Trata de personas: Las denuncias aumentan y las mafias perfeccionan su captación en internet

Las terminales terrestres, los pasos fronterizos y las falsas agencias de empleo ya no son los únicos escenarios donde operan las redes de trata de personas. Hoy, el principal campo de acción de estas organizaciones criminales cabe en la palma de una mano.

Un mensaje en redes sociales, una oferta laboral demasiado atractiva, una solicitud de amistad o una videollamada pueden convertirse en el primer paso de una cadena de explotación que termina destruyendo vidas.

La trata de personas es uno de los delitos más rentables del crimen organizado a nivel mundial y, al mismo tiempo, uno de los más difíciles de detectar.

La captación dejó de depender únicamente del contacto físico y migró hacia plataformas digitales donde los delincuentes estudian cuidadosamente a sus potenciales víctimas antes de acercarse a ellas.

Un delito que vuelve a crecer

Las cifras de la Fiscalía General del Estado muestran que, después de una reducción registrada entre 2020 y 2024, las denuncias volvieron a incrementarse.

En 2025 se reportaron 125 denuncias de trata de personas, 30 más que las registradas en 2024. Mientras tanto, hasta lo que va de 2026 ya existen 59 denuncias oficialmente registradas.

Denuncias de trata de personas en Ecuador

Las provincias con mayor número de denuncias este año son:

  • Pichincha: 18 casos
  • Guayas: 10
  • Manabí: 6
  • El Oro: 5
  • Loja: 4
  • Chimborazo y Morona Santiago: 3 cada una

Estas cifras consolidan a Pichincha y Guayas como los territorios con mayor incidencia, aunque las investigaciones demuestran que las víctimas pueden ser captadas en cualquier provincia del país.

La captación ahora ocurre en internet

César Poveda, abogado penalista y experto en delitos cibernéticos, explica que la trata no desapareció de las carreteras ni de las zonas fronterizas. Simplemente evolucionó.

Actualmente, los tratantes observan durante semanas o incluso meses la actividad de sus potenciales víctimas en redes sociales.

“Las organizaciones criminales estudian la actividad de sus posibles víctimas en redes sociales. Observan qué publican, cuáles son sus necesidades o proyectos de vida y, a partir de esa información, elaboran identidades falsas y ofertas adaptadas para resultar convincentes.”, agrega.

Las promesas suelen repetirse:

  • empleos con salarios elevados;
  • oportunidades de modelaje;
  • becas de estudio;
  • ofertas para trabajar en hoteles o restaurantes;
  • relaciones sentimentales aparentemente genuinas.

Poveda advierte que el proceso rara vez comienza con amenazas.

“El mecanismo de captación suele ser gradual. Antes de ejercer cualquier tipo de coerción, los delincuentes construyen una relación basada en la confianza, el apoyo emocional o la asistencia económica, con el propósito de manipular a la víctima”.

A esto se suma un fenómeno cada vez más preocupante: el uso de inteligencia artificial para crear perfiles falsos, generar fotografías inexistentes o incluso clonar voces, haciendo mucho más difícil distinguir un engaño.

Cuando la explotación cambia de rostro

Durante años la trata de personas estuvo asociada principalmente con la explotación sexual. Sin embargo, el crimen organizado diversificó sus modalidades.

Las investigaciones muestran que muchas víctimas son obligadas a participar en:

  • estafas digitales;
  • centros clandestinos de llamadas;
  • microtráfico;
  • transporte de drogas;
  • sicariato;
  • trabajo forzado.

Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el trabajo forzoso genera aproximadamente 236.000 millones de dólares anuales en ganancias ilegales, siendo la explotación sexual comercial la modalidad que mayores ingresos produce por víctima.

En Ecuador, el Plan de Acción Nacional contra la Trata de Personas 2019-2030 señala que aproximadamente el 80 % de los casos identificados corresponde a explotación sexual, seguido por la explotación laboral (11 %) y otras modalidades como mendicidad forzada, servidumbre y reclutamiento para actividades delictivas.

El caso que terminó en Camboya

Uno de los operativos más relevantes de este año ocurrió el 4 de marzo de 2026, cuando la Policía Nacional y la Fiscalía ejecutaron allanamientos simultáneos en Pichincha y Carchi.

La investigación permitió detener a seis personas, entre ellas tres ciudadanos chinos, acusados de integrar una red dedicada a captar ecuatorianos mediante falsas ofertas de trabajo en el extranjero.

Las víctimas aceptaban viajar creyendo que accederían a empleos bien remunerados.

La realidad era completamente distinta.

Al llegar a Camboya, eran trasladadas a complejos clandestinos que funcionaban como centros de llamadas donde, según las investigaciones, eran obligadas a participar en estafas informáticas internacionales bajo condiciones de explotación laboral.

El caso evidenció cómo las organizaciones criminales aprovechan el deseo de migrar o mejorar la situación económica para reclutar víctimas.

Una adolescente rescatada en Huaquillas

Otro caso ocurrió el 18 de junio de 2026, cuando la Unidad Nacional contra la Trata de Personas y Tráfico Ilícito de Migrantes ejecutó el operativo “Cero Impunidad 19733” en Huaquillas, provincia de El Oro.

Las autoridades recibieron información sobre una adolescente de 17 años que presuntamente era obligada, bajo amenazas, a ofrecer servicios sexuales en un establecimiento nocturno.

Tras la intervención, la menor fue rescatada, trasladada a una casa de salud para su valoración médica y posteriormente ingresada a una casa de acogida para garantizar su protección.

Durante el operativo fueron detenidos cuatro presuntos implicados que no registraban antecedentes penales.

Redes sociales, el nuevo gancho

Un patrón similar apareció meses antes.

Tras la desaparición de una adolescente de 15 años en El Oro, la Policía determinó que había sido captada mediante perfiles falsos en redes sociales.

Las investigaciones establecieron que los responsables utilizaban plataformas digitales para contactar a jóvenes de entre 15 y 16 años, ganarse su confianza y posteriormente ofrecerlas a clientes para explotación sexual.

El operativo “Nevada” permitió rescatar a la menor en Quito y detener a cinco personas. En el lugar se incautaron teléfonos celulares, registros de clientes y preservativos.

Las heridas que no siempre se ven

Salir de una red de trata no significa que la violencia haya terminado.

Gabriela Fraga, psicóloga clínica, explica que las víctimas suelen presentar estrés postraumático, ansiedad, depresión, sentimientos de culpa, miedo constante y dificultades para volver a confiar en otras personas.

Muchas desarrollan problemas para establecer relaciones afectivas, retomar estudios o reincorporarse al trabajo. La recuperación puede tomar años y requiere acompañamiento psicológico especializado, además de redes de protección social que eviten una nueva captación.

Las señales de alerta

Los expertos insisten en que la prevención sigue siendo la herramienta más efectiva para reducir este delito.

Existen patrones que deberían generar sospecha inmediata:

  • ofertas laborales con salarios muy superiores al promedio sin exigir experiencia;
  • entrevistas realizadas únicamente mediante aplicaciones de mensajería;
  • presión para aceptar la propuesta de inmediato;
  • solicitud de entregar documentos personales;
  • aislamiento de familiares o amigos;
  • endeudamiento previo al viaje;
  • exigencia de mantener la oferta en secreto.

Un delito global que sigue creciendo

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) estima que más de 50 millones de personas viven actualmente bajo distintas formas de esclavitud moderna en el mundo.

En América Latina y el Caribe, cerca de cuatro millones de personas son víctimas de este delito.

Las mujeres y las niñas continúan siendo las más afectadas: representan el 51 % de los casos detectados en Sudamérica y el 82 % en Centroamérica y el Caribe, según el Reporte Global de la Unodc.

Un delito que exige prevención permanente

Las organizaciones criminales continúan perfeccionando sus mecanismos de captación. Mientras antes necesitaban presencia física para acercarse a las víctimas, hoy basta una conexión a internet y un perfil cuidadosamente construido para iniciar el engaño.

Los expertos reconocen que el combate ya no depende únicamente de operativos policiales. También requiere educación digital, supervisión familiar, campañas permanentes de prevención y una ciudadanía capaz de identificar las primeras señales de alerta antes de que una conversación aparentemente inofensiva termine convirtiéndose en una historia de explotación.

Radio Pichincha

LV

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