Un estudio internacional, con participación del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) en Girona, España, ha demostrado que ecosistemas costeros como los manglares, las marismas y las praderas marinas pueden emitir mercurio cuando sufren procesos de degradación o desaparecen por completo.
La investigación, publicada en la revista especializada Earth-Science Reviews, señala que estos hábitats, conocidos como ecosistemas de carbono azul, no solo almacenan dióxido de carbono, sino que también retienen contaminantes peligrosos, entre ellos metales pesados como el mercurio. Según informó el CEAB en un comunicado difundido este miércoles, el estudio cuantifica el enorme riesgo ambiental que implica la pérdida de estas barreras naturales.
De acuerdo con las estimaciones del equipo científico, la degradación y desaparición anual de estos ecosistemas podría liberar aproximadamente 26 toneladas de mercurio a escala global. El trabajo expone los peligros asociados y logra identificar las regiones del mundo que enfrentan un mayor riesgo de contaminación por este metal tóxico.
Principales amenazas identificadas
Entre las perturbaciones que más afectan a estos ecosistemas, los investigadores enumeran:
- El dragado de canales y puertos
- La pesca de arrastre indiscriminada
- La urbanización y transformación del litoral
- Los vertidos de petróleo
- Los temporales, inundaciones, sequías y olas de calor marinas
Además, el estudio detalla que los ecosistemas de carbono azul actúan como filtros y trampas de la contaminación. Se estima que en condiciones saludables, estos hábitats logran acumular hasta 16 toneladas de mercurio anualmente en todo el mundo, evitando que el metal ingrese a las cadenas tróficas.
“Mantener inmovilizados contaminantes heredados, como el mercurio, que pueden entrar de nuevo en circulación si destruimos o alteramos los sedimentos”, aseguró Òscar Serrano, coautor del artículo y director del grupo GAME del CEAB-CSIC.
El científico subrayó que este hallazgo proporciona una razón más para conservar y restaurar estos ecosistemas vulnerables, que funcionan como verdaderos archivos de contaminación histórica.
En cuanto a las zonas geográficas con mayor peligro, el estudio señala a Asia oriental, América Latina y el Caribe, el África subsahariana y varias subregiones insulares del Pacífico. Frente a este panorama, los autores proponen integrar esta nueva perspectiva en las políticas de gestión costera y en los marcos internacionales de control del mercurio, como el Convenio de Minamata, para evitar que la destrucción de estos hábitats agrave la crisis global de contaminación por metales pesados.
Fuente: Infobae