Un estudio revela cómo la televisión afecta la estructura cerebral

Durante años, la advertencia sobre los efectos de pasar horas frente a la pantalla formó parte del discurso familiar, aunque la evidencia científica resultaba limitada. Una investigación encabezada por la Universidad del Sur de California (USC) y publicada en la revista Alzheimer’s and Dementia aporta nuevos datos sobre las consecuencias de este hábito.

El trabajo muestra que la exposición habitual a la televisión en la mediana edad se relaciona con una reducción de áreas cerebrales vinculadas a la memoria, la planificación y el procesamiento visual, además de un aumento en los signos de daño en el tejido cerebral profundo, fenómenos que se asocian con un mayor riesgo de déficit cognitivo y enfermedades neurodegenerativas.

Según reportó la USC, el análisis incluyó a cerca de 1.700 adultos que participaron en un estudio de cohorte en la década del ochenta, respondiendo cuestionarios sobre su tiempo frente al televisor y su actividad laboral.

Más de 20 años después, los mismos individuos se sometieron a estudios de imagen cerebral, que revelaron diferencias marcadas entre quienes declararon mirar televisión “muy a menudo” y quienes lo hacían “nunca” o “rara vez”.

Un seguimiento prolongado y una metodología rigurosa

Una infografía de Infobae detalla cómo el consumo frecuente de televisión en la mediana edad afecta el cerebro, basándose en un estudio de la Universidad del Sur de California con cerca de 1.700 adultos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo científico de la Universidad del Sur de California recopiló información procedente del Estudio de Riesgo de Aterosclerosis en las Comunidades (ARIC), un seguimiento poblacional de largo alcance desarrollado en Estados Unidos. Los participantes, con una edad media de 53 años al inicio, calificaron con qué frecuencia dedicaban su tiempo libre al consumo televisivo, en una escala que iba desde “nunca/rara vez” hasta “muy a menudo”.

Dos décadas después, los resultados de las resonancias magnéticas mostraron que quienes informaron mayor consumo televisivo presentaron reducción en el tamaño de los lóbulos frontal y occipital, además de un incremento en las hiperintensidades del tejido cerebral profundo, indicadores que suelen asociarse con el envejecimiento cerebral y el desarrollo de cuadros como el Alzheimer.

El ensayo detalló que estas diferencias persistieron incluso tras ajustar los resultados por variables como actividad física, presencia de diabetes, índice de masa corporal, tabaquismo y consumo de alcohol.

“Durante años nos hemos centrado en cuánto tiempo pasan sentadas las personas. Nuestros hallazgos sugieren que también deberíamos prestar atención a lo que hacen mientras están sentadas”, subrayó el profesor David Raichlen, investigador principal del proyecto.

Actividades sedentarias, pero no todas iguales

Las resonancias magnéticas detectaron más hiperintensidades en el tejido cerebral profundo entre quienes reportaron ver televisión “muy a menudo” en la mediana edad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los hallazgos más destacados es que el impacto negativo sobre el cerebro no depende únicamente del hecho de permanecer sentado. Las personas que desarrollaban actividades laborales sedentarias con alta demanda intelectual presentaron patrones cerebrales más saludables en comparación con quienes destinaban ese tiempo al consumo pasivo de televisión.

El análisis de la USC observó que los individuos con ocupaciones de escritorio mostraron lóbulos frontales y occipitales de mayor tamaño y menos lesiones en el tejido cerebral profundo, respecto de quienes pasaban muchas horas ante la pantalla.

Los investigadores concluyeron que el estímulo mental, como la resolución de problemas o la concentración sostenida, podría proteger la estructura cerebral, a diferencia del entretenimiento televisivo pasivo.

En palabras recogidas por los investigadores, “estar sentado con actividad mental puede afectar al cerebro de forma diferente a mirar televisión de manera pasiva”, lo que refuerza la importancia del tipo de actividad para la salud cerebral.

Diferencias por sexo y limitaciones de la investigación

Trabajos sedentarios con demanda mental se asociaron con cerebros más saludables que la televisión (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo difundido por la Universidad del Sur de California también detectó diferencias en función del sexo. El análisis de las imágenes cerebrales mostró que los cambios estructurales asociados a la visualización frecuente de televisión y al sedentarismo durante el trabajo se manifestaron mayoritariamente en hombres. Este resultado sugiere una susceptibilidad particular, aunque los autores reconocen que se requieren más estudios para comprender las causas.

El investigador Natan Feter, autor principal del estudio, afirmó: “Solemos recomendar al público que no pase demasiado tiempo sentado, pero los expertos quizás deberían ampliar esa recomendación para incluir las actividades que se realizan estando sentado, ya que parecen tener un impacto significativo en la salud cerebral”.

Los autores reconocen limitaciones metodológicas. La información sobre los hábitos televisivos provino de autoinformes, lo que puede acarrear sesgos o errores de memoria. Además, no se dispuso de imágenes cerebrales previas al inicio del seguimiento, lo que impide comparar la evolución individual de la estructura cerebral a lo largo del tiempo.

Fuente: Infobae

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