El golpe de Estado racista que EE.UU. prefirió olvidar

En el estado de Carolina del Norte, la ciudad de Wilmington alberga un memorial que recuerda un episodio oscuro y casi borrado de la historia estadounidense: el único golpe de Estado exitoso en el país.

Una investigación de CBS News, liderada por la periodista Lauren Collins, ha reconstruido los hechos, mostrando cómo la violencia racista destruyó una comunidad integrada y transformó para siempre el tejido social y la memoria de la ciudad.

El monumento con seis remos de bronce invita a no olvidar el episodio que transformó la identidad de la ciudad y dejó cicatrices aún visibles (City of Wilmington North Carolina )

Wilmington: un modelo de integración que amenazaba al viejo sur

A finales del siglo XIX, Wilmington era una excepción radical en el sur de Estados Unidos. El 56% de su población era afroamericana, y compartía con la comunidad blanca no solo el espacio urbano, sino también el poder político y económico. Para muchos, era un ejemplo del llamado New South, donde la convivencia post-esclavitud parecía posible.

La ciudad sobresalía en la región por su integración social y política, con una mayoría afroamericana ocupando roles de liderazgo y participación cívica (State Archives of North Carolina)

Sin embargo, esa coexistencia era intolerable para los sectores más conservadores, principalmente demócratas sureños y miembros de la antigua élite esclavista. Según la reconstrucción de Collins, estos grupos lanzaron una campaña pública de supremacía blanca para recuperar el control total y expulsar a la comunidad negra de los espacios de decisión.

Collins, autora del libro They Stole a City, descubrió que esta historia tocaba su propia vida. Creció y fue bautizada en la First Presbyterian Church de Wilmington, donde una vidriera honra al coronel Walker Taylor, un destacado supremacista blanco. El reverendo Peyton Harrison Hoge, pastor de la misma iglesia en esa época, también defendía abiertamente esas ideas. “Amar un lugar no significa mentir sobre él ni defenderlo con mentiras”, declaró Collins.

Figura local celebrada en su época, Taylor fue un exponente del pensamiento racista que acompañó y justificó la violencia desatada en 1898 (Library of Congress)

La conspiración: un plan calculado con manuales y manifiestos

El golpe no fue un estallido de ira espontáneo. Fue una operación meticulosamente organizada, con documentos, discursos y advertencias internas que hoy permiten entender su magnitud. Los mecanismos clave fueron:

  • Manual político de supremacía blanca: Líderes locales crearon instructivos para desmantelar la integración y asegurar el dominio blanco, los cuales circulaban abiertamente.
  • Declaración blanca de independencia: Un manifiesto fue redactado y difundido para justificar el objetivo de borrar toda influencia negra en la ciudad.
  • Advertencias desoídas: B.F. Keith, un miembro de la élite blanca opuesto al golpe, escribió al gobernador y a senadores alertando que la violencia era inminente. Nadie tomó medidas.
  • Convicción entre los perpetradores: Hugh MacRae III, bisnieto de uno de los líderes golpistas, confesó a CBS News que su antepasado estaba convencido de estar haciendo “lo correcto”.

Este entramado revela que el golpe fue una conspiración pública y minuciosa, no una simple reacción violenta.

El golpe fue anticipado por manifiestos, estrategias políticas y advertencias ignoradas que demostraban la determinación de los organizadores (Dominio Público)

El día de la masacre: destrucción, asesinatos y terror

La mañana del 10 de noviembre de 1898, la violencia estalló. Una turba blanca armada y organizada atacó primero The Daily Record, el único periódico negro de Wilmington. Tras incendiar el edificio, los atacantes posaron para una foto con una actitud de triunfo que, según Collins, todavía le causa escalofríos.

La brutalidad continuó en las calles. En la intersección de Fourth y Harnett Streets, un disparo desencadenó los asesinatos: tres hombres negros murieron en el acto. Luego, un carro equipado con una ametralladora recorrió la ciudad, disparando contra residentes negros desarmados. Las cifras exactas de víctimas son inciertas, pero los historiadores estiman entre decenas y cientos de muertos.

Un caso emblemático es el de Joshua Halsey. Su bisnieta, Elaine Brown, relató que Halsey fue marcado como objetivo por los golpistas después de demandar a la ciudad por un accidente que sufrió su esposa. Halsey fue asesinado con 14 disparos en la cabeza frente a su mujer, quien, como muchas otras personas, huyó de Wilmington para siempre.

El acto final fue la toma del ayuntamiento. Demócratas blancos armados obligaron a renunciar a todos los funcionarios —siete blancos y tres negros— bajo amenaza de muerte. La ciudad quedó así bajo control supremacista.

El incendio del principal medio afroamericano marcó el inicio de una campaña de terror que incluyó asesinatos y expulsión de familias negras (New Hanover County Public Library)

Consecuencias: desplazamiento, silencio y segregación

El golpe tuvo efectos inmediatos y devastadores, documentados por CBS News:

  • Desplazamiento forzado masivo: Miles de afroamericanos huyeron de Wilmington por miedo o bajo amenaza directa. La población negra se redujo del 56% al 15% en pocos años.
  • Destrucción de la prensa negra: El incendio de The Daily Record silenció la única voz local que podía desafiar la narrativa oficial.
  • Consolidación de la segregación: El golpe instauró un régimen de exclusión racial que persistió durante generaciones.
  • Estigmatización de opositores blancos: Familias que se opusieron al golpe, como los Keith, sufrieron rechazo y hostilidad durante décadas.

Estas consecuencias no solo alteraron la vida de miles de personas, sino que reconfiguraron la historia y la memoria de Wilmington.

La reducción drástica de la población negra y el silencio impuesto alteraron la vida local y sentaron las bases de nuevas formas de discriminación (@Nick Johnson)

Impunidad y el largo camino hacia la verdad

Nadie fue juzgado ni castigado por los crímenes del golpe. La prensa blanca instaló la versión oficial de que los hechos fueron un “disturbio racial” iniciado por los negros, justificando la violencia y protegiendo a los responsables. El presidente William McKinley nunca intervino, y el episodio fue eliminado de los libros de texto.

La ausencia de respuesta desde la presidencia permitió que los responsables nunca enfrentaran consecuencias y que la verdad fuera relegada durante décadas (Dominio público)

Décadas después, algunos descendientes de los golpistas aún consideran heroica la acción de sus antepasados. Otros, como Cedric Harrison, luchan por recuperar la memoria de lo ocurrido. “Si supieras más, actuarías mejor”, declaró Harrison a CBS News, convencido de que la educación es el primer paso para sanar.

Para Elaine Brown, la verdad es indispensable: “La sanación no llega con mentiras. Llega con la verdad fea de las cosas. Tenemos que sacarla”, concluyó. Lauren Collins sostiene que asumir esta historia es una responsabilidad ineludible para los blancos de Wilmington.

El golpe de Wilmington sigue siendo una advertencia sobre el poder destructivo del racismo y la importancia vital de defender la democracia y la memoria histórica frente a quienes intentan distorsionar los hechos.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK