Una fotografía de infancia muestra a una niña de sonrisa amplia, mirada vivaz y un gesto que delata su curiosidad innata. Detrás de esa aparente alegría se escondía una historia marcada por el dolor, la incertidumbre y una batalla silenciosa contra la depresión. Con el paso de los años, se convertiría en una de las modelos y actrices más reconocidas de su generación, pero antes de brillar en las pasarelas y en Hollywood, tuvo que enfrentar una lucha mucho más difícil: crecer en un hogar dominado por el caos y la inestabilidad.
Nació el 12 de agosto de 1992 en el distrito de Hammersmith, Londres, Inglaterra, dentro de una familia acomodada con fuertes lazos aristocráticos. Es la menor de tres hermanas y desde muy temprana edad convivió con una realidad que la marcaría para siempre: su madre lidiaba con una adicción a la heroína y padecía trastorno bipolar, una situación que transformó su hogar en un espacio de constante inestabilidad. Años después, confesaría que nunca podía estar segura de si las personas a su alrededor estaban realmente bien, y esa incertidumbre moldeó por completo su infancia.
Mientras sus hermanas destacaban académicamente, ella era una niña introspectiva y melancólica. Pasó gran parte de sus primeros años en consultas de especialistas en salud mental y recibió múltiples diagnósticos desde pequeña. Padecía dispraxia, un trastorno que afecta la coordinación motora y que dificultaba tareas como escribir y aprender. Los exámenes resultaban particularmente complicados, a pesar de que poseía una excelente capacidad de lectura.
Durante su adolescencia, ingresó al internado Bedales, una institución con un fuerte enfoque artístico donde descubrió un refugio en el teatro y la música. Sus padres la habían inscrito en clases de batería a los diez años para ayudarla a canalizar su energía inagotable. Sin embargo, esa calma fue efímera.
A los 15 años, sufrió una depresión profunda. Más tarde relataría que experimentaba una ansiedad intensa, un fuerte rechazo hacia sí misma y pensamientos que la llevaron a autolesionarse. “Solo quería desaparecer”, recordaría en una de las entrevistas más reveladoras de su carrera. También comentó que recibió tratamiento psiquiátrico y farmacológico, aunque durante mucho tiempo sintió que nadie lograba comprender su sufrimiento.
Como si esto no fuera suficiente, la situación familiar se convirtió en motivo de burla entre algunos de sus compañeros. Al conocerse los problemas de su madre, soportó episodios de bullying que hicieron del colegio un entorno cada vez más hostil. Con el tiempo, admitiría que la actuación era lo único que la hacía sentirse viva en medio de aquel escenario.
Finalmente, abandonó los estudios con la promesa de encontrar trabajo. La decisión parecía arriesgada, pero cambiaría el rumbo de su vida. Su hermana mayor ya trabajaba como modelo, así que comenzó a asistir a castings. Los inicios fueron frustrantes: durante meses no consiguió contratos remunerados e incluso fue rechazada de manera despectiva en algunas pruebas. Todo cambió cuando fue seleccionada para una campaña de Burberry, lo que la convirtió en uno de los rostros más prometedores de la moda británica.
El éxito en las pasarelas le abrió rápidamente las puertas del cine. Debutó en Anna Karenina (2012) y luego participó en películas como Ciudades de papel, Escuadrón Suicida, Valerian y la ciudad de los mil planetas y la serie Only Murders in the Building. Lejos de ocultar su pasado, decidió hablar abiertamente sobre su salud mental para ayudar a otras personas que atravesaban situaciones similares.
Respuesta: la niña de la fotografía es Cara Delevingne.
Fuente: Infobae