Durante las últimas semanas, la playa de Tarqui, en Manta, comenzó a mostrar una escena poco habitual.
Entre los pescadores y comerciantes dedicados a la limpieza de pescado aparecieron decenas de aves que antes casi no se observaban en el sector.
Algunas permanecen durante horas esperando restos de pescado. Otras llegan agotadas, con el pico abierto y signos evidentes de debilidad.
Lo que ocurre en esta playa no constituye un hecho aislado. A más de 180 kilómetros, en Guayaquil, centros de rescate de fauna silvestre comenzaron a recibir especies marinas que normalmente habitan las costas del Perú.
Algunas aparecieron en patios, universidades, barrios urbanos y parques, lejos de su ambiente natural. Casi todas llegaron con un mismo diagnóstico: desnutrición severa provocada por la falta de alimento en el mar.
Aunque ambos escenarios parecen independientes, especialistas coinciden en que responden al mismo fenómeno. El aumento de la temperatura superficial del océano modifica la distribución de los peces pequeños que alimentan a las aves marinas.
Al desplazarse las presas hacia aguas más profundas o frías, las aves deben recorrer mayores distancias y consumir más energía para alimentarse. Muchas no lo consiguen.
Todo esto responde a la formación de un fenómeno del Niño que, según proyecciones, se iniciaría en los próximos meses.
¿Qué observan quienes viven del mar?
Los primeros en advertir el cambio son los propios pescadores.
Agustín Chávez, quien trabaja diariamente en la playa de Tarqui, asegura que durante años las especies más comunes en la zona fueron los pelícanos y las garzas. Sin embargo, ahora observa aves pequeñas que antes no llegaban al lugar.
“Todas las aves están llegando más últimamente, algunas que nunca se han visto por aquí”, comenta.
Según explica, estas especies permanecen cerca de los evisceradores porque encuentran allí los restos de pescado que antes podían conseguir fácilmente mar adentro.
La percepción coincide con la de Carlos Reyes, otro trabajador del sector. Él relata que incluso los pelícanos comenzaron a abandonar la zona para buscar alimento en otros sitios. Esto debido a la competencia que tienen con el arribo de más aves.

Además, asegura haber encontrado aves muertas en la playa y otras que llegan extremadamente cansadas.
“Hay aves que no conocíamos. Llegan agotadas, con el pico abierto, como buscando aire. Algunas terminan muriendo en la orilla”, describe.
Esta situación también empezó a documentarse mediante informes técnicos elaborados por especialistas en fauna silvestre.
Los informes confirman un patrón preocupante
Uno de esos documentos corresponde al Centro de Paso de Fauna Silvestre Mansión Mascota, que durante junio atendió doce aves marinas rescatadas en distintos sectores de la provincia del Guayas.
Los resultados muestran un patrón común.
Las doce aves ingresaron con una condición corporal extremadamente baja. Presentaban pérdida severa de masa muscular, ausencia casi total de grasa y un estado avanzado de desnutrición.
Once de ellas murieron pese a recibir hidratación, vitaminas y tratamiento veterinario. Solo una logró sobrevivir. Además, todas las pruebas realizadas descartaron la presencia de influenza aviar, eliminando esa enfermedad como causa del evento.
Los especialistas identificaron tres especies protegidas entre los ejemplares atendidos: el cormorán guanay, el piquero peruano y el piquero patas azules. Las dos primeras habitan principalmente en Perú, por lo que su aparición en zonas urbanas de Guayaquil representa un hecho inusual.
Del océano a las calles de Guayaquil
Los registros del informe muestran que estas aves aparecieron en lugares donde prácticamente nunca deberían encontrarse.
Los rescates ocurrieron en la Espol, Bastión Popular, Urdenor 2, Sergio Toral, el Colegio Tecnológico Espíritu Santo, además de sectores cercanos como Playas y Samborondón.
Para los especialistas, este desplazamiento no responde a un cambio de comportamiento natural.
El informe concluye que las aves abandonaron su hábitat debido al agotamiento extremo provocado por la escasez de alimento, posiblemente relacionada con cambios oceanográficos y climáticos que alteran la disponibilidad de peces.
La explicación está bajo la superficie del mar
La bióloga Eliana Molineros, integrante de la Fundación Proyecto Sacha Centro de Rescate y Rehabilitación, explica que el fenómeno ya no se limita a una ciudad.
La organización ha recibido reportes desde Engabao, El Morro, Playas, Olón, San José, San Pablo, Puerto Cayo, Puerto López, varios puntos de Manabí e incluso Esmeraldas.
En todos los casos se repite un patrón: aves marinas debilitadas, heridas, convalecientes o fallecidas en playas donde antes no aparecían con esa frecuencia.
Según la especialista, el calentamiento del océano modifica el comportamiento de los peces. Cuando aumenta la temperatura del agua, las especies que sirven de alimento a las aves buscan zonas más profundas o frías. Ese desplazamiento obliga a las aves a invertir mucha más energía para alimentarse.
El resultado termina siendo visible en tierra.
Las aves llegan exhaustas a las playas, buscan comida entre los restos que dejan los pescadores y, en muchos casos, ya no cuentan con reservas suficientes para sobrevivir.
Los exámenes realizados por los centros de rescate muestran un mismo diagnóstico: animales con musculatura extremadamente reducida y sin grasa corporal, lo que refuerza la hipótesis de un colapso alimentario.
¿Qué puede ocurrir después? El impacto no terminaría en las aves
La presencia de aves debilitadas en las playas representa apenas una de las primeras señales visibles de un fenómeno que podría extenderse a otras especies marinas.
La bióloga Molineros advierte que el calentamiento del océano altera toda la cadena alimenticia y que las consecuencias podrían observarse en los próximos meses en otros animales de mayor tamaño.
“Lo siguiente que debería suceder con estas subidas de temperatura del océano es que empiecen a verse afectados mamíferos más grandes y otras especies como las tortugas marinas”, señala.
Para la bióloga, la magnitud del fenómeno obliga a coordinar esfuerzos entre instituciones científicas, ambientales y de gestión del riesgo.
Por ello plantea fortalecer la articulación entre entidades como el Inocar, el Erfen, el Inamhi, el Ministerio de Ambiente, universidades y centros especializados en rescate de fauna silvestre.
Sobre este tema se consultó al Ministerio de Ambiente, pero se indicó que en los próximos días se daría una entrevista con voceros oficiales. (I)
Fuente: El Universo