Calor extremo y crisis energética dispararán inflación de alimentos en 2027

La escalada de precios en los productos de la cesta de la compra dentro de la eurozona experimentó un respiro histórico en junio de 2026, con una tasa del 1,6% interanual, la más baja desde mediados de 2021. Sin embargo, este alivio tiene los días contados: el Banco Central Europeo (BCE), Oxford Economics y Deutsche Bank coinciden en que a partir de 2027 los alimentos volverán a encarecerse de forma considerable. El factor principal que impulsará esta tendencia no es el esperado conflicto geopolítico, sino el calor extremo del verano actual, que ya supera en peso al bloqueo del estrecho de Ormuz como riesgo alcista.

Según datos de Eurostat, la inflación alimentaria cayó del 2,5% en diciembre de 2025 al 1,6% en junio de 2026. Esta mejora se debió a una cosecha favorable de cereales en 2025, el exceso de oferta de leche cruda, la corrección del precio del aceite de oliva y la estabilización del cacao y del café. Oxford Economics ha ajustado a la baja su previsión para este año, situándola en el 2,1%, por debajo de la proyección del BCE, que la ubica en el 2,6%.

Sin embargo, las proyecciones macroeconómicas del Eurosistema de junio de 2026 marcan un punto de inflexión: la inflación alimentaria alcanzará su pico en el segundo trimestre de 2027 con un 3,7%, y la media anual se situará en el 3,5%. El motor de esta subida es el traslado gradual del shock energético provocado por el bloqueo del estrecho de Ormuz hacia los costes de producción, transformación y envasado de alimentos. Los economistas dan por descontado que este efecto de segunda ronda tardará meses en llegar al consumidor, pero será inevitable.

Las previsiones más pesimistas provienen de Rabobank, que advierte que el bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz mantendrá los precios del petróleo y del gas elevados hasta bien entrado 2028. Esto desencadenaría un nuevo ciclo de inflación alimentaria en toda Europa de entre 5% y 9% en 2027. El banco neerlandés subraya que los mayores costes de envasado y energía ya están erosionando los márgenes de los fabricantes de alimentos a lo largo de toda la cadena de valor.

El shock energético se traslada a los alimentos

Deutsche Bank precisa que, a pesar de que los precios del petróleo y los fertilizantes han retrocedido desde sus máximos, el shock de materias primas registrado entre marzo y junio podría elevar los precios de los alimentos un 0,8% en la eurozona en el próximo año, añadiendo entre 0,1 y 0,15 puntos porcentuales a la inflación general. Los alimentos sin procesar serán los primeros en absorber el golpe, antes que los productos elaborados.

Los economistas de Oxford Economics señalaron en un informe reciente que las olas de calor de este verano “ejercerán una presión al alza sobre los precios de los alimentos el próximo año más fuerte que la guerra”. Los daños en las cosechas ya son inevitables, y una eventual agravación de la sequía podría reducir aún más los rendimientos agrícolas en frutas, verduras y cereales. A esto se suma el fenómeno de El Niño, que según sus cálculos podría añadir hasta un punto porcentual adicional a la inflación alimentaria en 2027, lo que lleva a la consultora a elevar su previsión para ese año hasta el entorno del 3%.

Los expertos auguran más subidas

Los fertilizantes representan otro frente abierto. Aunque algunos tipos han vuelto a niveles previos al conflicto, otros continúan cotizando por encima de los registros de 2025. Oxford Economics advierte que el impacto sobre los agricultores europeos, que hasta ahora ha recaído principalmente en el hemisferio sur, aún no se ha materializado por completo. Además, las expectativas de precios de venta más altos ya están instaladas en los sectores de distribución minorista y restauración desde el inicio del conflicto, lo que puede amplificar el traslado final al consumidor.

Durante la crisis inflacionaria de 2021-2024, los alimentos llegaron a sumar tres puntos a la tasa general del Índice de Precios al Consumo (IPC), con picos superiores al 15% en el peor momento, según datos de Eurostat. Los hogares de rentas más bajas fueron entonces los más afectados, al destinar una proporción mayor de su renta al gasto en alimentación. El BCE estima que, de producirse una ola de calor similar a la de 2022 bajo las condiciones climáticas de 2035, el impacto sobre la inflación alimentaria europea rondaría un punto porcentual, frente a los 0,67 puntos que provocó en aquel momento.

Fuente: Infobae

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