El debate sobre el manejo de los hipopótamos de Pablo Escobar volvió a encenderse luego de que Fabio Arjona, designado como próximo ministro de Ambiente por el presidente electo Abelardo de la Espriella, descartara la opción del sacrificio. Esta postura pone en duda el plan de eutanasia anunciado en mayo de 2026 por el gobierno de Gustavo Petro.
Las declaraciones de Arjona generaron reacciones inmediatas entre científicos y autoridades técnicas, quienes advierten que eliminar esa herramienta podría acelerar la expansión de una población que ya alcanza entre 280 y 300 ejemplares.
El plan original contemplaba el sacrificio de 80 hipopótamos por año mientras se intentaba la reubicación, ante proyecciones que indican que la población podría llegar a 1.000 individuos en 2035. Sin embargo, Arjona fue tajante en sus primeras declaraciones: “Para mí el control letal no va a ser una solución, hay que buscar otra solución más inteligente”.

La decisión se produce apenas tres meses después de que la entonces ministra Irene Vélez formalizara un plan de eutanasia con protocolos específicos y una inversión anunciada de más de 7.000 millones de pesos. La medida se presentó como recurso de última instancia para contener la reproducción de la especie invasora.
El biólogo Germán Jiménez, de la Universidad Javeriana, cuestionó la decisión en una publicación de El Colombiano: “Me parece un desacierto pretender sacar una de las acciones sin considerar que esto es un plan donde se complementan entre sí”. Advirtió que el tiempo encarece cualquier intervención y reduce las opciones, dejando como únicas alternativas la esterilización, que es costosa, y la reubicación. “Vamos a recurrir otra vez a esterilizaciones, a intentar traslocaciones, a buscar quién se lleva los animales, y el tiempo sigue corriendo y los animales se siguen reproduciendo”, señaló.
Por su parte, el demógrafo animal Rafael Moreno, participante del último censo, sostuvo que la postura del futuro ministro desconoce el trabajo acumulado: “Desde el punto de vista científico me parece que él está obviando el problema. No solo niega el conocimiento científico, niega los instrumentos administrativos y legales que construyeron los dos últimos gobiernos”, dijo a El Colombiano.

El biólogo David Echeverri, jefe de la oficina de gestión de la biodiversidad de Cornare, mantuvo un tono prudente pero planteó el mismo límite: “Lo que habrá que ver es qué otras alternativas se pueden contemplar, pero no se puede dejar que esos animales se continúen reproduciendo porque la problemática no va a tener fin”.
Cómo comenzó la invasión de hipopótamos en Colombia
La historia se remonta a 1981, cuando Pablo Escobar introdujo ilegalmente cuatro hipopótamos en la Hacienda Nápoles, en Puerto Triunfo. Tras su muerte en 1993, los animales quedaron sin vigilancia y encontraron en el Magdalena Medio condiciones ideales: alimento abundante, clima estable y ausencia de depredadores.
El primer aviso serio ocurrió en 2007, cuando habitantes de la vereda Bodegas, en Puerto Berrío, alertaron sobre un ejemplar joven y agresivo que atacaba pescadores e invadía fincas. En ese entonces se calculaban unos 20 animales y la población crecía entre 8% y 14% anual.
En 2009, el Ministerio de Ambiente autorizó la caza de control de un ejemplar adulto apodado Pepe. La indignación por las imágenes del animal muerto llevó a una jueza a prohibir nuevas acciones de ese tipo, bloqueando esa vía desde entonces.
Desde 2011 se han probado confinamiento, esterilizaciones quirúrgicas, traslados a zoológicos colombianos, gestiones de reubicación internacional e inmunocastración. El balance es limitado: 35 animales esterilizados, 40 inmunocastrados y ninguno trasladado fuera del país.
Un censo de 2022 registró 169 hipopótamos en siete núcleos poblacionales distribuidos en 43.342 kilómetros cuadrados. Hoy la estimación subió a entre 280 y 300 ejemplares.
Obstáculos de las alternativas no letales

Arjona propuso buscar una solución diferente, pero las opciones no letales enfrentan barreras técnicas, jurídicas y financieras. La captura es compleja por el tamaño del animal, su piel gruesa y su comportamiento semiacuático.
La reubicación internacional ha tropezado con permisos y rechazos. Contactos con organizaciones de México, Ecuador, Filipinas y la India no prosperaron por burocracia, falta de permisos de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (Cites) o inestabilidad institucional del Ministerio. La solicitud a Ecuador para enviar dos ejemplares sigue sin resolverse, México rechazó una petición por el riesgo a su biodiversidad, y la propuesta del empresario indio Anant Ambani para llevarlos a su santuario Vantara no muestra avances.
Germán Jiménez calculó que un traslado a gran escala costaría al menos cinco millones de dólares solo en captura. Además, un vuelo de 26 a 28 horas hacia la India podría provocar la muerte de hasta el 50% de los animales por estrés y complicaciones con la anestesia.
El confinamiento también supone una carga prolongada para el Estado. Un hipopótamo adulto consume hasta 60 kilos de hierba al día, lo que abre el debate sobre destinar recursos públicos a una especie invasora mientras especies nativas amenazadas carecen de financiación. Echeverri resumió: “Si no funciona ninguna de las alternativas, no se puede descartar de plano el control letal”.
Impactos ambientales y sociales de la expansión

La expansión ya supera a Antioquia y se proyecta hacia Boyacá, Santander, Bolívar y Cesar. Moreno advirtió que el problema dejó de ser exclusivo de Puerto Triunfo y podría ganar espacio en nuevos departamentos. Se han registrado ejemplares que bajan por el río Magdalena hasta la depresión momposina, una llanura aluvial de más de 24.600 km² con condiciones favorables para su reproducción.
Los científicos alertan sobre efectos en la calidad del agua, competencia por alimento y desplazamiento de especies nativas como el manatí antillano y la tortuga morrocoy. En Puerto Triunfo, que concentra el 65% de la población, el problema afecta la vida diaria: ataques a personas en 2020, 2021, 2023 y 2024, daños en cultivos, cierres de escuelas, choques con vehículos y desplazamiento de pescadores.
El alcalde Franklin Portillo defendió una postura basada en responsabilidades públicas: “Tengo que pensar en una responsabilidad y hablar desde la razón, más no desde el sentimiento”. El municipio enfrenta una tensión económica porque más de 300 emprendimientos locales dependen del avistamiento de hipopótamos y el turismo asociado, mientras que las demandas por responsabilidad civil y la falta de recursos complican el manejo de un problema que sigue creciendo a la espera de la definición del nuevo gobierno.
Fuente: Infobae