Encender un porro de manera habitual podría modificar los niveles de cortisol, la conocida hormona del estrés, desde el instante mismo del despertar. Así lo revela un estudio realizado en Estados Unidos, que ha generado preocupación sobre los efectos del consumo frecuente de cannabis en el cuerpo humano.
Los científicos, afiliados a la Universidad del Estado de Oregón, hallaron que el uso frecuente de marihuana se vincula con concentraciones más elevadas de cortisol en el momento de abrir los ojos. Este fenómeno apunta a una posible desregulación de los ciclos naturales del estrés.
El estudio, encabezado por la profesora Anita Cservenka, no prueba causalidad directa, pero sugiere que este indicador biológico podría servir para detectar patrones de consumo problemático. Los hallazgos aparecen en la revista Cannabis.

Estos datos adquieren relevancia en un escenario donde el consumo de cannabis entre jóvenes adultos estadounidenses ha crecido notablemente. Actualmente, el 29% de las personas entre 19 y 30 años confesó haber fumado marihuana en el último mes, una cifra que prácticamente se ha duplicado en los últimos 15 años.
Además, más del 10% de ese segmento indicó haber consumido cannabis en 20 o más ocasiones durante el mismo lapso, el doble que hace década y media.
La premisa subyacente se basa en una paradoja familiar para los expertos: el estrés es a la vez una de las causas más comunes para recurrir al cannabis y un factor ligado al consumo problemático.

Si bien el cannabis puede proporcionar un alivio momentáneo, su empleo crónico podría terminar alterando los mecanismos que controlan la reacción al estrés.
La doctora Cservenka aclaró que la información obtenida no demuestra que fumar cannabis con frecuencia provoque un despertar con más cortisol, ni que un cortisol elevado incentive un mayor consumo.
«Hace falta seguir a los mismos individuos durante un tiempo más prolongado para comprender una posible relación causal. No obstante, consideramos que esto es un punto de partida», afirmó.
El cuerpo en alerta: qué mide el CAR

La investigación se enfocó en el denominado CAR (Cortisol Awakening Response), un indicador que refleja cómo el organismo se alista para afrontar las demandas diarias.
«El CAR es el incremento de cortisol que todos sentimos al despertar, alcanzando su pico aproximadamente 30 minutos después de levantarnos», explicó Cservenka.
Para medirlo, los científicos tomaron muestras de cortisol justo al despertar y nuevamente treinta minutos después. La diferencia entre ambas cifras indica la capacidad corporal para enfrentar los estresores del día a día.
Los resultados indicaron que la respuesta del CAR era parecida entre usuarios y no usuarios de cannabis. La discrepancia surgió en el punto de partida: quienes consumían marihuana comenzaban el día con niveles más altos de cortisol en circulación.
«Los niveles de cortisol al despertar podrían funcionar como un marcador neurobiológico del consumo problemático de cannabis, y ese vínculo merece ser explorado a fondo», señaló Cservenka.
Estudios anteriores habían identificado una respuesta matutina de cortisol disminuida en consumidores habituales, pero ese patrón no se repitió en esta muestra.
Estrés crónico y espiral de consumo

Este trabajo es uno de los pocos que analiza la relación entre el consumo frecuente de cannabis y el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, el sistema neuroendocrino clave que regula la reacción al estrés.
Fisiológicamente, el cortisol es una hormona generada en las glándulas suprarrenales, encargada de combatir infecciones, mantener la presión arterial y regular el azúcar en la sangre y el metabolismo.
Su función no es negativa por sí sola: a corto plazo, el cortisol ayuda a manejar situaciones estresantes. El inconveniente surge cuando los niveles permanecen elevados de forma sostenida, lo que se vincula con mayor propensión a ansiedad, depresión y problemas cardíacos.

Cservenka indicó que el resultado más sólido no fue una reducción en la respuesta matutina del cortisol, sino un nivel basal más alto en los consumidores habituales.
El estudio sugiere una posible desregulación del sistema del estrés, afectando tanto la biología cotidiana como la progresión del consumo.
La investigadora señaló que los consumidores frecuentes de marihuana podrían presentar alteraciones en sus ritmos diarios de estrés, y que un sistema de estrés desequilibrado podría impulsar un círculo vicioso de mayor consumo.
El cortisol como señal de alerta en el consultorio

La médica psiquiatra y neuróloga cognitiva Marcela Waisman Campos, directora de la Diplomatura de Adicciones de la Universidad de Buenos Aires, comentó:
«A nivel global se estima que hay 147 millones de consumidores de cannabis en el mundo. Es la cuarta sustancia psicoactiva más consumida después del alcohol, la cafeína y el tabaco, con estimaciones que van en aumento».
Sobre el estudio en la revista Cannabis, la especialista indicó:
«Aporta un dato interesante: cuanto más alto era el cortisol matutino, más problemas relacionados al consumo presentaba la persona, como dificultades para dejar de fumar o consecuencias negativas en su vida».
Además, señaló que los resultados sugieren que el consumo de cannabis no solo eleva el cortisol.
«También parece identificar a quienes están teniendo un consumo más problemático», precisó.

La experta recalcó que el estrés crónico y las adicciones tienen una relación bidireccional:
«El estrés puede llevar a consumir más, y el consumo crónico puede alterar el sistema que regula el estrés. Este estudio añade evidencia a esa conexión, aunque es un hallazgo pequeño, con una muestra de 82 personas, que requiere confirmación con más investigación».
En pacientes con trastorno por consumo, el control del estrés mediante terapia cognitiva, mindfulness y técnicas de regulación no es un complemento, sino un componente central del tratamiento.
Si estos hallazgos se repiten y corroboran,
«un paciente con cortisol matutino elevado podría necesitar un seguimiento más cercano o una intervención más intensiva, no por la cantidad que fuma, sino porque su sistema de estrés ya está desregulado, lo que suele predecir un peor pronóstico en los trastornos por uso de sustancias», afirmó.
Fuente: Infobae