Este 26 de julio se conmemora el Día Mundial de los Manglares, una fecha instaurada por la UNESCO en 2015 para crear conciencia sobre la importancia ecológica, social y económica de estos ecosistemas, así como de los serios riesgos que los acechan a nivel global. La jornada invita a reflexionar sobre la necesidad de conservar y restaurar estos bosques, que se extienden en las zonas costeras de más de 120 países y actúan como un puente vital entre la tierra y el mar.
Los manglares cumplen funciones esenciales: funcionan como barreras naturales contra tormentas, albergan una biodiversidad única y contribuyen significativamente a mitigar el cambio climático al almacenar carbono. Organismos internacionales reconocen su papel central y promueven su protección y restauración a través de iniciativas globales y locales.
El valor ecológico y social de los manglares
Los manglares son ecosistemas conformados por árboles y arbustos adaptados a vivir en zonas costeras donde confluyen el agua dulce y la salada. Se desarrollan en suelos fangosos y salinos, soportan las mareas y presentan raíces aéreas que les permiten absorber oxígeno.

Constituyen ecosistemas de esperanza que conectan tierra, agua dulce y mar. A nivel mundial, estos bosques cubren cerca de 15 millones de hectáreas y albergan una enorme diversidad biológica. Más de 1.533 especies diferentes, entre animales y plantas, dependen de los manglares para sobrevivir, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Además, estos humedales sirven como viveros para peces y crustáceos, refugio para especies amenazadas y fuente de alimento para mamíferos, aves, reptiles e insectos.
En Madagascar, por ejemplo, los manglares cubren 236.400 hectáreas, lo que representa el 2% de los bosques de manglar del planeta. Estos ecosistemas producen entre 2,5 y 3,9 toneladas de cangrejos por kilómetro cuadrado al año y sostienen la economía y el bienestar de muchas comunidades locales. Junto a los arrecifes de coral, hacen de la costa oeste de esta isla una de las regiones más productivas.
Manglares como aliados frente al cambio climático y la seguridad alimentaria
Los suelos de los manglares funcionan como sumideros de carbono altamente eficientes, capaces de almacenar hasta 21.000 millones de toneladas de CO2, de acuerdo con la Global Mangrove Alliance. Estos bosques capturan y retienen sedimentos ricos en carbono en sus suelos fangosos, lo que ayuda a mitigar el cambio climático y a reducir la concentración de gases de efecto invernadero.
Además, desempeñan un papel fundamental en la seguridad alimentaria y la protección costera. Según el PNUMA, aproximadamente 2.400 millones de personas viven a menos de 100 km de una costa, y muchas de ellas dependen de los manglares para obtener alimentos, leña, materiales de construcción y protección contra tormentas. Los manglares también filtran el agua, mejoran la calidad de los ecosistemas marinos adyacentes y reducen la erosión y los daños por ciclones.

Las comunidades costeras encuentran en los manglares oportunidades de subsistencia sostenibles, como la pesca, la recolección de mariscos y la apicultura. La protección contra tormentas es especialmente notable: una franja de 500 metros de manglar puede reducir la altura de las olas entre un 50 y un 99%, según datos de la UNESCO. También sostienen actividades turísticas y pesqueras, al servir de viveros para especies de alto valor comercial.
Desafíos y soluciones para la conservación de los manglares
A pesar de su valor, los manglares enfrentan amenazas considerables. Estos ecosistemas desaparecen tres a cinco veces más rápido que los bosques terrestres, con pérdidas globales que redujeron su cobertura a la mitad en los últimos 40 años. Las causas principales incluyen el avance de la agricultura y la acuicultura, el desarrollo costero, la contaminación y el cambio climático, como señala la UNEP. El cultivo de camarón fue responsable de al menos el 35% de la pérdida global de manglares.
El riesgo de extinción avanza para el 15% de las especies vinculadas a los manglares. Según el PNUMA, el 44% de estas especies incrementa su riesgo de desaparecer, y en los casos ya amenazados, el 89% ve agravada su situación. Además, el aumento del nivel del mar limita la capacidad de adaptación de los manglares.

Sin embargo, existen buenas noticias. Los índices de pérdida se redujeron un 44% entre 2000 y 2020, según la Global Mangrove Alliance. El 42% de los manglares remanentes cuenta con protección formal. Proyectos como el “Mangroves for Communities and Climate” del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y la iniciativa MangRes de UNESCO, en América Latina y el Caribe, buscan restaurar y conservar estos ecosistemas mediante la colaboración entre comunidades, gobiernos y organizaciones internacionales.
El conocimiento ecológico local se convierte en una herramienta vital para la restauración y manejo sostenible con impacto a largo plazo. El enfoque en soluciones basadas en la naturaleza y la integración de la ciencia con el saber tradicional refuerzan las posibilidades de éxito frente a los desafíos globales.
Fuente: Infobae