Masacre en cine de Aurora: el «Joker» que sembró terror y fue sentenciado a 3.318 años

James Holmes ingresó a una sala de cine en Aurora, Colorado, Estados Unidos, con cuatro armas de fuego y una determinación escalofriante. Aquella madrugada del 20 de julio de 2012, mientras la película Batman: The Dark Knight Rises recién comenzaba, Holmes se levantó de su asiento y, con auriculares puestos para aislarse de los gritos, disparó indiscriminadamente contra el público. La fiscalía reveló que la música tecno a todo volumen no era un simple gusto: era una barrera para no escuchar el sufrimiento de sus víctimas.

Con apenas 24 años, el cabello teñido de rojo, un chaleco antibalas y una máscara de gas, Holmes ingresó a la sala minutos después del inicio de la función. Portaba gas lacrimógeno, un rifle semiautomático AR-15, una escopeta Remington calibre 12 y dos pistolas Glock calibre .40. No hubo advertencia ni motivo aparente: simplemente abrió fuego al azar.

Durante los dos meses previos, Holmes había adquirido legalmente ese arsenal en tiendas locales. Por internet compró más de 6.000 municiones: 3.000 para el rifle, 3.000 para las Glock y 300 para la escopeta. Un mes antes, el propietario de un campo de tiro había rechazado su solicitud de membresía tras escuchar un mensaje de voz que calificó como “extraño, gutural y espeluznante”.

Una de las páginas del cuaderno de anotaciones de James Holmes. Se descubrió que había enviado un cuaderno con un mapa mental del ataque a su psiquiatra de la Universidad de Colorado

Esa noche, 12 personas perdieron la vida y otras 70 resultaron heridas. Cuando la policía lo detuvo en el estacionamiento del cine, Holmes se identificó como “el Joker”, el villano de la película que acababa de interrumpir con su ataque.

Su departamento estaba convertido en una trampa mortal: explosivos caseros conectados por cables, diseñados para distraer a los servicios de emergencia. Horas después, el escuadrón antibombas desactivó los dispositivos.

Días antes del tiroteo, Holmes había enviado un cuaderno al Centro Médico Anschutz de la Universidad de Colorado, donde cursaba un doctorado. El paquete iba dirigido a su psiquiatra, Lynne Fenton, pero no llegó a sus manos hasta después de la masacre. Al abrirlo, los investigadores encontraron un mapa mental del ataque: bocetos sobre los tiempos de respuesta policial, una lista de posibles blancos y la frase “¿Qué mejor lugar que una sala de entretenimiento discreta?”, con la que explicaba su elección del cine.

En la tapa, había escrito “Insight into the Mind of Madness” (Una mirada a la mente de la locura). Dentro, la pregunta “¿Por qué?” se repetía en varias páginas. Incluyó una sección titulada “Self diagnosis of a Broken Mind” (Autodiagnóstico de una mente rota), donde listaba posibles diagnósticos: esquizofrenia, trastorno de adaptación y síndrome de piernas inquietas. También anotó: “La mente es una prisión de incertidumbre”.

En 2015, James Holmes fue condenado a cadena perpetua sin libertad condicional por el tiroteo en el cine de Aurora, en un caso que reabrió el debate sobre enfermedad mental y sertralina (REUTERS)

James Eagan Holmes nació el 13 de diciembre de 1987 en el condado de San Diego, California. En 2006 se graduó de Westview High School, donde jugó fútbol americano juvenil. Una excompañera, Breanna Hath, lo describió al Washington Post como alguien extremadamente callado, “muy dulce, tímido”, y aclaró que “no tenía ningún aire siniestro”.

Obtuvo una beca para estudiar en la Universidad de California, Riverside, donde se licenció en neurociencia con honores en 2010. No asistió a su ceremonia de graduación. El rector de esa universidad, Timothy White, declaró a la prensa que Holmes “tenía la capacidad de hacer cualquier cosa que quisiera en el plano académico”.

Al terminar, regresó a San Diego y, sin encontrar trabajo en su área, aceptó un empleo de medio tiempo en un McDonald’s. En junio de 2011 se inscribió en el programa de doctorado en neurociencia de la Universidad de Colorado en Denver y se mudó a un departamento cerca del campus médico en Aurora. En el formulario de alquiler, se describió como “tranquilo y de buen trato”.

Un colega de laboratorio, Billy Kromka, lo definió ante la BBC como “básicamente torpe en lo social, pero no en un grado que justificara sospechar que pudiera cometer una masacre”. Pasaba gran parte del tiempo frente a la computadora y participaba en juegos de rol en línea. Un vecino, Gabriel Macias, dijo a la AFP: “No lo conocíamos bien porque no hablaba con nadie. Siempre estaba encerrado detrás de su puerta”.

Antes del tiroteo de Aurora, James Holmes había estudiado neurociencia, se había graduado con honores y cursaba un doctorado en la Universidad de Colorado en Denver. En la foto, la sala de cine donde Holmes cometió los asesinatos (AP)

En la primavera de 2012, Holmes comenzó a tener problemas académicos y reprobó un examen clave. Buscó ayuda con la doctora Fenton, psiquiatra de la universidad. Durante las sesiones, le confesó sus pensamientos de matar personas. La psiquiatra sospechó que se trataba de pensamientos intrusivos propios de un trastorno obsesivo-compulsivo y le recetó sertralina, un antidepresivo ISRS. Le triplicó la dosis: de 50 mg a 150 mg diarios en varias consultas.

Lejos de mejorar, el deterioro de Holmes se aceleró. Las notas de la doctora Fenton registraron que, menos de cuatro semanas después de iniciar la medicación, Holmes mostraba “pensamiento de nivel psicótico. Reservado, paranoico, con pensamientos hostiles que no quiere elaborar”.

En su cuaderno, Holmes describió el efecto de la sertralina: “La ansiedad y el miedo desaparecen. Ya no hay miedo, ya no hay miedo al fracaso. El miedo al fracaso impulsaba la determinación de mejorar y tener éxito en la vida. No hay miedo a las consecuencias”.

La fiscalía sostuvo en el juicio que James Holmes usó auriculares con música tecno para bloquear los gritos de las víctimas mientras disparaba en el cine de Aurora (REUTERS)

Pocos días después de comenzar la medicación, Holmes le contó a su exnovia Gargi Datta su nueva teoría del “Capital Humano”: acumular puntos y aumentar su valor propio matando personas. También empezó a gastar grandes sumas en armas y municiones, y su comportamiento social cambió: el joven retraído comenzó a acercarse a desconocidas y a registrarse en sitios de citas.

El 11 de junio de 2012, la doctora Fenton llamó a Arlene Holmes, la madre de James, para informarle que su hijo abandonaba el doctorado. No mencionó los pensamientos homicidas. “Ni siquiera sabíamos que estaba viendo a una psiquiatra”, recordó Arlene.

Durante el juicio de 2015, Arlene Holmes declaró ante el jurado: “Ella nunca dijo que estaba pensando en matar personas. Yo hubiera ido a rastras hasta donde estaba él. No me lo dijo. No me lo dijo. No me lo dijo”. Los padres de Holmes reservaron pasajes para visitarlo en Denver el 9 de agosto de 2012. El tiroteo ocurrió el 20 de julio. “Demasiado tarde. Demasiado tarde”, reflexionó Arlene.

Los investigadores comprobaron que el departamento de James Holmes estaba minado con explosivos. El asesino había comprado legalmente cuatro armas y más de 6.000 balas en los 60 días previos al ataque en Colorado (AP)

La madrugada del ataque, Arlene se enteró por una llamada de ABC News a las 4:45. “Me llamaron para pedirme un comentario sobre el tiroteo. Así fue como me enteré. Fue surrealista”, contó. Las amenazas de muerte llegaron de inmediato. Había 50 periodistas en la calle y un helicóptero sobrevolando el patio trasero de su casa.

Robert Holmes, el padre, declaró en el juicio: “No era una persona violenta. Al menos no hasta ese momento”. Cinco años después, en 2017, Robert habló públicamente sobre su hijo: para la familia, el joven que conocían y el hombre que entró al cine esa noche eran dos personas distintas.

Holmes fue imputado por 24 cargos de asesinato en primer grado y 140 cargos de intento de homicidio. Se declaró inocente por razones de demencia. Los psiquiatras que lo evaluaron no llegaron a un acuerdo: hubo diagnósticos de esquizofrenia, trastorno esquizoide de la personalidad y trastorno esquizotípico, pero también peritos que descartaron cualquier diagnóstico. Dos médicos designados por el Estado concluyeron que Holmes era cuerdo al momento del ataque.

Sangre en el cine. La madre de James Holmes declaró en el juicio de 2015 que nunca fue informada sobre los pensamientos homicidas de su hijo antes de la masacre de Aurora (AP)

El jurado deliberó durante 13 horas a lo largo de dos días y lo encontró responsable de sus actos en todos los cargos. No testificó durante el proceso, pero los jurados revisaron más de 22 horas de entrevistas filmadas entre Holmes y un psiquiatra forense realizadas en 2014.

En agosto de 2015 fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. La sentencia acumuló doce cadenas perpetuas más 3.318 años de prisión, una de las penas más largas de la historia judicial de Estados Unidos.

En octubre de ese mismo año, un interno llamado Mark “Slim” Daniels lo agredió en la Penitenciaría Estatal de Colorado mientras se cruzaban en un pasillo. Daniels le propinó varios golpes y también atacó a un oficial de prisiones. Holmes no resultó herido. El Denver Post recibió una carta de Daniels afirmando que el ataque ocurrió el 8 de octubre. Holmes cumple su condena con cuatro horas diarias permitidas en el salón común, sin que ningún otro interno pueda acceder a su celda.

James Holmes mató a 12 personas e hirió a 70 en el tiroteo del cine de Aurora durante una función de Batman The Dark Knight Rises el 20 de julio de 2012 (REUTERS)

El profesor de psiquiatría David Healy, especialista en antidepresivos, declaró a la BBC: “Creo que si no hubiera tomado la sertralina, no habría matado a nadie”. Pfizer, el laboratorio que desarrolló el fármaco, respondió en un comunicado que “no se ha establecido un vínculo causal entre el uso de sertralina y el comportamiento homicida” y que el medicamento “ha ayudado a millones de pacientes”.

El psiquiatra forense William Reid, quien entrevistó a Holmes antes del juicio, sostuvo una posición opuesta ante la BBC: “Para mí, el tiroteo fue consecuencia de una enfermedad mental. No tuvo ninguna relación con la medicación”.

Fuente: Infobae

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