Latinoamérica duplica a países ricos en adopción de IA, pero automatización se rezaga

Un reciente análisis del McKinsey Global Institute ha puesto en entredicho la percepción generalizada sobre América Latina y la inteligencia artificial. Entre 2023 y 2025, la demanda de trabajadores capaces de utilizar, administrar o crear con IA se disparó 11 veces en la región, mientras que en Estados Unidos y Europa el incremento fue de aproximadamente cinco veces. Esto significa que el trabajador latinoamericano no está llegando tarde a la fluidez digital; al contrario, lo está haciendo a un ritmo más acelerado que en las economías más desarrolladas.

Ese crecimiento no provino del ámbito técnico. La mayor parte del aumento se concentró en áreas no vinculadas a la ingeniería: ventas, administración, diseño y creación de contenido. En Argentina, el 34% de las ocupaciones ya requiere algún tipo de habilidad en IA, la proporción más alta de toda la región. La tendencia la impulsa la gente común que decidió aprender una herramienta, no una nueva hornada de programadores.

Sin embargo, ese empuje individual choca con la otra cara del informe.

Lo que frena a la región no es la gente: son las empresas

América Latina aceleró la adopción de habilidades de inteligencia artificial más rápido que Estados Unidos y Europa en el mismo período
(Imagen Ilustrativa Infobae)

La adopción concreta de automatización en América Latina, en el escenario medio proyectado por McKinsey para 2030, es del 14% de las horas de trabajo. En Estados Unidos alcanza el 27% y en Europa, el 25%. La brecha no está en la voluntad de aprender, sino en la voluntad de implementar.

McKinsey identifica tres razones principales para este freno: salarios más bajos, que reducen el incentivo económico de sustituir mano de obra barata; el costo relativo más alto de la robótica en la región; y una madurez organizacional menor para asimilar los cambios. Ninguna de estas causas tiene que ver con la disposición de los empleados. Las tres son decisiones —o la falta de ellas— del lado de quienes contratan.

El límite no es de robots: es de software

McKinsey proyecta que la automatización en América Latina alcanzará el 14% de las horas de trabajo en 2030, por debajo de Estados Unidos y Europa
(Imagen Ilustrativa Infobae)

El potencial técnico también desmiente el argumento de que la región es diferente. El 57% de las horas de trabajo latinoamericanas podría automatizarse hoy con tecnología ya existente, una cifra casi idéntica a la de Estados Unidos. La diferencia radica en la composición: en América Latina los robots representan el 18% de ese potencial, frente al 13% en Estados Unidos, debido a que casi la mitad del trabajo regional es físico.

Pero incluso allí, el propio informe calcula que 80 de cada 100 dólares de valor futuro provendrán de agentes de software, no de brazos mecánicos. El techo no es tecnológico, sino de implementación.

El estudio divide a la región en tres trayectorias según esa mezcla. Argentina, Chile, Costa Rica y Uruguay, con más del 70% del trabajo automatizable concentrado en tareas no físicas, se apoyarán más en agentes que funcionan en la nube. Bolivia, Ecuador, Honduras y los países con mayor peso agrícola e industrial necesitarán más robótica y la infraestructura para sostenerla. Ninguna de estas tres vías depende de si la región es pobre o rica en tecnología; depende del tipo de trabajo que predomina en cada economía.

Donde ya se desplegó, el salto llegó rápido

El 57% de las horas de trabajo en América Latina ya podría automatizarse con tecnología existente, y 80 de cada 100 dólares de valor futuro surgirían de agentes de software
(Imagen Ilustrativa Infobae)

Los casos documentados por McKinsey muestran que, cuando una empresa de la región decide instalar agentes, los resultados no tardan años en llegar. Un banco comercial reemplazó su proceso de evaluación crediticia, que tomaba más de 40 días y requería retrabajo en el 55% de los casos, por 45 agentes especializados que leen contratos, cruzan 14 fuentes de datos y generan alertas de riesgo. El tiempo total de decisión se redujo un 55%.

Una operadora de telecomunicaciones fue más lejos: transformó su centro de llamadas, que antes era un centro de costos puro, en un canal de ventas. Un sistema de IA agéntica analiza el 100% de las llamadas entrantes en tiempo real, detecta señales de compra dentro de las conversaciones de reclamo y sugiere acciones a los representantes mientras hablan con el cliente. La tasa de conversión llegó al 5,6%, casi el triple de una campaña de ventas saliente convencional. El costo del sistema es inferior a un centavo por llamada.

Ninguno de estos casos requirió una economía rica ni salarios altos para funcionar. Necesitó una decisión.

La brecha que realmente importa no es la que separa a América Latina de Estados Unidos. Es la que separa, dentro de cada empresa de la región, al trabajador que ya aprendió a usar estas herramientas de la organización que todavía no decidió dónde ponerlas a producir. McKinsey calcula que automatizar podría liberar USD 450.000 millones anuales en la región para 2030. Ese número no depende de que la gente aprenda más rápido; ya lo está haciendo. Depende de que las empresas dejen de ser el cuello de botella que sus propios empleados superaron hace rato.

Fuente: Infobae

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