Entierrar una cáscara de plátano cerca de las plantas libera potasio, fósforo y magnesio directamente en la tierra. Durante la descomposición, las raíces aprovechan estos tres nutrientes esenciales para la floración, el desarrollo de frutos y la formación de clorofila.

Investigaciones del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Iztapalapa, la Universidad Autónoma Chapingo y la UNAM respaldan esta práctica. Estos estudios analizan la cáscara del plátano (Musa paradisiaca) como una alternativa orgánica a los fertilizantes químicos.
Según una nota del CIAD en su portal oficial, tras la descomposición, la cáscara de plátano aporta nitrógeno, fósforo y potasio al suelo, los mismos tres macronutrientes que se encuentran en productos sintéticos. El organismo, con sede en Sonora, también destaca que la cáscara contiene calcio, sodio, vitaminas y aminoácidos esenciales.

Beneficio a mediano y largo plazo
El potasio y el fósforo de la cáscara no están disponibles de inmediato al ser enterrada. Los microorganismos del suelo requieren tiempo para descomponer el material y liberar los nutrientes. Por ello, los investigadores indican que el beneficio se acumula a mediano y largo plazo, no en los primeros días.

Un estudio publicado en Terra Latinoamericana, revista científica de la Universidad Autónoma Chapingo y disponible en SciELO México, evaluó los parámetros físico-químicos de cáscaras de plátano para producir biofertilizantes aplicables en cultivos de tomate. El trabajo, firmado por Shailili M. Moreno-Morales y su equipo, encontró que la mezcla suelo-cáscaras mejora la mayoría de las variables de micro y macronutrientes y aumenta el porcentaje de materia orgánica.

Los investigadores advierten que la cáscara puede elevar ligeramente el pH del suelo. El pH mide la acidez o alcalinidad: cuando sube demasiado, las raíces tienen más dificultad para absorber nutrientes, aunque estos estén presentes.

En suelos ya alcalinos, esa variación requiere monitoreo para no afectar la absorción de otros nutrientes.
Proyecto de la UNAM gana financiamiento
El 2 de julio de 2026, la Gaceta UNAM informó que Adrián Enrique Quinto Carrillo, estudiante de doctorado del Instituto de Energías Renovables (IER) de la UNAM, ganó el Premio Lettinga 2026 con el proyecto Closing potassium cycles in banana production through anaerobic biorefinery systems.

El proyecto utiliza un proceso biológico sin oxígeno (biorrefinería anaerobia) para extraer el potasio del pseudotallo del plátano y devolverlo al cultivo como fertilizante.
“La propuesta busca reducir la dependencia de fertilizantes externos y promover una agricultura más sostenible”, explicó Quinto Carrillo a la Gaceta UNAM.
El proyecto recibirá 15 mil euros (alrededor de 298 mil pesos mexicanos) y debe concluirse antes del 31 de diciembre de 2028. Lo tutoran Sergio Alberto Gamboa Sánchez, investigador del IER, y José Luis Cabellos Quiroz, académico de la Universidad Politécnica de Tapachula.
UAM e IPN convierten cáscara en fertilizante
México produce en promedio 2.4 millones de toneladas de plátano al año, según el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP). Chiapas, Tabasco y Veracruz concentran la mayor parte de ese volumen.

La División de Ciencias Básicas e Ingeniería de la UAM Iztapalapa, en colaboración con el IPN, desarrolla desde 2024 el proyecto Aplicaciones agrícolas y acuícolas del biopolímero compostable de cáscaras de plátano, dentro del programa Innova BIO-IPN-UAM.
El equipo extrae celulosa de la cáscara —que también contiene proteínas y lignina— y le añade nutrientes para producir un material biodegradable aplicable directamente al suelo.

La ventaja del material es la liberación controlada: entrega los nutrientes de forma más uniforme y reduce la variabilidad que genera enterrar trozos enteros sin procesar.
Fuente: Infobae