El hongo negro de Chernóbil: el misterioso ser que prospera en la radiación

La zona de exclusión de Chernóbil permanece vedada para los humanos, pero eso no impidió que otras formas de vida se establecieran allí tras la explosión del reactor de la Unidad Cuatro, ocurrida hace casi 40 años. Con una presencia humana reducida al mínimo y niveles de radiación ionizante aún presentes dentro de las estructuras que rodean el reactor destruido, ciertos organismos lograron no solo sobrevivir, sino también adaptarse y, en algunos casos, prosperar de forma sorprendente.

Un ejemplo notable es el hongo negro encontrado adherido al interior de las paredes de uno de los edificios más radiactivos del planeta. De manera llamativa, este organismo parece alcanzar su máximo desarrollo en ese entorno hostil. Se trata de Cladosporium sphaerospermum, cuyo comportamiento frente a la radiación ha abierto una pregunta central: ¿puede un ser vivo beneficiarse de un entorno que para los humanos es extremadamente peligroso?

¿Qué descubrieron los científicos dentro de Chernóbil?

Tras la explosión del reactor de la Unidad Cuatro, la radiación ionizante siguió presente en estructuras cercanas (Montaje Infobae con imágenes de Adobe Stock y Medmyco/Wikimedia Commons)

El hongo fue detectado en superficies internas cercanas al reactor destruido, en un ambiente caracterizado por una fuerte radiación ionizante. Según los investigadores, Cladosporium sphaerospermum no solo toleró esas condiciones extremas, sino que mostró señales de crecer mejor cuando estuvo expuesto a la radiación. El hallazgo se volvió aún más intrigante por un rasgo visible: el hongo es oscuro, casi negro, y ese color se asocia directamente a la presencia de melanina. Para varios científicos, este pigmento podría ser la pieza clave para entender por qué el organismo se comporta de manera distinta a otros seres vivos.

El hallazgo de los años 90: 37 especies y un protagonista indiscutible

Científicos detectaron un hongo negro adherido a paredes interiores de edificios con alta contaminación radiactiva (Reuters)

El misterio tuvo su origen a finales de la década de 1990, cuando un equipo dirigido por la microbióloga Nelli Zhdanova, de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, realizó un estudio de campo en la Zona de Exclusión de Chernóbil. El objetivo era identificar qué tipo de vida, si es que existía alguna, podía encontrarse en el refugio que rodea al reactor. El grupo documentó 37 especies de hongos. Un patrón se repitió en las muestras: muchos de esos organismos tendían a ser de tonos oscuros o negros, ricos en melanina. Entre ellos, C. sphaerospermum predominó y, además, presentó algunos de los niveles más altos de contaminación radiactiva detectados en el conjunto.

Radiación ionizante: ¿por qué es un problema para los humanos y no para este hongo?

A finales de la década de 1990, un equipo encabezado por la microbióloga Nelli Zhdanova investigó vida en el refugio del reactor destruido (Unplash)

La radiación ionizante se describe como emisiones de partículas con la energía suficiente para arrancar electrones de sus átomos y convertirlos en formas iónicas. En la práctica, esa ionización puede romper moléculas, interferir con reacciones bioquímicas e incluso dañar el ADN. En los humanos, estos efectos representan un riesgo significativo; en medicina, pueden aprovecharse para destruir células cancerosas, particularmente vulnerables. Sin embargo, en el caso de Cladosporium sphaerospermum, el efecto observado fue radicalmente distinto. La radiofarmacóloga Ekaterina Dadachova y el inmunólogo Arturo Casadevall, ambos con cargos en el Albert Einstein College of Medicine de Estados Unidos, lideraron un equipo que analizó qué ocurría cuando el hongo era expuesto a radiación ionizante. Sus observaciones indicaron que la radiación no dañó al organismo “de la misma manera” que a otros seres vivos. El hongo mostró una resistencia inusual y llegó a crecer mejor bajo exposición. Además, en otros experimentos, los científicos detectaron que la radiación ionizante alteraba el comportamiento de la melanina fúngica, una señal que consideraron relevante para continuar investigando.

La hipótesis de la “radiosíntesis” y el artículo de 2008

Experimentos posteriores indicaron que la radiación ionizante no dañó al hongo como a otros organismos (Efe)

En un artículo publicado en 2008, Dadachova y Casadevall propusieron por primera vez una vía biológica similar a la fotosíntesis. La hipótesis sostiene que C. sphaerospermum, y otros organismos semejantes, podrían captar radiación ionizante y convertirla en energía, con la melanina en un rol comparable al de la clorofila, el pigmento que absorbe la luz en las plantas. En ese marco, la melanina tendría una doble función: por un lado, contribuiría a captar la radiación; por otro, actuaría como escudo protector frente a sus efectos más dañinos. El mecanismo propuesto recibió un nombre que resume la idea: “radiosíntesis”, según detalló Science Alert. Aun así, el punto central permanece abierto. Aunque se observó que el hongo prolifera en presencia de radiación, todavía no se determinó con precisión cómo ni por qué. La radiosíntesis, tal como está planteada, es una teoría difícil de probar.

Evidencia indirecta y pruebas recientes: del reactor a la Estación Espacial Internacional

La melanina es el pigmento que, según hipótesis científicas, podría participar en la interacción del hongo con la radiación (Medmyco/Wikimedia Commons)

Parte del interés científico por el hongo se conectó con investigaciones más recientes. Un artículo de 2022 describió los resultados de llevar C. sphaerospermum al espacio y sujetarlo al exterior de la Estación Espacial Internacional (ISS), de modo que quedara expuesto a gran parte de la radiación cósmica. En ese experimento, los sensores colocados debajo de la placa de Petri registraron que una menor cantidad de radiación atravesaba la muestra con hongos en comparación con un control que contenía solo agar, según indicó Science Alert. Sin embargo, el objetivo del trabajo no fue demostrar ni investigar la radiosíntesis, sino explorar el potencial del organismo como escudo frente a la radiación en misiones espaciales. Según se consignó, hasta la fecha de publicación de ese artículo seguía sin demostrarse una fijación de carbono dependiente de radiación ionizante, un beneficio metabólico derivado de esa radiación o una vía definida de obtención de energía.

“Sin embargo, aún queda por demostrar la radiosíntesis real, y mucho menos la reducción de compuestos de carbono a formas con mayor contenido energético o la fijación de carbono inorgánico mediante radiación ionizante”, escribió un equipo dirigido por el ingeniero Nils Averesch, de la Universidad de Stanford.

No es el único organismo: ¿qué pasa con otros hongos melanizados?

A finales de la década de 1990, un equipo encabezado por la microbióloga Nelli Zhdanova investigó vida en el refugio del reactor destruido y se documentaron 37 especies de hongos en la zona estudiada (Reuters)

El comportamiento de C. sphaerospermum no parece ser una regla general entre los hongos melanizados. Una levadura negra, Wangiella dermatitidis, mostró un mayor crecimiento bajo radiación ionizante. En cambio, otra especie, Cladosporium cladosporioides, presentó una mayor producción de melanina, pero no creció bajo radiación gamma o ultravioleta. Esa diversidad de respuestas sugiere que lo observado en Chernóbil no puede extrapolarse de forma automática a todos los hongos oscuros. También abre dos interpretaciones que, por ahora, no tienen una respuesta definitiva: si se trata de una adaptación que permite al organismo aprovechar un tipo de “luz” intensa capaz de afectar a otros seres vivos, o si es una respuesta al estrés que mejora la supervivencia en condiciones extremas, aunque no necesariamente ideales.

¿Qué podría aportar a futuro? Escudo, medicina, biotecnología y energía (y las dudas vigentes)

El interés por Cladosporium sphaerospermum incluye su posible uso como escudo contra la radiación y aplicaciones en medicina, biotecnología y producción de energía (Imagen Ilustrativa Infobae)

Más allá de la discusión sobre la radiosíntesis, el interés por Cladosporium sphaerospermum se expandió por sus posibles aplicaciones. Algunas investigaciones plantearon su potencial como escudo protector contra la radiación en misiones espaciales. En la nota previa, se mencionó además que también se estudia cómo podría utilizarse en medicina, en biotecnología y en producción de energía. Lo que se mantiene como eje del debate es el límite actual del conocimiento: los científicos todavía no saben por qué el hongo es capaz de sobrevivir a la radiación ionizante, ni si el mecanismo propuesto de radiosíntesis puede demostrarse. En el interior de Chernóbil, un organismo oscuro adherido a las paredes parece interactuar con un fenómeno que para los humanos implica riesgo, y lo hace de un modo que la investigación todavía intenta explicar.

Fuente: Infobae

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