La ‘enfermedad del vikingo’, la patología muy común en los hombres de Noruega que se heredó de los neandertales

Noruega es el “país vikingo” por excelencia (si nos viéramos en el caso de tener que elegir uno). Las abruptas montañas que caracterizan sus fiordos obligaron a sus gentes a lanzarse al mar y convertirse en grandes exploradores de los océanos, llegando a zonas remotas como Groenlandia y América. Y, como ya demostraron en las celebraciones de este Mundial, saben cómo presumir de esta historia entremezclada muchas veces con el mito.

La herencia vikinga en Noruega no se limita únicamente a la creación de todo un imaginario basado en feroces guerreros, conquistas y largas travesías, sino también a dar nombre a una de las patologías más comunes en el país escandinavo: la llamada enfermedad del vikingo.

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Aunque su nombre científico es en realidad enfermedad de Dupuytren, se ha conocido popularmente por este apelativo por su altísima incidencia en Noruega. En este país, tres de cada diez hombres mayores de 60 años sufren este trastorno benigno y crónico que afecta a la palma de la mano. Su principal característica es el engrosamiento de la fascia palmar, un tejido fibroso situado bajo la piel que recubre músculos, nervios y vasos sanguíneos. Con el paso del tiempo, este tejido pierde elasticidad, se vuelve rígido y forma nódulos y cordones que acaban tirando de los dedos hacia la palma.

El resultado es la denominada contractura de Dupuytren, una deformidad que dificulta o impide extender completamente los dedos, especialmente el anular y el meñique. Aunque la enfermedad rara vez produce dolor, puede limitar actividades tan cotidianas como estrechar una mano, ponerse un guante o apoyar la palma completamente sobre una mesa.

Reconstrucciones de un hombre y una mujer neandertales en el museo Neandertal de Mettmann, Alemania. (AP Foto/Martin Meissner, archivo)

Los neandertales, ¿‘culpables’ de esta patología?

En un intento de encontrar la explicación de las tasas de esta enfermedad en Noruega, el Instituto Karolinska sueco y el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva alemán publicaron en 2023 una investigación que demostraba que tres de los factores de riesgo más importantes de esta dolencia se heredaron de los neandertales.

Tras analizar los datos genéticos de casi 654.000 personas procedentes de grandes biobancos de Europa y Estados Unidos comparando con más de 7.000 pacientes con con enfermedad de Dupuytren, descubrieron tres variantes genéticas heredadas de los neandertales que aumentan significativamente el riesgo de desarrollar la enfermedad, hasta casi tres veces mayor. Dos de estas variantes constituyen el segundo y el tercer factor de riesgo genético más importante identificado hasta la fecha.

Sin embargo, el investigador Hugo Zeberg, uno de los autores del estudio, aclaraba en declaraciones a SINC que no debíamos “exagerar la conexión entre esta especie y los vikingos”, dado que las variantes genéticas identificadas “no son especialmente frecuentes entre estos últimos”.

Pese a la fortaleza de la asociación genética, los autores subrayan que aún no se conoce con exactitud cómo estas variantes desencadenan la enfermedad. Por ello, consideran necesarios nuevos estudios para aclarar el papel de otras variantes genéticas implicadas. No obstante, estos hallazgos no solo ayudan a comprender el origen evolutivo de la enfermedad de Dupuytren, sino que también abren nuevas líneas de investigación sobre la influencia del ADN heredado de los neandertales en la salud humana actual.

¿Es posible tratar la enfermedad del vikingo?

El tratamiento de la enfermedad del vikingo depende de la gravedad de la contractura y del impacto sobre la vida diaria del paciente. En fases iniciales pueden emplearse técnicas mínimamente invasivas, como la fasciotomía percutánea con aguja, que rompe los cordones fibrosos mediante pequeñas punciones, o las infiltraciones con colagenasa, una enzima capaz de debilitar el tejido afectado para facilitar posteriormente la extensión del dedo. Estas opciones ofrecen una recuperación más rápida, aunque presentan un mayor riesgo de recurrencia.

Cuando la deformidad es más avanzada o reaparece tras tratamientos previos, la cirugía continúa siendo la alternativa de referencia. La intervención más habitual consiste en la fasciectomía, que elimina la fascia enferma y libera los dedos. En algunos casos también es necesario extirpar parte de la piel afectada (dermofasciectomía), una técnica con menor tasa de recidiva, aunque con un periodo de recuperación más prolongado.

Tras la intervención suele ser necesario realizar rehabilitación y utilizar férulas para mantener los dedos extendidos durante la cicatrización. Aunque no existe un tratamiento curativo definitivo y la enfermedad puede reaparecer con el tiempo, un diagnóstico precoz y el tratamiento adecuado permiten mejorar de forma significativa la funcionalidad de la mano y la calidad de vida de los pacientes.

Fuente: Infobae

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