Venezuela: un mes después de los terremotos, la crisis se agrava para los más vulnerables

Un mes ha transcurrido desde los devastadores sismos que causaron la muerte de más de 5.300 personas y dejaron a 16.700 heridos en Venezuela, junto con enormes pérdidas materiales. Sin embargo, diversas organizaciones no gubernamentales advierten que la emergencia ha mutado hacia una etapa igualmente crítica, especialmente para los sectores más vulnerables como menores, mujeres y familias desplazadas.

«Ha pasado un mes y el mundo empieza a mirar hacia otro lado, pero para miles de niñas la emergencia no ha hecho más que cambiar de forma. Entramos en una fase donde se quedan solas frente a las consecuencias, expuestas a la violencia, sin intimidad para gestionar su salud menstrual con dignidad y con el miedo a no volver nunca a clase. Y por eso exigimos que la recuperación ponga el foco en las niñas desde el primer minuto, no cuando ya sea demasiado tarde», ha manifestado la directora general de Plan International en España, Virginia Saiz.

Esta organización pone el énfasis en las niñas y adolescentes, quienes ahora soportan las secuelas menos visibles del desastre: desde un mayor peligro de sufrir violencia hasta la suspensión de servicios esenciales como la atención a su salud menstrual o un regreso a las aulas cada vez más incierto.

Según Plan International, los campamentos temporales —que actualmente albergan a más de 23.000 personas en distintas regiones del país— no siempre representan un refugio seguro para ellas. La mayoría de las niñas y jóvenes carecen de acceso a baños diferenciados o espacios íntimos, lo que convierte estos lugares en entornos que, en lugar de protegerlas, las exponen a la violencia y los abusos, denuncia la organización humanitaria.

Además, se reporta que muchas familias han decidido no ingresar a los campamentos oficiales y se han instalado por cuenta propia en plazas y terrenos baldíos cerca de sus hogares dañados, donde escasean el agua potable, los alimentos y los servicios de protección.

«Prefiero estar en una plaza donde conozco a la gente que me rodea que ir a un sitio enorme donde no sabes quién entra ni quién sale», narra Andreina, madre de 26 años que vive en una plaza pública junto a su esposo y su hija pequeña desde el 25 de junio.

En palabras de la asesora regional de Protección de la Infancia en Acción Humanitaria de Plan International presente en territorio venezolano, Yessica Serrano,

«durante las emergencias, el entorno protector de la infancia se debilita. Las personas cuidadoras están sometidas a un enorme estrés, y es en esos momentos cuando las redes de trata y otros agresores aprovechan. Las crisis no afectan a todos los niños por igual. Las niñas, y en especial las adolescentes, están más expuestas a la explotación sexual, la violencia y el trabajo doméstico, mientras que los adolescentes varones afrontan el riesgo de ser reclutados por grupos criminales», alerta.

Otra de las inquietudes más graves es el acceso a productos para la salud menstrual. Sin materiales adecuados ni espacios privados, las adolescentes encuentran barreras incluso para acceder a otras formas de ayuda disponibles en los campamentos, lo que incrementa su aislamiento justo cuando son más vulnerables.

«La gente está centrada en conseguir comida, agua, linternas y recursos básicos. Pero nadie piensa en lo que necesitan las mujeres: compresas, papel higiénico, y lo más fundamental», señala Andrea, voluntaria de 17 años en una organización socia de Plan International.

Educación interrumpida

La educación es otro de los sectores más golpeados. Aunque las escuelas venezolanas están actualmente en vacaciones de verano, el terremoto ya truncó de raíz el final del curso anterior para miles de niños y niñas. La ONG advierte que está en duda que las aulas puedan reabrir en septiembre, cuando debería iniciar el nuevo ciclo lectivo, privando a la infancia de uno de los pocos entornos seguros que favorecen su recuperación.

Para las niñas, añade Plan, ese vacío es especialmente peligroso porque cada vez que se cierra un aula, aumentan las probabilidades de que muchas no regresen nunca a clases, siendo arrastradas hacia el trabajo doméstico, el matrimonio infantil o el cuidado de hermanos menores.

Apoyo continuo de UNICEF

Por su parte, UNICEF informa que cerca de 23.100 personas se encuentran actualmente en campamentos temporales en La Guaira, el Distrito Capital, Miranda y Aragua. La organización indica que trabaja para brindar asistencia vital a unas 470.000 personas, incluyendo 169.000 menores, en áreas como salud, nutrición, agua y saneamiento, protección infantil, educación y protección social. Además, reporta 856 edificios afectados, de los cuales 190 se derrumbaron por completo.

«Un mes después de los terremotos, los niños y las familias aún lidian con las consecuencias de este devastador desastre. Más allá de los daños visibles, el miedo, la incertidumbre y la interrupción causadas por el desplazamiento pueden tener un impacto duradero en el bienestar de los niños y niñas», ha declarado el representante de UNICEF en Venezuela, Manuel Rodríguez Pumarol, que pide «dar apoyo continuo para garantizar que los niños y niñas tengan acceso a agua potable, atención médica, protección y los servicios que necesitan para recuperarse».

En ese sentido, subraya que los niños y niñas afectados por emergencias enfrentan mayores riesgos de angustia psicológica, violencia, abandono, explotación y separación familiar, lo que agrava su seguridad y bienestar. El hacinamiento, la interrupción de la rutina y la incertidumbre prolongada pueden incrementar aún más estas amenazas, especialmente para los más pequeños y vulnerables.

A medida que los esfuerzos de recuperación entran en una nueva fase, UNICEF hace un llamamiento a los donantes y aliados para que mantengan el apoyo a los niños y las familias damnificadas. Se estima que se necesitan 65,7 millones de dólares (más de 57,7 millones de euros) para responder al impacto humanitario de los terremotos durante los próximos meses.

Hasta ahora, la ONG ha proporcionado agua potable a más de 8.900 personas mediante la distribución diaria de 80.000 litros de agua en tres campamentos de transición en La Guaira, y ha distribuido artículos de higiene esenciales para apoyar a unas 29.000 personas. También ha suministrado medicamentos esenciales a 198 centros de salud, con capacidad para brindar servicios de atención primaria a hasta 49.000 personas, así como apoyo psicosocial y otros servicios sociales básicos.

«Cuando hace viento, corro a mi habitación, me escondo y me da miedo», cuenta Victoria, de nueve años, en La Guaira. Naomi, de apenas cinco, describe cómo las pesadillas le impiden descansar: «Estaba en la playa y un tsunami me perseguía», narra. Michelle, de 25 años y madre de tres niñas, resume lo que ve cada día: «Están asustados, tienen miedo. Ahora mismo, los niños necesitan apoyo psicológico que les ayude», sentencia.

Recuperar la salud mental

En este contexto, Médicos del Mundo advierte que la recuperación de Venezuela pasa ahora por atender otra crisis menos visible: la salud mental. La emergencia, explica la organización, ha entrado en una nueva fase: tras atender las lesiones más graves y las necesidades inmediatas, el reto es evitar que las secuelas psicológicas se vuelvan crónicas y garantizar que la población siga teniendo acceso a atención sanitaria, especialmente en salud mental y apoyo psicosocial, dos áreas que suelen quedar relegadas una vez que desaparece el foco mediático.

«Empiezo a notar que ya hay mucha necesidad de terapia emocional por el estrés postraumático. Se empieza a sentir un poco más la fatiga emocional», reconoce el rescatista Germán Bello.

Para la coordinadora de salud mental de Médicos del Mundo en el terremoto de Venezuela, Marina Stussi,

«conforme pasa el tiempo aparece el cansancio y conectan con el dolor, la pérdida y la desesperación» por lo que pide recuperar pequeñas rutinas cotidianas y construir un entorno seguro, entre otras recomendaciones.

Fuente: Infobae

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