Frida Kahlo y su última obra: ‘Viva la vida’, un himno a la existencia

El 5 de julio de 1954, en la habitación principal de la Casa Azul, ubicada en Coyoacán, se desarrollaba una lenta agonía. Frida Kahlo, figura emblemática del arte latinoamericano, llevaba meses sufriendo un deterioro físico implacable. A la amputación de su pierna derecha a causa de gangrena se sumaban los dolores crónicos de una columna vertebral fracturada y una neumonía que la tenía al borde del final. No obstante, la determinación de la pintora mexicana se mantuvo firme hasta el último instante, así como su lucidez.

En un último estallido de energía artística, solicitó sus pinceles, los sumergió en óleo rojo intenso y escribió sobre la pulpa de una sandía una frase que se convertiría en su lema universal: ‘Viva la vida’. Aquel lienzo, titulado Naturaleza muerta: Viva la vida, se consolidó como la última pintura firmada e intervenida por la artista antes de fallecer el 13 de julio de 1954, hace exactamente 72 años. Representó una ruptura total con su habitual iconografía de dolor, incluso desde las puertas de la muerte.

En términos visuales, Naturaleza muerta: Viva la vida es un óleo de dimensiones modestas (52 centímetros de ancho por 72 de alto) que muestra varias rodajas de sandía dispuestas sobre un fondo que fluctúa entre un cielo azul claro y un horizonte sombrío. Lejos de una paleta oscura que se esperaría de alguien que intuye su final, la obra estalla en tonalidades rojas, verdes y amarillas extremadamente vivas. Las frutas aparecen enteras, partidas por la mitad o en gajos perfectos.

La disposición de los elementos genera un dinamismo casi geométrico. En la rodaja central, tallada en primer plano, se lee la célebre inscripción:

‘VIVA LA VIDA – Frida Kahlo – Coyoacán 1954 – México’

Historiadores y curadores de instituciones como el Museo Frida Kahlo demostraron mediante análisis técnicos que la pintura base de las frutas ya había sido ejecutada tiempo antes (posiblemente hacia 1952). Lo fundamental reside en el acto performativo de estampar esas palabras ocho días antes de morir.

Una vida de dolor y creación

La vida de Frida Kahlo estuvo marcada por el trauma desde que un accidente de autobús en 1925 le perforó la pelvis y fracturó la columna. Ese dolor físico, sumado a la tormentosa relación amorosa con el muralista Diego Rivera, alimentó el núcleo de su producción artística, compuesta mayormente por autorretratos explícitos y viscerales. Hacia 1954, la pintora ya no podía mantenerse en pie y dependía de dosis masivas de analgésicos. Su diario íntimo es una mezcla de desesperación y mística política.

El simbolismo de la sandía

En este panorama de decadencia orgánica, la elección del género pictórico no fue fortuita. Incapaz de posar frente al espejo, Frida Kahlo se volcó a los bodegones y naturalezas muertas. En la tradición del arte mexicano, la sandía es una fruta con profundas resonancias culturales: se asocia directamente con el Día de los Muertos, funcionando como una ofrenda que celebra el paso de la vida a la muerte de manera festiva y no trágica. De este modo, esta pintura adquiere connotaciones mayores.

“VIVA LA VIDA – Frida Kahlo – Coyoacán 1954 – México”: la intervención última en su última obra

A simple vista, parece una anomalía dentro de una trayectoria dominada por obras crudas como Las dos Fridas o La columna rota, donde la carne abierta, la sangre y el sufrimiento médico son los protagonistas. Sin embargo, Naturaleza muerta: Viva la vida es la conclusión lógica de su poética: la aceptación de la dualidad. La obra condensa la paradoja fundamental de su existencia: la capacidad de extraer belleza, color y júbilo a partir del sufrimiento extremo. La cáscara de la sandía es dura, resistente y protege un interior sumamente frágil, jugoso y sangrante, una metáfora perfecta de la propia corporalidad de la artista. Al escribir esa última dedicatoria a la existencia, Frida Kahlo no estaba negando su dolor; lo estaba trascendiendo. No eligió una despedida lúgubre, sino una afirmación rotunda de que la belleza del mundo sobrevive a la decadencia de la carne. Su última obra fue, en esencia, un acto político de insubordinación ante la muerte.

Fuente: Infobae

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