Una reciente investigación ha puesto sobre la mesa una conexión preocupante: las floraciones de algas no solo contaminan el agua, sino que también aceleran la degradación del plástico y favorecen la aparición de micropartículas de este material en ríos y lagos.
El estudio, publicado en la prestigiosa revista Water Research y liderado por el Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea (KAIST), vincula por primera vez de manera directa la contaminación del agua con el deterioro acelerado de residuos plásticos en ecosistemas acuáticos.
Durante seis semanas, los científicos monitorearon la evolución de muestras de plástico sumergidas en agua. En ese lapso, observaron cambios significativos en las biopelículas adheridas a la superficie del material, así como en la sucesión de comunidades microbianas y en sus perfiles genéticos funcionales.
El equipo fue dirigido por el profesor Jaewook Myung, del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental del KAIST, y contó con Youngju Kim, estudiante de doctorado de la misma unidad, como primera autora. El artículo fue publicado en línea el 25 de mayo de 2026.

El papel del exceso de nutrientes
El experimento se llevó a cabo con agua extraída de Duck Pond, un estanque ubicado en el campus del KAIST. Allí, los investigadores construyeron microcosmos, sistemas experimentales a pequeña escala que replican condiciones naturales, e indujeron artificialmente la proliferación de algas controlando la luz y las concentraciones de nutrientes.
El material analizado fue polietileno de baja densidad (LDPE), un plástico muy común en bolsas descartables. Los resultados demostraron que la proliferación de algas altera el ecosistema microbiano que se forma sobre la superficie del plástico y acelera su etapa inicial de deterioro, cuando el material se oxida y desarrolla grietas microscópicas.
Ese ecosistema superficial, conocido como plastisfera, influye en la propagación de patógenos y en el transporte de microplásticos. Sin embargo, hasta ahora se sabía poco sobre el efecto de las floraciones de algas, una forma grave de contaminación del agua, en esa comunidad microbiana.
En condiciones eutróficas (cuando el exceso de nutrientes favorece el crecimiento desmedido de algas), las cianobacterias se multiplicaron junto con otras bacterias y formaron una biopelícula más gruesa sobre el plástico. También aumentó de forma notable la presencia de microorganismos capaces de producir sustancias poliméricas extracelulares (EPS).
Según los especialistas, los EPS son materiales pegajosos, similares al mucílago, que mantienen unidos a los microorganismos y facilitan su adhesión a las superficies plásticas. Este cambio en la comunidad biológica coincidió con una aceleración de la degradación inicial del material, incluyendo la oxidación superficial y la aparición de microfisuras.
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Evidencia química y microscópica
El estudio también identificó un aumento de microorganismos que portaban genes relacionados con enzimas asociadas a la oxidación del plástico y a su degradación temprana. Los autores concluyeron que no se trató del efecto de una sola especie, sino de la actividad combinada de un ecosistema microbiano compuesto por bacterias fotosintéticas y otros grupos.
Las pruebas instrumentales respaldaron estas observaciones. Los análisis mediante espectroscopia infrarroja por transformada de Fourier (FT-IR) y microscopía electrónica de barrido (SEM) mostraron un incremento de grupos funcionales con oxígeno en la superficie del plástico, como carbonilo e hidroxilo.
Al mismo tiempo, la microscopía reveló más fisuras finas. Esta combinación indica que el plástico se volvió más vulnerable a la degradación física y a la fragmentación, un proceso que podría potenciar la generación de microplásticos en ambientes acuáticos.
El profesor Myung resumió la relevancia del hallazgo con estas palabras:
“Dado que la proliferación de algas es cada vez más frecuente debido al cambio climático, esperamos que este trabajo proporcione una base científica importante para las estrategias integradas de gestión ambiental que consideren conjuntamente la gestión de la calidad del agua y la gestión de los residuos plásticos”.
El estudio abre la puerta a nuevas políticas que aborden de manera simultánea la contaminación por nutrientes y la gestión de residuos plásticos, dos de los mayores desafíos ambientales de la actualidad.
Fuente: Infobae