Un estudio de la Fundación La Ruta Maya identifica a un adolescente en un cráneo estucado en el área ixil del altiplano guatemalteco

Un estudio científico difundido por la Fundación La Ruta Maya, y publicado en la revista especializada Mexicon, ha llegado a una conclusión impactante: un cráneo maya recubierto de capas de estuco perteneció a un adolescente varón que fue decapitado entre los años 1400 y 1450 d. C. Este hallazgo, de gran valor ritual, amplía el conocimiento sobre las prácticas ceremoniales que se llevaban a cabo en el altiplano guatemalteco durante el período Posclásico Tardío.

La investigación sitúa el objeto en el área ixil, al norte del departamento de El Quiché. Una de las hipótesis más sólidas que manejan los expertos es que el joven no era originario de esa región, sino un cautivo traído desde otra zona de Guatemala para ser ofrecido a una deidad. Esta teoría se sustenta en el análisis de la dentición, las formaciones craneales y las diferencias óseas entre distintas poblaciones de la época.

De acuerdo con la publicación en Mexicon, el cráneo aún conserva los terceros molares en desarrollo, un dato clave que permitió identificarlo como perteneciente a un hombre adolescente. Los especialistas detectaron variaciones dentales que, en algunas piezas, apuntaban a una edad de entre siete y nueve años, mientras que otras señales indicaban un rango de entre 11 y 12 años.

Un estudio de la Fundación La Ruta Maya concluyó que un cráneo maya recubierto de estuco perteneció a un adolescente varón decapitado entre 1400 y 1450 d. C. (Diario de Centroamerica)

El análisis reveló señales compatibles con decapitación y preparación ritual

El estudio, titulado “Un rostro sagrado en el altiplano guatemalteco: resignificando un cráneo maya recubierto de estuco”, fue dirigido por Rafael Mejicano Díaz y contó con la participación de 12 investigadores de Guatemala, México y Estados Unidos. Los resultados se presentaron en el museo de la fundación, ubicado en la avenida Las Américas de la zona 13, donde actualmente se resguarda la pieza, luego de que fuera entregada de forma voluntaria por un donante.

La publicación describe un cráneo humano que fue revestido con varias capas de estuco de distintas densidades, hasta formar un rostro humanoide con rasgos felinos. Los investigadores ubicaron este ornamento de carácter ritual y espiritual en el altiplano maya del área ixil contemporánea.

Para llegar a estas conclusiones, el estudio utilizó un amplio abanico de técnicas de análisis no invasivas, entre las que se incluyen:

  • Difracción de rayos X
  • Exámenes microscópicos
  • Cromatografía de gases
  • Tomografías computarizadas
  • Luz ultravioleta
  • Imágenes en 3D

Gracias a estas herramientas, los expertos lograron establecer la consistencia del recubrimiento y la morfología del hueso sin necesidad de intervenir la pieza físicamente.

Un hallazgo crucial fue que el cráneo fue preparado con calor, incluido un proceso de hervido, para desprender los tejidos blandos y dejar únicamente el hueso. Además, se determinó que le falta el colmillo superior izquierdo, que presentaba una abertura en la parte superior derecha, y que aún conservaba las dos primeras vértebras cervicales.

La cirujana dentista Jaqueline Cano, técnica radiológica de TecniScan, destacó la importancia de este último detalle para interpretar el destino del joven:

“Se encontraron las vértebras 1 y 2 que sostienen el cuello y forman parte del mascarón estucado, como especialista en el área de tomografía y resonancia magnética es un detalle muy importante de qué le ocurrió”.

El estudio señala que esas vértebras quedaron invertidas durante la colocación del estuco, lo que fue interpretado como una posible señal de decapitación. A partir de este conjunto de indicios, los investigadores sostienen que la pieza no es una simple forma de conservación de restos humanos, sino el resultado de una elaboración técnica con un propósito ritual preciso.

Un estudio de la Fundación La Ruta Maya concluyó que un cráneo maya recubierto de estuco perteneció a un adolescente varón decapitado entre 1400 y 1450 d. C. (Diario de Centroamerica)

La pieza habría sido una ofrenda vinculada al juego de pelota en el área ixil

La antropóloga Iyaxel Cojtí, profesora del departamento de Antropología de la Universidad de Texas en Austin, explicó que este tipo de cráneos estucados solían asociarse a ofrendas especiales colocadas cerca de espacios dedicados al juego de pelota. Al presentar el contexto histórico, señaló que la práctica estaba focalizada en el área ixil y que una pieza similar se encuentra en el Museo Regional de Chichicastenango Rossbach.

Cojtí afirmó:

“Se trata de un joven no local, que posiblemente fue cautivo, proveniente de otra área de Guatemala, regularmente los cráneos con estuco están cerca de un juego de pelota y se colocaban como una ofrenda especial”.

La investigadora agregó que, según los datos históricos, el adolescente probablemente provenía del oriente del país y pudo haber sido capturado en un contexto de conflicto entre entidades políticas del período posclásico.

La experta sostiene que el joven quizá era un guerrero o una persona que defendía su territorio. Fue capturado, asesinado por un trauma en el cuello y luego llevado al altiplano para ser entregado como ofrenda a una deidad local. En esta interpretación, el modelado con rasgos felinos respondería a la representación de una imagen sagrada colocada en la parte posterior de un altar.

Cabe destacar que la pieza no tiene un lugar de hallazgo confirmado, ya que formó parte de una colección privada antes de ser donada a la fundación. El texto de base indica que podría provenir de la región del Motagua, aunque no existe un dato exacto sobre su origen arqueológico debido a las circunstancias en que fue adquirida.

Un estudio de la Fundación La Ruta Maya concluyó que un cráneo maya recubierto de estuco perteneció a un adolescente varón decapitado entre 1400 y 1450 d. C. (Diario de Centroamerica)

El equipo de investigadores que participó en este estudio incluye a: Rafael Mejicano Díaz, Otto Orellana, Jaquelin Cano, Katherine Sandoval, Sofía Paredes, Iyaxel Cojtí, Luisa Mainou, Rocío Albarrán y Vera Tiesler. La presentación pública de los resultados estuvo a cargo del ingeniero Fernando Paiz Andrade, presidente de la fundación.

El examen científico también incorporó datación por radiocarbono y una exhaustiva revisión de antecedentes arqueológicos y etnohistóricos. Según la comunicación oficial citada por la publicación, esta colaboración interdisciplinaria permitió estudiar el cráneo sin comprometer su integridad y generar información de gran valor para la investigación y la conservación del patrimonio cultural guatemalteco.

Fuente: Infobae

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