Para su película ‘La Odisea’, el director Christopher Nolan tomó una decisión poco común en el cine de gran presupuesto: utilizar una embarcación real en el mar con tripulación auténtica. El vehículo elegido fue el Draken Harald Hårfagre, un drakkar noruego completamente navegable que reemplazó a una nave de guerra griega antigua en la producción, según reportó Artnet News.
La cinta sigue a Odiseo, interpretado por Matt Damon, en su viaje de regreso a Ítaca tras la guerra de Troya, una travesía de diez años que Nolan llevó a la pantalla con diálogos contemporáneos, acentos estadounidenses y, en lugar de una réplica de utilería, un barco con más de mil años de tradición naval. Este anacronismo fue intencional, al igual que otros elementos de la puesta en escena.
Emanuel Persson, director de expedición y gerente general del proyecto Draken, explicó a Artnet News por qué esta nave es imposible de imitar fácilmente.
“Hay algo a bordo que no se puede fingir: el peso del roble, el sonido del aparejo, el movimiento de la vela, la tripulación trabajando unida con viento y agua reales”.
Para Persson, poner una nave real en condiciones reales aporta una verdad distinta a la imagen filmada.
Zendaya, quien da vida a Atenea, describió esa experiencia en un video detrás de cámaras citado por Artnet News.
“Como actriz, es un lujo estar en un espacio tan inmersivo. No tengo que fingir que estoy en un barco. Estoy en el barco. Estamos en el mar”.
El barco que cruzó el Atlántico antes de cruzar la pantalla

El Draken Harald Hårfagre no llegó al rodaje de Nolan sin historia propia. Su construcción inició en 2010 en Noruega, por iniciativa del magnate del petróleo y gas Sigurd Aase, empleando la técnica de tablones superpuestos con madera de roble, un conocimiento que perduró en la tradición naval noruega. Al completarse, la nave medía más de 34,7 metros (114 pies) de eslora y 7,9 metros (26 pies) de manga, con 50 remos y un mástil de 24 metros (79 pies).
Botada en 2012, realizó su primera travesía transatlántica en 2016, con escalas en Islandia, Canadá y Estados Unidos, incluyendo Nueva York. Estos viajes, según Persson a Artnet News, le brindaron una comprensión directa de la tecnología naval vikinga como un sistema vivo: la tripulación y cada parte de la estructura debían actuar en conjunto para gobernar la nave en aguas pesadas.
Persson resumió ese contraste con una imagen precisa:
“Se puede estudiar un barco en un museo, pero en cuanto una nave como el Draken entra en olas y mal tiempo empieza a plantear preguntas que solo la navegación puede responder”.
Lo que la tripulación le enseñó a la producción de Nolan