Niños neoyorquinos buscan récord mundial visitando 41 parques en un día

Dos pequeños de ocho años, residentes del Upper West Side de Nueva York, se lanzaron a una travesía poco común: recorrer más de 40 parques infantiles en una sola jornada. Con la mira puesta en un récord mundial, Hannah y Wilder cruzaron Manhattan de extremo a extremo el pasado viernes, escoltados por sus progenitores y con una energía que se renovaba en cada parada. La aventura no solo desafió su resistencia física, sino que también atrajo la mirada de la comunidad local y de quienes defienden el valor de los espacios públicos para la niñez.

El objetivo era claro: superar la marca de 40 parques infantiles en menos de 24 horas. Durante toda la jornada, los menores y sus familias se movilizaron en bicicleta por distintos puntos de la ciudad, haciendo escalas en sitios emblemáticos como el Erie Canal Playground, situado en la calle 52 Oeste, y el River Run Playground, en el cruce de Riverside Drive con la calle 83 Oeste. Este último se ganó el corazón de los pequeños aventureros, quienes no disimularon su emoción al completar el trayecto. Al final, el recuento oficial arrojó 41 parques infantiles visitados, superando la meta inicial y dejando una marca imborrable en la memoria de ambos.

La chispa de esta hazaña nació del anhelo de romper un récord mundial y de la inspiración que generó un desafío similar ocurrido en 2019 en Adelaida, Australia, donde tres menores lograron visitar 26 parques en un día. Desde el principio, Hannah manifestó su deseo de inscribir su nombre en el Libro Guinness de los Récords Mundiales, mientras que la idea del reto surgió en una charla entre amigas.

Siempre he querido batir un récord mundial”, declaró con firmeza, reflejando el espíritu de superación que la acompañó durante toda la jornada.

Hannah y Wilder recorrieron los parques infantiles en bicicleta junto a sus familias y superaron la meta inicial de 40 parques en 24 horas

La amistad entre Hannah y Wilder, cultivada desde el jardín de infantes, resultó fundamental para llevar adelante el desafío. Para Wilder, unirse a la iniciativa fue una grata sorpresa, y ambos encontraron en esta experiencia una oportunidad para afianzar su lazo y crear recuerdos inolvidables antes de que la familia de Wilder se mude fuera de Estados Unidos. La empresa contó con el respaldo total de sus padres, quienes destacaron la importancia de aprovechar los recursos urbanos que ofrece Nueva York para las familias.

Tenemos mucha suerte de vivir en la ciudad de Nueva York. Mucha gente no se da cuenta, pero aquí hay muchísimos parques infantiles y espacios comunitarios donde la gente puede estar junta al aire libre”, señaló Jesenia Ruiz De La Torre, madre de Hannah.

La planificación del recorrido fue minuciosa. Las dos familias diseñaron un sistema de seguimiento en línea para monitorear el avance de la jornada, trazando rutas eficientes que maximizaran el tiempo disponible. El grupo se desplazó en bicicleta de un parque a otro, con paradas breves para que los niños disfrutaran cada espacio, aunque fuera por unos minutos. Esta logística permitió cubrir una amplia zona de Manhattan y optimizar el tiempo sin perder el carácter lúdico de la experiencia. Cada parque representaba una nueva meta, y el entusiasmo de los pequeños se mantuvo intacto durante todo el trayecto.

El origen de esta hazaña se remonta al deseo de batir un récord mundial y a la inspiración que supuso un reto similar realizado en 2019 en Adelaida, Australia, donde tres niños lograron visitar 26 parques infantiles en un solo día. Desde el principio, Hannah expresó su anhelo de dejar su nombre en el Libro Guinness de los Récords Mundiales, mientras que la idea de embarcarse en el reto surgió tras una conversación entre amigas.

Siempre he querido batir un récord mundial”, afirmó con convicción, dejando entrever el espíritu de superación que la acompañó durante toda la jornada.

La amistad entre Hannah y Wilder, forjada desde el jardín de infancia, fue un elemento clave en el desarrollo del desafío. Para Wilder, sumarse a la iniciativa fue una grata sorpresa, y ambos encontraron en esta experiencia una oportunidad para fortalecer su vínculo y compartir momentos inolvidables antes de que la familia de Wilder se traslade fuera de Estados Unidos. La iniciativa contó con el apoyo incondicional de sus padres, quienes reconocieron el valor de aprovechar los recursos urbanos que ofrece Nueva York para las familias.

Tenemos mucha suerte de vivir en la ciudad de Nueva York. Mucha gente no se da cuenta, pero aquí hay muchísimos parques infantiles y espacios comunitarios donde la gente puede estar junta al aire libre”, comentó Jesenia Ruiz De La Torre, madre de Hannah.

La organización del recorrido fue meticulosa. Las dos familias diseñaron un sistema de seguimiento en línea para monitorear el avance de la jornada, planificando rutas eficientes que permitieran aprovechar al máximo el tiempo disponible. El grupo se desplazó en bicicleta de un parque a otro, haciendo paradas breves para que los niños pudieran disfrutar de cada espacio, aunque fuera por unos minutos. Esta logística permitió cubrir una amplia extensión de Manhattan y optimizar el tiempo sin perder el carácter lúdico de la experiencia. Cada parque representaba una nueva meta por alcanzar, y el entusiasmo de los niños se mantuvo intacto a lo largo de toda la travesía.

La amistad entre Hannah y Wilder, forjada desde el jardín de infancia, fue un elemento clave en el desarrollo del desafío. Para Wilder, sumarse a la iniciativa fue una grata sorpresa, y ambos encontraron en esta experiencia una oportunidad para fortalecer su vínculo y compartir momentos inolvidables antes de que la familia de Wilder se traslade fuera de Estados Unidos. La iniciativa contó con el apoyo incondicional de sus padres, quienes reconocieron el valor de aprovechar los recursos urbanos que ofrece Nueva York para las familias.

Tenemos mucha suerte de vivir en la ciudad de Nueva York. Mucha gente no se da cuenta, pero aquí hay muchísimos parques infantiles y espacios comunitarios donde la gente puede estar junta al aire libre”, comentó Jesenia Ruiz De La Torre, madre de Hannah.

La organización del recorrido fue meticulosa. Las dos familias diseñaron un sistema de seguimiento en línea para monitorear el avance de la jornada, planificando rutas eficientes que permitieran aprovechar al máximo el tiempo disponible. El grupo se desplazó en bicicleta de un parque a otro, haciendo paradas breves para que los niños pudieran disfrutar de cada espacio, aunque fuera por unos minutos. Esta logística permitió cubrir una amplia extensión de Manhattan y optimizar el tiempo sin perder el carácter lúdico de la experiencia. Cada parque representaba una nueva meta por alcanzar, y el entusiasmo de los niños se mantuvo intacto a lo largo de toda la travesía.

Al culminar la jornada, la satisfacción fue doble: no solo lograron visitar los 41 parques infantiles, sino que también recibieron una felicitación especial del comisionado de parques de la ciudad. El reconocimiento oficial todavía está pendiente, ya que el equipo espera la validación del Libro Guinness de los Récords Mundiales, pero la experiencia ya se convirtió en un motivo de orgullo para ambas familias. Más allá de la posible certificación, el reto del parque infantil marcó el cierre de una etapa para Hannah y Wilder, quienes se preparan para iniciar el tercer grado en escuelas diferentes debido a la mudanza de la familia de Wilder. Ambos niños, sin embargo, aseguraron que su amistad continuará a la distancia y que las visitas seguirán formando parte de sus planes futuros.

El comisionado de parques felicitó a los niños, mientras la validación del récord mundial por parte del Libro Guinness sigue pendiente

Este tipo de iniciativas cobra especial relevancia durante las vacaciones de verano, cuando la ausencia de recreos programados en la escuela puede llevar a una disminución de la actividad física en los niños. De acuerdo con un estudio publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina, la actividad física general disminuye hasta un 18 %, y la actividad física moderada cae un 53 % en niños de seis a nueve años durante las vacaciones, en comparación con el período escolar. En este contexto, la responsabilidad de mantener a los pequeños activos recae principalmente en los tutores, quienes deben buscar alternativas para fomentar el movimiento y el juego al aire libre.

La experiencia de Hannah y Wilder pone de manifiesto la importancia de aprovechar los espacios comunitarios y de promover actividades que incentiven la vida activa desde la infancia. Como señaló Jordi Lippe-McGraw, madre de Wilder, vivir en apartamentos pequeños en una ciudad como Nueva York hace que salir al aire libre y disfrutar de los parques sea fundamental para el bienestar de los niños. Poder elegir entre decenas de parques infantiles y pasar el día explorando nuevas áreas de juego se convierte, así, en una oportunidad única para impulsar el desarrollo físico y social de los más jóvenes.

Fuente: Infobae

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