Limpiar el excusado con cloro sin quitar primero la suciedad visible, mezclar productos químicos o usar estropajos abrasivos son errores que ocurren a diario en hogares mexicanos y que, lejos de higienizar el sanitario, lo dañan y mantienen activos los patógenos.
La Agencia de Protección Sanitaria del Gobierno de la CDMX, la Profeco, el Centro Nacional para Hogares Saludables de Estados Unidos y la revista científica Journal of Applied Microbiology documentan cinco prácticas concretas que explican por qué el excusado más restregado puede seguir siendo un foco de infección.

La Agencia de Protección Sanitaria CDMX advierte: limpiar y desinfectar no son lo mismo
El error más frecuente es saltarse la limpieza y aplicar el desinfectante directo.
La Agencia de Protección Sanitaria del Gobierno de la CDMX establece en su Manual de Saneamiento Básico que limpiar es retirar la suciedad visible y desinfectar es reducir los microorganismos a niveles que no comprometan la salud.

Son dos pasos distintos y deben hacerse en ese orden: primero limpiar, luego desinfectar.
El Centro Nacional para Vivienda Saludable advierte en su Guía de limpieza y desinfección para hogares saludables que la desinfección solo es efectiva en superficies sin suciedad ni materia orgánica.
Entre la materia orgánica que se acumula en el excusado doméstico están las heces, la orina, los residuos de papel higiénico y los depósitos minerales que deja el agua.

Mientras más limpia esté la superficie, más efectiva será la desinfección. Los inodoros figuran en su lista de superficies de contacto frecuente que requieren los dos pasos, en ese orden.
La Profeco documenta qué mezclas generan tóxicos dentro del baño
El segundo error es combinar productos. La Profeco documentó en su Revista del Consumidor que mezclar cloro con amoniaco —presente en varios limpiadores multiusos de uso común en el hogar— genera cloramina, un compuesto capaz de provocar daños pulmonares y hepáticos.
En niveles bajos causa dolor de cabeza y dificultad para respirar.
Otras combinaciones igualmente peligrosas: cloro con agua caliente libera gas cloro que afecta el sistema respiratorio; cloro con alcohol produce cloroformo; cloro con ácido muriático genera una concentración alta de gas cloro que daña ojos, garganta y pulmones, según la Procuraduría.
La Profeco especifica la proporción segura para el baño doméstico: un cuarto de taza de cloro en dos litros de agua, cinco minutos de contacto y enjuague. Sin mezclas.

En estudio del Journal of Applied Microbiology midió el daño que dejan los estropajos abrasivos
Usar esponjas de fibra dura, lana de acero o polvos abrasivos sobre la porcelana es el tercer error.
Un estudio publicado en el Journal of Applied Microbiology documentó que los microarañazos que dejan los materiales abrasivos sobre la porcelana aumentan la adhesión bacteriana en un 220%.

Con el tiempo, esas marcas se convierten en refugios permanentes para los patógenos donde el desinfectante no llega.
La misma revista registró que la bacteria Salmonella puede colonizar el borde interior de la taza y sobrevivir ahí hasta 50 días.
Las bacterias dentro de un biofilm —la capa que se forma en superficies rugosas o húmedas— son entre 10 y mil veces más resistentes a los desinfectantes que las bacterias en superficies expuestas.

La concentración y el tiempo de contacto determinan el resultado de la limpieza del excusado
El cuarto error es no respetar la concentración ni el tiempo de contacto del desinfectante.
Usar menos cloro del indicado o enjuagar antes de que transcurra ese tiempo deja el proceso incompleto, de acuerdo con la Profeco.
El quinto error es ignorar el borde interior del aro: la franja oculta bajo el borde de la taza por donde sale el agua al jalar la palanca.

La Agencia de Protección Sanitaria de la CDMX señala que la frecuencia de limpieza no basta si la técnica omite las zonas con mayor concentración bacteriana.
La franja oculta bajo el borde de la taza acumula biofilm: el Journal of Applied Microbiology documentó que las bacterias dentro de esa capa son más resistentes a los desinfectantes que las bacterias en superficies expuestas.
Fuente: Infobae