Los grandes enigmas del universo que la ciencia aún no descifra

La ciencia ha logrado hitos como observar galaxias formadas poco después del Big Bang, fotografiar un agujero negro y detectar miles de planetas fuera del Sistema Solar. Sin embargo, todavía desconoce la naturaleza del 95% de los componentes del universo. Esta paradoja es uno de los mayores retos de la física moderna y explica por qué interrogantes ancestrales —como la existencia de vida extraterrestre, la posibilidad de habitar Marte o lo que ocurre dentro de un agujero negro— siguen sin respuesta definitiva.

En una entrevista reciente, la doctora en Ciencias Físicas Estefanía Coluccio Leskow abordó estas incógnitas desde los avances más recientes de la astronomía y la física. La especialista repasó las certezas actuales sobre el cosmos, los límites del conocimiento científico y por qué muchas ideas populares de la ciencia ficción distan aún de lo que la evidencia permite afirmar.

Materia oscura y energía oscura: el 95% desconocido

Uno de los mayores enigmas de la física contemporánea fue el punto de partida. La científica explicó: “Sabemos que un 5% es materia ordinaria, un 25% es materia oscura y un 75% es energía oscura. Pero no sabemos qué son”. Aunque la materia oscura y la energía oscura constituyen el 95% del contenido del universo, los científicos solo infieren su existencia por los efectos gravitacionales que generan sobre la materia visible. “Vemos sus efectos en el universo, pero no entendemos qué son”, resumió.

Para Coluccio Leskow, intentar responder esa pregunta no responde solo a una utilidad práctica inmediata, sino a una característica profundamente humana: la necesidad de comprender nuestro lugar en el cosmos. Esa curiosidad marcó su propia vocación: de niña observaba el cielo desde el campo, preguntándose qué habría más allá de las estrellas. Primero se interesó por la astronomía y luego por la física teórica, hasta especializarse en partículas elementales, área que estudia los componentes fundamentales de la naturaleza a través del Modelo Estándar, al que definió como “el modelo más predictivo y exitoso de la historia de la humanidad”.

Vida extraterrestre: ¿estamos solos?

Ese mismo impulso conduce a otra pregunta fascinante: si estamos solos en el universo. Desde una perspectiva científica, la física considera que la existencia de vida fuera de la Tierra es una posibilidad muy real. “Es muy probable que haya otros seres vivos“, afirmó. El argumento es estadístico: si el universo alberga miles de millones de galaxias y una cantidad aún mayor de planetas, resulta difícil pensar que las condiciones que permitieron el surgimiento de la vida solo se hayan dado una vez.

La exploración espacial distingue a la Luna como posible base permanente, mientras Marte presenta costos, riesgos y dificultades técnicas mayores (NASA/Handout vía REUTERS)

Sin embargo, la posibilidad de que existan otras civilizaciones no implica que podamos encontrarlas. El principal obstáculo, explicó, es el tiempo. Como la luz viaja a velocidad finita, cada vez que observamos el cielo estamos mirando el pasado. Incluso el Sol se ve con aproximadamente ocho minutos de retraso. “El presente de otra civilización nunca lo podés ver. El hoy en el universo es complejo, porque el hoy no existe, no es accesible para nosotros”, señaló. Así, dos civilizaciones deberían coincidir tanto en espacio como en tiempo para detectarse, una combinación con probabilidad extremadamente baja.

Marte y la colonización espacial

La exploración espacial fue otro eje de la conversación. Ante el entusiasmo por colonizar otros mundos, Coluccio Leskow diferenció entre la Luna y Marte. Mientras el satélite natural podría convertirse en una base permanente para futuras misiones, gracias a su cercanía y a la posibilidad de aprovechar algunos de sus recursos, el planeta rojo presenta desafíos mucho mayores.

La exploración espacial distingue a la Luna como posible base permanente, mientras Marte presenta costos, riesgos y dificultades técnicas mayores (NASA/GSFC)

Tardás seis meses aproximadamente en llegar a Marte. Después hay que estar ahí, y eso es desde muy costoso hasta muy arriesgado. Personalmente pienso que a Marte no vamos a poder llegar“, sostuvo. Además de las dificultades técnicas, señaló que detrás de la carrera espacial conviven intereses científicos, económicos y geopolíticos. También consideró que el objetivo de buscar nuevos destinos para la humanidad no debería desplazar la necesidad de cuidar el único planeta que hoy sabemos puede albergar vida.

Asteroides y agujeros negros: mitos y realidades

También relativizó algunos riesgos espaciales populares en películas y redes sociales. Sobre la amenaza de los asteroides, recordó que aunque un impacto de gran magnitud provocó la extinción de los dinosaurios, actualmente no existe ningún objeto conocido que represente un peligro inminente para la Tierra. Destacó que hoy hay un monitoreo permanente de cuerpos cercanos y que la misión DART demostró que es posible modificar la trayectoria de un asteroide mediante el impacto de una nave.

La ciencia observó galaxias posteriores al Big Bang y fotografió un agujero negro, pero todavía desconoce qué son el 95% de los componentes del universo (Europa Press)

Algo similar ocurre con los agujeros negros. Aunque suelen presentarse como enormes aspiradoras cósmicas que devoran todo a su paso, la realidad es diferente. La especialista explicó que estos objetos poseen una gravedad tan intensa que nada puede escapar una vez atravesado el horizonte de sucesos, pero eso no significa que absorban indiscriminadamente todo lo que los rodea. Para ilustrarlo usó una analogía: imaginó el espacio-tiempo como una cama elástica que se deforma cuando se coloca un objeto muy pesado. Esa curvatura es cómo la relatividad general entiende la gravedad. “No hay que tener ningún tipo de temor“, aseguró, al recordar que el agujero negro en el centro de la Vía Láctea convive con nuestro sistema desde hace miles de millones de años sin riesgo para la Tierra.

Satélites y regulación: el desafío terrestre

Más cerca de nuestro planeta, la científica puso el foco en un desafío tangible: la proliferación de satélites artificiales. Reconoció que son indispensables para telecomunicaciones, navegación y servicios cotidianos, pero advirtió que el crecimiento acelerado de estas constelaciones plantea problemas para la observación astronómica y exige reglas internacionales claras. “El problema no es la participación de privados, sino la regulación”, afirmó, al señalar que el desarrollo tecnológico avanza hoy mucho más rápido que la capacidad de los Estados para establecer normas comunes.

Lejos de ofrecer respuestas definitivas, la conversación dejó en evidencia que cada descubrimiento abre nuevas preguntas. Quizá esa sea una de las mayores paradojas de la ciencia: cuanto más logra comprender el universo, más consciente se vuelve de todo lo que aún permanece oculto. En los próximos días, esa búsqueda volverá a ocupar el centro de la escena cuando el físico teórico argentino Juan Martín Maldacena brinde una charla abierta sobre el espacio-tiempo, una nueva invitación a explorar algunos de los interrogantes más profundos del cosmos.

Fuente: Infobae

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