Por mucho tiempo, la idea de que los humanos del Paleolítico basaban su alimentación principalmente en carne fue la versión dominante sobre los orígenes de la dieta humana. Sin embargo, investigaciones recientes y el estudio de restos arqueológicos han mostrado un panorama mucho más complejo. Los especialistas coinciden en que los primeros Homo sapiens y otras especies humanas mantenían una dieta diversa, donde los vegetales y productos locales jugaban un papel tan relevante como la carne.
Esta evidencia fue profundizada por el arqueólogo británico James Cole, decano de la School of Applied Sciences de la Universidad de Brighton, y la nutricionista italiana Federica Amati, investigadora del Imperial College London, durante un episodio del podcast de la organización de ciencia nutricional ZOE.

El interés global por las dietas ancestrales y su impacto en las tendencias alimentarias actuales fue recogido por The Guardian y otros medios internacionales. El análisis de Cole y Amati evidencia que muchas de las ideas populares sobre la “dieta paleo” carecen de base científica y pueden inducir a errores nutricionales.
Alimentación paleolítica: un mosaico de recursos
Según expuso Cole en el podcast de ZOE, la dieta de los humanos del Paleolítico era “adaptativa y variada”, con un menú que dependía estrictamente de la disponibilidad local y las estaciones del año:
“No era solo carne, también había alimentos vegetales, plantas silvestres, tubérculos, frutos y semillas”.
La evidencia arqueológica muestra que la dieta humana siempre se ajustó a los recursos disponibles y a los ciclos estacionales, lo que desmiente la idea de un menú único o rígido.
Fuego, evolución y diversidad fisiológica
La aparición del fuego marcó un punto de inflexión clave. El arqueólogo explicó que “el uso del fuego permitió cocinar alimentos, facilitando la digestión y liberando más energía para el desarrollo cerebral”.
Este cambio se asocia con una reducción del tamaño del aparato digestivo y un aumento del tamaño cerebral, un proceso conocido como “hipótesis del tejido caro”. La cocción no solo afectó carnes, sino también vegetales como tubérculos y granos silvestres, lo que amplió la variedad de alimentos accesibles.

El registro fósil reveló que la reducción de la longitud intestinal y el aumento de la capacidad cerebral ocurrieron en paralelo con la diversificación de la dieta. “Nuestros ancestros evolucionaron para aprovechar una gran variedad de alimentos, a diferencia de otros primates”, afirmó Cole.
El mito de la dieta paleo moderna
La popularidad de la denominada “dieta paleolítica” moderna surgió a partir de libros como “The Paleo Diet”, publicados desde la década de los 2000s.
Según explicó Amati en el podcast, esta corriente promueve una alimentación centrada en carne, pescado, frutas y semillas, excluyendo lácteos, granos enteros y legumbres.
“Elimina grupos alimenticios esenciales que sí formaban parte de la dieta ancestral, pero la base científica de esa exclusión es débil o directamente incorrecta”, señaló Amati.

La justificación de la dieta paleo moderna se basa en la idea de que la alimentación industrial actual perjudica la salud. Si bien los expertos reconocieron los riesgos del exceso de ultraprocesados y azúcares añadidos, advirtieron que excluir por completo alimentos como granos y legumbres puede afectar la salud intestinal y cardiovascular.
“Los ensayos clínicos muestran que, a largo plazo, la dieta paleo puede dañar la microbiota intestinal y aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2”, detalló la nutricionista.
Hallazgos científicos y recomendaciones
El análisis de los expertos subrayó que la variedad, la estacionalidad y la preparación social de los alimentos eran rasgos centrales de la alimentación ancestral.
“Una dieta saludable incluye variedad de plantas, granos integrales, legumbres y la reducción de productos ultraprocesados. Cocinar en casa y compartir las comidas son prácticas asociadas con mejores resultados de salud”, sostuvo Amati.
Las recomendaciones actuales enfatizan la importancia de consumir al menos 30 tipos de plantas por semana, incorporar alimentos locales y de temporada, evitar carnes procesadas y mantener ayunos nocturnos de 12 a 14 horas, una pauta que coincide con los ritmos circadianos observados en sociedades tradicionales.
El debate sobre la dieta paleolítica real y sus interpretaciones contemporáneas sigue abierto, pero la evidencia científica señala que la clave de la salud está en la diversidad y el equilibrio, no en la exclusión inflexible de grupos alimenticios.
Fuente: Infobae