Manta inundó su vivienda y afectó el aljibe ubicado en el portal de su casa.
“Perdí toda el agua que tenía guardada. Me tocó comprar tanqueros y llenar baldes que tenía en la casa. Dicen que va a llover mucho con este fenómeno del Niño y seguramente nos vamos a quedar sin agua”, manifestó.
Su preocupación refleja una realidad conocida en la ciudad. Cada invierno, especialmente durante eventos climáticos intensos, la producción de agua potable se ve afectada por la elevada carga de sedimentos que arrastran los ríos hacia los sistemas de captación.
Comercios ya ven un aumento en la demanda
La expectativa también se percibe en los negocios dedicados a la venta de recipientes para almacenamiento de agua.
Klever Valencia, propietario de un establecimiento de productos plásticos en Los Esteros, señaló que por ahora ha recibido a compradores y personas que cotizan el valor de los tanques para guardar agua. Sin embargo, considera que la demanda podría incrementarse a medida que se acerque la temporada lluviosa.
Explicó que en Manta muchas familias mantienen la costumbre de contar con aljibes o tanques de reserva, pero muchos optaron por tanques de plástico después del terremoto de 2016, cuando numerosas cisternas y estructuras colapsaron.
Actualmente, un tanque con capacidad para 220 litros se comercializa en alrededor de $ 27, mientras que recipientes de mayor capacidad, de hasta 1.100 litros, pueden alcanzar valores cercanos a los $ 150.
Por qué se queda sin agua Manta durante el invierno
El principal problema no radica en la falta de agua, sino en la imposibilidad técnica de procesarla cuando las lluvias elevan la turbiedad de los ríos.
El gerente de la Empresa Pública Aguas de Manta (EPAM), Luis García, explicó que la ciudad se abastece de dos sistemas de captación ubicados en Santa Ana y Rocafuerte.
Desde la captación de Caza Lagarto, en Santa Ana, el agua cruda se impulsa hacia la planta potabilizadora que abastece a la parroquia Eloy Alfaro.
El resto de la ciudad recibe agua desde la planta ubicada en El Ceibal, en Rocafuerte, desde donde el líquido se transporta aproximadamente 30 kilómetros hasta los reservorios de distribución en Manta.
La turbiedad afecta a toda la región
García precisó que el problema de la turbiedad no es exclusivo de Manta. Cantones como Rocafuerte, Jipijapa, Santa Ana y Portoviejo también enfrentan complicaciones similares durante los periodos de fuertes lluvias.
Cuando los ríos aumentan su caudal, arrastran arena, lodo, ramas y otros sedimentos desde las cuencas altas. Ese material termina en los sistemas de captación y complica los procesos de potabilización.
“Las crecientes arrastran sedimentos y los vuelven a depositar en los cauces. Esa es la principal dificultad para todos los sistemas que captan agua de los ríos”, explicó.
En eventos extremos, la turbiedad puede alcanzar niveles que superan ampliamente la capacidad operativa de las plantas potabilizadoras, obligando a suspender temporalmente la producción de agua potable para proteger la infraestructura.
Las medidas que prepara la EPAM
Ante el escenario previsto para los próximos meses, la EPAM ya ejecuta acciones preventivas para reducir el impacto de posibles interrupciones.
La primera medida consiste en garantizar el abastecimiento de productos químicos utilizados en los procesos de potabilización. Estos insumos permiten tratar agua con niveles elevados de turbiedad y mantener la producción dentro de los límites técnicamente posibles.
Paralelamente, la empresa fortalece la capacidad operativa de sus estaciones de bombeo, especialmente en el sistema de Caza Lagarto, considerado el más vulnerable frente a los efectos del invierno.
Según García, las bombas utilizadas en este sistema deben impulsar agua con altos niveles de arena hasta una altura aproximada de 300 metros antes de que continúe su recorrido hacia Manta. Esa condición provoca un desgaste acelerado de los componentes mecánicos.
Para enfrentar ese riesgo, la empresa trabaja en la conformación de un banco de bombas repotenciadas que permita realizar reemplazos inmediatos cuando los equipos pierdan eficiencia o sufran daños por abrasión.
Actualmente, el sistema opera con cinco bombas que se alternan entre funcionamiento y reserva. La meta es disponer de al menos tres unidades adicionales listas para entrar en operación cuando sea necesario. (I)
Fuente: El Universo