Mientras España aguarda a su contrincante, el ambiente en Atlanta se calienta horas antes del pitazo inicial. Las selecciones de Inglaterra y Argentina se medirán en las semifinales del Mundial 2026, un duelo que no se veía en un torneo internacional en dos décadas. Sin embargo, el peso de los enfrentamientos pasados —desde el Wembley de 1966 hasta el Azteca de 1986— sigue latente en cada declaración. El entrenador inglés, Thomas Tuchel, ha optado por una estrategia clara: desactivar la tensión antes de que estalle.
El estratega alemán no ocultó su admiración por Lionel Messi, aunque dejó claro que su equipo saldrá a imponer condiciones. «Es increíble cómo lidera a este equipo», afirmó en la rueda de prensa previa. «¿Quién soy yo para hablar de eso? Es simplemente el líder y el jugador clave en cualquier equipo en el que juegue», agregó, dejando entrever el respeto que siente por el astro argentino.
Para frenar a Messi, Tuchel contempló «hacer la defensa hombre a hombre». Aunque luego matizó: «No sé si lo haremos o no». Sin embargo, confesó que planean aplicar «una marca al hombre de la vieja escuela», dejando a todos entre la duda y la certeza. El análisis minucioso del 10 argentino le ha permitido identificar patrones. «Todo el mundo sabe los lugares donde quiere aparecer», explicó. «Si analizas los partidos, ves las cosas más rápido. La pelota le cae a él y encuentra el hueco. Hemos detectado algunos patrones en sus partidos, pero si se cierra ese patrón, encontrarán uno nuevo. Es muy singular jugar contra los campeones vigentes y contra Lionel Messi», concluyó.

«La historia no nos ayuda»
Más allá de lo táctico, Tuchel buscó reducir el peso de la histórica rivalidad, que se remonta a los cuartos de final de 1966, cuando la polémica expulsión de Antonio Rattín en Wembley llevó a Alf Ramsey a tildar a los argentinos de «animales». Veinte años después, la revancha llegó en el Azteca con la Mano de Dios y el Gol del Siglo de Maradona en un mismo partido. Desde entonces, cada cruce ha arrastrado ese peso, agravado por la disputa de las Islas Malvinas.
Por ello, el técnico pidió separar el presente del pasado. «Creo que es importante no ir a la historia porque no tiene nada que ver con nosotros y no nos ayuda. Entendemos que es una parte importante de la cultura argentina y una parte importante de lo que los mueve. Es muy triste, pero es justo. Y no es algo que nos ayude a nosotros», señaló. Y sentenció: «La tensión ya es bastante grande». Por su parte, Lionel Scaloni se mostró en la misma línea conciliadora, calificando de «locura» mezclar el fútbol con la memoria de la guerra y pidiendo respeto por los caídos sin cargar a los futbolistas actuales con esa responsabilidad.
El cruce de declaraciones con Bellingham
A esa tensión histórica se suma un nuevo frente abierto con Jude Bellingham. Tras el pase a semifinales, Tuchel ofreció un discurso autocrítico, pero el 10 inglés, autor de un doblete, no estuvo de acuerdo. «Quizás él no sabe lo que es jugar en ese tipo de condiciones contra Haaland, Odegaard, Nusa, Sorloth», disparó Bellingham. «No todos los partidos se ganan con mil pases. A veces hay que bajar y mancharse la camiseta de barro y ganar de forma sucia», agregó.
El cruce reabrió una herida que ya existía: en otoño de 2025, Tuchel había dejado fuera a Bellingham de la selección por motivos de jerarquía y equilibrio de grupo. El jugador regresó y se ha convertido, junto a Harry Kane, en el máximo goleador de Inglaterra en este Mundial, con seis tantos. La tensión, que parecía superada, ahora está a flor de piel. El ganador de este duelo se enfrentará a España en la final de Nueva York, que podría repetir la Eurocopa 2024 o la Finalissima que nunca se disputó. El perdedor irá por el bronce contra Francia.
Fuente: Infobae