El océano guarda secretos que la ciencia apenas comienza a descifrar. Sin embargo, el biólogo y zoólogo Fernando López Mirones sostiene que, hace miles de años, la relación entre el ser humano y los animales marinos fue mucho más íntima de lo que imaginamos. Tras más de tres décadas de investigación, su teoría sobre una alianza milenaria entre las orcas y los humanos estaría a punto de confirmarse.
En una entrevista en Oceanosophia, López Mirones expuso los fundamentos de su libro Spania: el secreto de las orcas. Allí detalla que la hipótesis central vincula a la civilización tartesa, que data del año 1200 a. C., con lo que denomina el “pacto de la orilla”. Según el experto, hace milenios, cuando los humanos eran preneandertales, las orcas ya poseían cultura, lenguaje y tradiciones complejas. El encuentro crucial ocurrió en la orilla, donde fraguaron una colaboración para la caza del atún rojo. Las orcas, con su inteligencia paciente, guiaban y asustaban a los enormes cardúmenes de atunes —que llegaban a pesar hasta mil kilos—, empujándolos hacia aguas poco profundas. En la costa, los antiguos pobladores ibéricos esperaban con redes.

Este vínculo se habría dado con las civilizaciones del norte de África y el sur de la península ibérica. Pero una de ellas conserva sus vestigios hasta hoy: el Parque Natural de Doñana. López Mirones asegura que las marismas actuales formaban una construcción circular con tres anillos, donde los humanos podían encerrar a los atunes durante años para alimentarse. Esta ventaja les permitió convertirse en la civilización más avanzada de su época.
La simbiosis no solo alimentaba a ambas partes, sino que, según el biólogo, dio origen a la “civilización atlántica”. El propio nombre ‘Spania’ proviene de este vínculo: los pescadores locales llamaban “espartes” a las orcas, término relacionado con el “esparto” con el que fabricaban sus redes, y que derivó en el nombre de la península. “Nosotros hemos olvidado el pacto, pero ellas no”, afirmó López Mirones, sugiriendo que esta conducta se conserva como un “recuerdo genético” o epigenético.
El avistamiento que confirmaría la teoría
En los últimos meses, la investigación de la bióloga neozelandesa Ingrid Visser ha dado sustento a la hipótesis. La experta habría capturado en junio un video donde una orca hace una “ofrenda” a unos humanos que navegaban por el estrecho de Gibraltar. La embarcación científica grabó a una célebre orca hembra conocida como Estrella —antes llamada “White Gladys”— acercándose voluntariamente al barco. Sorprendentemente, la orca sostenía en su boca la enorme cabeza seccionada de un atún rojo. Estrella depositó la ofrenda, dejándola flotando junto al casco, y se retiró ligeramente para observar la reacción de los investigadores.
El comportamiento de Estrella es especialmente significativo por su historia. Esta matriarca, clave en la transmisión de la cultura en su manada, fue protagonista en 2020 de incidentes donde, tras sufrir un percance con un bote y redes de pesca, comenzó a interactuar de forma agresiva con las partes móviles de los barcos. Aunque causó el hundimiento accidental de siete embarcaciones al morder los timones, su reciente gesto de generosidad demuestra que su relación con el ser humano no es hostil.
Para López Mirones, este avistamiento, grabado apenas dos meses después de la publicación de su libro en abril, constituye la “prueba irrefutable” del pacto de la orilla. En un video de su canal de YouTube, el biólogo afirma emocionado:
“Gladys aparece de pronto con una cabeza de atún… es la prueba de mi hipótesis”.
El científico asegura que estas interacciones no son casuales, sino la manifestación de una memoria celular profunda que impulsa a estos majestuosos cetáceos a seguir buscando el contacto y la colaboración con los humanos.
Fuente: Infobae