En el corazón de la capital guatemalteca, los descendientes del Premio Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias mantuvieron durante años lo que luego se convertiría en uno de los hallazgos literarios más trascendentales de América Latina, sin tener plena conciencia de su valor.

Hace aproximadamente ocho años, los familiares del icónico escritor entregaron cuarenta cajas que encontraron en una antigua residencia familiar al Archivo de Centroamérica. Estos cofres de cartón contenían cuadernos, correspondencia personal y, sobre todo, un manuscrito inédito de Asturias, que con el tiempo se transformó en un verdadero tesoro de la historia guatemalteca.
En una tranquila tarde del centro de la Ciudad de Guatemala, Luis Méndez Salinas, actual Ministro de Cultura, revivió la emoción de aquel descubrimiento. En ese momento, él era apenas un joven archivista, inmerso en un mar de polvo y papeles olvidados. El funcionario recordó que formaba parte de un equipo de archivistas que trabajaba en el Archivo de Centroamérica. Todos se enfrentaron a un reto inesperado: cuarenta cajas llenas de documentos sin catalogar del único Premio Nobel de Literatura guatemalteco.
Entre los colegas circulaba un rumor constante: “la cantidad de correspondencia es infinita”. Nadie imaginaba que entre esos papeles reposaba el manuscrito inédito de “Tojil”, una obra desconocida que, con el paso del tiempo, demostró ser una versión temprana de “El Señor Presidente”, pieza fundamental de la “novela de dictadura” y del realismo mágico, considerada su obra cumbre y una de las novelas más influyentes de la literatura hispanoamericana.

Un archivo familiar y una revelación inesperada
El proceso de exploración fue minucioso. Los archivistas encontraron cuadernos de notas que Asturias había escrito durante su época como estudiante en la Universidad de La Sorbona, en París, bajo la guía de su mentor, el profesor Georges Reynaud. Los textos abarcaban desde religiones prehispánicas hasta traducciones inéditas del Popol Vuh. También surgieron cartas personales “de él y para él” que enriquecieron el retrato intelectual del escritor.
“Cada hallazgo abría una ventana nueva a la mente de Asturias”, recordó Méndez Salinas en su relato. Sin embargo, nada preparó al equipo para la emoción de descubrir las páginas mecanografiadas con tinta verde y anotaciones en rojo, dispersas en distintas cajas.

Su reunificación fue gradual: “Cada vez que aparecía una hoja escrita con ese tipo de tinta y papel, la poníamos aparte”, explicó uno de los archivistas. “Nadie sabía de qué se trataban, sólo llamó la atención que todas estaban escritas con el mismo color de tinta, así que se decidió separarlas”, dijo.
El rompecabezas de “Tojil” y su autenticidad
Todos estaban dedicados a la clasificación de los documentos. Nadie prestaba atención al contenido de esas hojas escritas con tinta verde y roja. Únicamente se separaban y se ponían en una bandeja. “No estábamos viendo su contenido”, narró el ministro de Cultura.
A medida que se reunían las páginas, “nos dimos cuenta que era un rimero (muchas) páginas. Yo me puse a ordenar un poco el rompecabezas y me voy topando con que aparecen personajes emblemáticos como El Pelele, Cara de Ángel y Camila”. “¿Qué es esto?”, me cuestioné.
Entonces, el interés creció y todos los archivistas comenzaron a abrir el resto de cajas. Cada vez que abrían una, encontraban hojas dispersas. “No recuerdo el número exacto de las páginas, pero estoy seguro que eran más de 200. Empezamos a armar y a encontrar la secuencia. Era sin duda El Tojil”, detalló con mucho entusiasmo, como cuando un niño cuenta sus travesuras del colegio.

Asturias comenzó a escribir la historia en 1922 en Guatemala bajo el título de un cuento llamado “Los mendigos políticos”. Cuando lo expandió a novela en París, decidió llamarla Tohil, en referencia al dios maya-quiché del fuego y de los sacrificios, quien exigía ofrendas de sangre a cambio de devolverle el fuego a la humanidad. Pero al momento de buscar su publicación en 1946, el autor modificó el nombre a “El Señor Presidente” para darle un sentido más universal.
Faltaban dos páginas
Al final, lograron juntar todo el material. Estaban sumamente emocionados. Habían encontrado un tesoro literario, pero tras encontrar la secuencia de la historia se percataron de algo: Faltaban dos páginas. Buscaron por todos lados, pero nunca las encontraron.
El tiempo pasó y Méndez Salinas se convirtió en Ministro de Cultura en Guatemala. Tras una orden presidencial e impulsado por la familia de Asturias, comenzó con las conversaciones para la repatriación de los restos del Nobel de París, Francia hacia su país natal. Entre tantas reuniones, se encontró contando esa historia con la Encargada de Colecciones Especiales de la Biblioteca Nacional de Francia. “Vi que le cambió la cara. Me preguntó ‘¿Tinta verde?’. Sí, le respondí”, comentó el funcionario guatemalteco.
“En ese momento comenzó a buscar y sacó un folder. Resulta que eran las dos páginas perdidas de ese manuscrito. Están allá, en la Biblioteca Nacional de Francia”, comentó con mucho entusiasmo.
Un poema a mano
Las páginas finalmente habían aparecido. Parte de la obra principal de Miguel Ángel Asturias estaba dentro de un sobre que estaba resguardado en un folder. Según el Ministro guatemalteco, atrás de una de las páginas estaba escrito un poema de la propia mano del Nobel guatemalteco. “Seguramente jaló la hoja, escribió el poema y el manuscrito se dispersó. Hubiera sido extraordinario haberle puesto un GPS a cada una de esas páginas para ver cómo fue que fueron a parar ahí”, razonó.

Un puente entre continentes para el legado de Asturias
El hallazgo de las páginas en Francia permitió fortalecer los lazos entre el Archivo de Centroamérica y la institución parisina. Ahora se pretende digitalizar y compartir el legado de Miguel Ángel Asturias a través de una plataforma en línea interinstitucional. La iniciativa busca que investigadores y lectores de todo el mundo puedan consultar manuscritos, cartas y cuadernos inéditos del autor guatemalteco.
El propio Méndez Salinas resumió el sentimiento del equipo: “Se completa un rompecabezas, literalmente, en ese manuscrito en particular, pero también en general… La historia del hallazgo de ‘Tojil’ no solo rescata una obra perdida, sino que construye un puente entre dos continentes y entre generaciones”. Así, el universo literario de Asturias vuelve a expandirse, ahora disponible para nuevas lecturas y análisis.
Aquel día en que se abrieron las cajas, en el corazón de la ciudad, cambió la manera en que se entiende la obra de uno de los grandes nombres de la literatura hispanoamericana. El manuscrito perdido, hoy recuperado, permite reconstruir la génesis de un clásico y revela los secretos de un escritor que aún tiene mucho por decir desde sus cuartillas recuperadas.
Fuente: Infobae