La construcción vuelve a posicionarse como uno de los motores de la economía ecuatoriana. Durante el último año, el sector ha mostrado señales de recuperación con crecimiento en ventas, reservas de vivienda y actividad productiva.
En este contexto, la sostenibilidad está dejando de ser un atributo diferenciador para convertirse en un componente estratégico dentro del desarrollo inmobiliario. “La creciente demanda de edificaciones más eficientes en el uso de agua, energía y materiales está impulsando una nueva generación de proyectos que buscan combinar rentabilidad, bienestar y menor impacto ambiental”, asegura Carlos Santos, Gerente de Sostenibilidad de Banco Bolivariano.
Más allá del financiamiento: el nuevo rol de la banca
Tradicionalmente, las entidades financieras han participado en el sector inmobiliario como proveedoras de crédito para constructores y compradores. Sin embargo, la evolución de los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) está ampliando ese rol. Hoy, la banca puede convertirse en un aliado estratégico que facilite la adopción de estándares internacionales de sostenibilidad, reduzca barreras económicas para las constructoras y promueva mejores prácticas en toda la cadena de valor.
El acceso a financiamiento especializado es uno de los primeros pasos, pero no necesariamente el único. Los proyectos sostenibles suelen requerir acompañamiento técnico, validaciones externas y procesos de certificación que demandan recursos y conocimiento especializado.
La certificación como herramienta para elevar los estándares del mercado
Certificaciones internacionales como EDGE (Excellence in Design for Greater Efficiencies) permiten medir de forma objetiva el desempeño ambiental de una edificación y verificar ahorros en aspectos clave como consumo de energía, agua y materiales. Sin embargo, para muchos desarrolladores, especialmente en etapas iniciales, el costo de asesorías, auditorías y procesos de certificación puede representar una barrera para avanzar.
Por ello, instituciones financieras como Banco Bolivariano han desarrollado esquemas de apoyo que incluyen el cofinanciamiento parcial de estos procesos y el acompañamiento de especialistas desde la fase de diseño hasta la entrega del proyecto. “Este modelo permite identificar oportunidades de mejora desde los planos, optimizar recursos durante la construcción y garantizar que los resultados sean verificados mediante auditorías independientes”, comenta su representante.
Las mejores prácticas internacionales muestran que el acompañamiento técnico especializado puede ayudar a las constructoras a identificar oportunidades para reducir desperdicios, optimizar el uso de materiales, disminuir el consumo de agua y mejorar el desempeño energético de los edificios. Cuando este soporte se incorpora desde las etapas tempranas del proyecto, es posible alcanzar ahorros significativos sin afectar la calidad, funcionalidad o rentabilidad de la inversión.
Caso de referencia: Living Cumbayá
Uno de los ejemplos recientes de esta tendencia es Living Cumbayá, proyecto inmobiliario que obtuvo la certificación internacional EDGE gracias a un proceso que combinó financiamiento verde, acompañamiento técnico especializado y auditorías independientes.
Desde su etapa de diseño, el proyecto contempló eficiencias ambientales significativas, con ahorros proyectados de 25% en energía, 24% en consumo de agua y 35% en energía incorporada en los materiales de construcción, de acuerdo con la evaluación de Green Business Certification Inc.Estos resultados evidencian cómo la colaboración entre desarrolladores, expertos técnicos y entidades financieras puede acelerar la incorporación de estándares sostenibles dentro del mercado inmobiliario ecuatoriano.
Una oportunidad para el desarrollo urbano del país
La construcción sostenible representa una oportunidad para mejorar la competitividad del sector inmobiliario, reducir el impacto ambiental de las ciudades y generar valor de largo plazo para propietarios, inversionistas y comunidades.
En este escenario, la participación activa de la banca no solo facilita el acceso a recursos financieros, sino que puede convertirse en un mecanismo clave para impulsar el conocimiento técnico, promover certificaciones internacionales y acelerar la transición hacia modelos de desarrollo urbano más resilientes y eficientes.