Un pequeño prodigio de apenas 9 años ha puesto en alto el nombre de Perú en el escenario académico mundial. Fabio Isaac Bravo Acosta, nacido en Venezuela y residente en Lima desde muy pequeño, obtuvo la medalla de oro en la Ronda Global de las Olimpiadas Matemáticas Copernicus 2026, celebrada en Singapur. Su inteligencia lo ubica entre los talentos académicos más jóvenes del continente.
Este triunfo en Singapur se suma a una medalla de plata que había conseguido previamente en las Olimpiadas de Matemáticas de Nueva York, también organizadas por Copernicus. Fue precisamente durante una competencia de natación cuando sus padres recibieron la noticia de que él había clasificado a la ronda mundial. “Me inscribí solo para tener experiencia”, reconoció Fabio en una entrevista.

¿Cuál es el CI del niño genio venezolano?
Fabio Bravo posee un coeficiente intelectual de 146 puntos, una cifra que, según los baremos de los principales test de inteligencia, corresponde al rango de “altamente dotado” o “genio” según la escala de clasificación de Lewis Terman. Para ponerlo en perspectiva: el CI promedio de la población se sitúa entre 85 y 115 puntos, y solo 1 de cada 1.000 personas alcanza un puntaje de 146 o superior, de acuerdo con datos de Riot IQ.
Ese nivel de inteligencia se refleja en la amplitud de sus intereses. Desde temprana edad, Bravo mostró curiosidad por la geografía, la química y el inglés, idioma que aprendió de forma autodidacta y que luego perfeccionó en el colegio Bridge House International, donde estudia actualmente. En Singapur, lo usó para comunicarse con competidores de distintos países.
Su rendimiento académico convive con una vida deportiva igualmente activa. En natación, disciplina que practica entre dos y tres horas diarias, acumula ya 85 medallas, frente a las 27 que tenía el año anterior. En la ceremonia de premiación lució las banderas de Venezuela, su país natal, y de Perú, la nación que representó en la competencia. “En dos días tengo el Nacional”, adelantó Fabio para el medio citado.

¿Quién es el niño genio?
Nacido en Venezuela y llegado a Lima desde muy pequeño, Fabio Isaac Bravo Acosta tiene 9 años y cursa la educación primaria. Su vínculo con las matemáticas comenzó a los cuatro años, no como una obligación escolar, sino como un juego. “Desde los 4 años yo tomé las matemáticas, no como algo para aprender, sino como un juego”, contó. Al cumplir cinco años ya resolvía multiplicaciones; poco después, operaciones de mayor complejidad.
La motivación, según él mismo asegura, nace de adentro. Cuando le preguntaron si sus padres lo presionan para entrenar y estudiar, la respuesta fue contundente: “No, más bien yo soy el que los levanta para que me lleven a las 5:30 a.m. para entrenar”. El tiempo que dedica al estudio de matemáticas es de aproximadamente una hora diaria, complementado con las sesiones de natación.
La Olimpiada de Matemáticas Copernicus es una competencia académica internacional fundada en 2020 en Houston, Texas, dirigida a estudiantes desde el tercer grado de primaria hasta el doceavo grado de secundaria. En su edición 2026, reunió a más de 2.000 estudiantes de 187 países, y sus pruebas en matemáticas abarcan geometría, álgebra, teoría de números y matemáticas discretas.

¿Qué significa tener un CI de 146?
El coeficiente intelectual se distribuye en la población siguiendo una curva de campana: la gran mayoría de las personas se ubica entre 85 y 115 puntos, que corresponde al rango promedio. A partir de 130 puntos, los especialistas hablan de un CI “muy superior” o “superdotado”, y menos del 2,14% de la población mundial llega a ese nivel, de acuerdo con datos de Verywell Mind.
Un puntaje de 146, como el de Bravo, se sitúa en el rango denominado “altamente dotado” (entre 145 y 159 puntos), una franja a la que accede menos del 0,13% de la población. En los sistemas de clasificación históricos, como el de Stanford-Binet desarrollado por Terman, cualquier puntaje superior a 140 era descrito directamente como “genio”. Hoy, la psicología científica prefiere términos más precisos, como “muy superior” o “excepcionalmente dotado”, aunque la rareza estadística de esos puntajes no varía.
No obstante, tener un CI elevado no garantiza por sí solo el éxito académico o profesional: los investigadores señalan que factores como la perseverancia, el entorno y las oportunidades de desarrollo inciden tanto o más que el puntaje en sí. El caso de Bravo, que combina un CI de 146 con disciplina diaria en dos áreas distintas —matemáticas y natación—, ilustra esa combinación.

¿Cómo se calcula el CI?
La fórmula original del CI fue propuesta por el psicólogo alemán Wilhelm Stern a principios del siglo XX y se basaba en una operación simple: dividir la edad mental de una persona entre su edad cronológica y multiplicar el resultado por 100. Así, un niño de 10 años que respondía como el promedio de un niño de 12 obtenía un CI de 120. Esta fórmula, conocida como “CI cociente”, quedó obsoleta porque no funcionaba de forma confiable en adultos.
Los test actuales utilizan el llamado “CI de desviación”, un método propuesto por David Wechsler en 1939 y adoptado por todos los instrumentos de evaluación modernos, como la Escala de Inteligencia de Wechsler (WAIS) y el Stanford-Binet. Este sistema compara el rendimiento del evaluado con el de una muestra representativa de personas de su misma edad, fija el promedio en 100 puntos y establece una desviación estándar de 15 puntos. El resultado indica qué tan por encima o por debajo del promedio se ubica el evaluado dentro de su grupo etario.

Las pruebas incluyen tareas de razonamiento verbal, memoria de trabajo, velocidad de procesamiento y razonamiento perceptivo. Ningún test de CI mide la inteligencia en su totalidad: factores como la inteligencia emocional, la creatividad o las habilidades sociales quedan fuera de su alcance. Por eso, los psicólogos advierten que un puntaje alto es un indicador valioso, pero no una medida definitiva ni absoluta de las capacidades de una persona.
Fuente: Infobae