La riqueza natural de México incluye una impresionante variedad de serpientes, con un total de 454 especies distribuidas en todo el territorio. Estos reptiles no solo representan un tesoro biológico, sino que también tienen un impacto directo en la ciencia y la cultura. De acuerdo con Valeria Daniela Palacios González, estudiante de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, aproximadamente una quinta parte de estas especies producen un veneno de gran utilidad para la elaboración de medicamentos y antivenenos.
Más allá de los mitos populares, las serpientes cumplen una función vital en el equilibrio ecológico. Ayudan a controlar poblaciones de roedores e insectos, lo que favorece la estabilidad de las cadenas alimenticias. Además, su presencia está profundamente arraigada en la cultura mexicana, desde símbolos ancestrales como Quetzalcóatl hasta emblemas nacionales y representaciones en la iconografía de la salud. En el ámbito económico, se aprovechan su piel, carne e incluso su comercio como mascotas.
Proteger a estos reptiles implica superar varios obstáculos. Durante la conferencia “Conservación de alto riesgo: serpientes venenosas de México”, la alumna destacó que la fragilidad de estas especies se ve agravada por la pérdida de hábitats, la captura ilegal, la mortalidad accidental e intencional por miedo, y la contaminación con químicos usados para control de plagas. A esto se suman los efectos del cambio climático, la competencia con especies invasoras y prácticas rituales que implican su caza.
El valor del veneno y los peligros para su conservación
El veneno de las serpientes mexicanas es una secreción producida por glándulas salivales especializadas, compuesta principalmente de proteínas, enzimas y polipéptidos. Este mecanismo les permite defenderse y capturar presas mediante un sofisticado sistema de inyección con colmillos huecos. La familia Viperidae, que incluye a las serpientes de cascabel, nauyacas y cantiles, posee una toxina de efecto proteolítico, capaz de descomponer proteínas en aminoácidos.
Por otro lado, las especies del grupo Elapidae, como las coralillo, micrurus y la hydrophis marina, presentan una sustancia neurotóxica y se distinguen por su dentición particular y colores vivos. Comprender estas diferencias es clave para desarrollar antídotos y medicamentos, lo que reafirma la urgencia de proteger a estos animales frente a las amenazas que afrontan.

La situación de quienes trabajan en su conservación también es preocupante. La especialista señaló que existen múltiples barreras, como la falta de recursos, la discriminación y criminalización, la corrupción, la impunidad, la desinformación y la escasa participación social. Asimismo, mencionó el monopolio en la producción de antivenenos, que limita el acceso a tratamientos efectivos y frena los esfuerzos de preservación.
Acciones para proteger estas especies
Entre las recomendaciones para colaborar en la defensa de las serpientes se incluye integrarse a grupos ambientalistas, participar en brigadas de protección animal y promover la educación ambiental. La conservación requiere un esfuerzo colectivo, abierto a la sociedad y alejado de posturas pasivas.
La experta en etología remarcó que para revertir el escenario actual es fundamental la voluntad de la comunidad y el compromiso político e institucional. Participar en actividades de divulgación científica y redes de apoyo local puede marcar la diferencia en la supervivencia de las serpientes mexicanas y en la preservación de los servicios ambientales que brindan.
En definitiva, conservar a estos reptiles no solo significa proteger una parte esencial de la biodiversidad mexicana, sino también resguardar los beneficios que su presencia aporta a la salud, la economía y la cultura del país.
Fuente: Infobae