Un equipo de investigadores de la Universidad de Michigan y la Universidad de Nueva York empleó inteligencia artificial para examinar más de 170.000 mediciones óseas de más de 2.000 especies de aves. El análisis reveló que la evolución no sigue un ritmo constante; por el contrario, se identificaron períodos de cambios evolutivos muy acelerados seguidos de largas fases de estabilidad relativa.
Publicado en la revista Nature Ecology & Evolution, el estudio combinó herramientas de IA con modelos estadísticos novedosos para reconstruir los cambios físicos de las aves durante los últimos 45 millones de años.
Estos hallazgos aportan nuevas perspectivas sobre la velocidad evolutiva y ayudan a entender mejor cómo influyen los cambios ambientales en este proceso.

Los autores señalan que este descubrimiento no contradice la teoría de la selección natural de Charles Darwin, sino que profundiza en la comprensión de cómo se diversifican las especies a lo largo del tiempo.
La IA facilitó el análisis de un volumen masivo de datos
El estudio se centró en las aves paseriformes, el grupo más diverso del planeta, que incluye especies como gorriones, pinzones y mirlos, distribuidas en casi todos los continentes.
Para procesar la información, los investigadores usaron Skelevision, un sistema basado en IA que mide automáticamente distintas estructuras óseas a partir de fotografías de ejemplares de colecciones científicas.
La herramienta logró obtener una docena de mediciones anatómicas en apenas 45 segundos por muestra, una tarea que manualmente habría demandado años de trabajo.

Posteriormente, los científicos aplicaron un método estadístico llamado Bifrost, desarrollado para reconstruir la evolución de las características físicas de estas aves a lo largo de unos 45 millones de años.
La combinación de ambas tecnologías permitió procesar un volumen de información sin precedentes en investigaciones de este tipo.
La evolución se produce en explosiones y no de manera uniforme
Tras examinar los datos, el equipo encontró un patrón claro: en lugar de evolucionar lentamente a un ritmo uniforme, las aves experimentaron etapas de rápida diversificación seguidas por largos períodos con escasas modificaciones físicas.
Según los investigadores, este comportamiento respalda una hipótesis debatida desde hace décadas: cuando surgen nuevas oportunidades ecológicas, las especies evolucionan rápidamente para ocupar esos espacios y, una vez que se llenan, el ritmo evolutivo disminuye considerablemente.
Jake Berv, investigador de la Universidad de Michigan y autor principal del estudio, explicó que estos resultados apoyan la idea de que las denominadas ‘radiaciones evolutivas’ suelen ir acompañadas de explosiones de diversificación.

El clima impulsó saltos evolutivos
Uno de los hallazgos más importantes fue la relación entre la evolución de las aves y las transformaciones climáticas del planeta.
Los científicos identificaron que uno de los mayores períodos de aceleración evolutiva ocurrió hace aproximadamente 35 millones de años, durante la transición entre el Eoceno y el Oligoceno.
En esa época, la Tierra experimentó un importante enfriamiento global que modificó profundamente los ecosistemas, generando nuevos nichos ecológicos que impulsaron una rápida adaptación y diversificación.
Sin embargo, hace unos 15 millones de años el ritmo evolutivo volvió a disminuir, ya que gran parte de los espacios ecológicos estaban ocupados, reduciendo la necesidad de nuevas adaptaciones.

Las aves en climas extremos evolucionan con mayor rapidez
El trabajo también reveló diferencias entre las especies según su hábitat.
Las aves que viven en regiones con grandes variaciones estacionales de temperatura evolucionan más rápido que aquellas que habitan zonas tropicales cercanas al ecuador, donde las condiciones ambientales son estables todo el año.
Para Brian Weeks, profesor asociado de la Universidad de Michigan y coautor del estudio, este hallazgo cambia la forma de entender cómo responden las especies a su entorno.
Según explicó, los grandes aumentos en la velocidad evolutiva ocurren cuando un linaje encuentra nuevos espacios ecológicos que aprovechar, mientras que posteriormente ese proceso se desacelera.

La inteligencia artificial amplía el horizonte de la investigación biológica
Además de sus implicaciones para la teoría evolutiva, el estudio demuestra el potencial de la IA para acelerar investigaciones biológicas a gran escala.
Gran parte de los datos provienen de ejemplares conservados durante décadas en el Museo de Zoología de la Universidad de Michigan, lo que resalta el valor de las colecciones científicas para entender la historia natural del planeta.
Los investigadores consideran que conocer cómo respondieron las aves a antiguos cambios climáticos permitirá mejorar los modelos que predicen la reacción de las especies actuales frente al calentamiento global.
La combinación de inteligencia artificial, colecciones biológicas y nuevos métodos estadísticos ofrece una herramienta cada vez más precisa para reconstruir millones de años de evolución y comprender cómo la vida se adapta a un planeta en constante cambio.
Fuente: Infobae