Mientras el combinado belga afina su estrategia para el duelo de cuartos de final del Mundial 2026 frente a España, un rumor del pasado resurge con fuerza. No se trata de tácticas ni lesiones, sino del quiebre personal que separa a dos de sus figuras más emblemáticas: Kevin De Bruyne y Thibaut Courtois. Desde hace más de doce años, una herida sin cicatrizar divide al vestuario de los Diablos Rojos.
Las cámaras lo captan una y otra vez. Cada celebración, cada victoria, muestra a ambos jugadores manteniendo una distancia calculada. Ocurrió en el reciente triunfo agónico frente a Senegal, cuando el marcador se definió en los últimos suspiros. Las preguntas sobre ese vínculo roto volvieron a rondar los titulares deportivos.
La historia se gestó cuando ambos despuntaban en las categorías inferiores del Genk, semillero del fútbol belga. Allí forjaron una amistad que parecía inquebrantable. Luego llegaron al Chelsea, aunque sus caminos se separaron: De Bruyne sumó minutos en Alemania, mientras Courtois se afianzaba en el Atlético de Madrid. La distancia geográfica no debilitó el afecto. Hasta que todo cambió en 2013.

En aquel entonces, De Bruyne sostenía una relación con Caroline Lijnen, extenista belga. La pareja atravesaba tormentas domésticas: discusiones constantes, problemas de convivencia. Caroline decidió viajar a Madrid con amigas para despejarse. Allí se encontró con Courtois.
Lo que parecía un encuentro casual derivó en un romance que sacudió el fútbol belga. Las primeras habladurías surgieron con fotos de ambos compartiendo tiempo en la capital española. Pero la magnitud del escándalo no se conoció hasta más tarde.
En 2014, De Bruyne publicó su autobiografía. En ella confesó: “Mi ex novia Caroline me engañó con Thibaut Courtois cuando ella se fue a Madrid. Cuando me enteré, mi mundo se derrumbó. Él era mi amigo de la selección nacional, nos veíamos cara a cara todos los días”.
La versión de Caroline Lijnen
Tras el libro, Caroline dio su testimonio en varias entrevistas. Aseguró que la relación ya estaba quebrada antes del viaje: “En el verano de 2012 me enteré de que Kevin me había sido infiel con mi mejor amiga. Le di un ultimátum: o la elegía a ella o me elegía a mí. Quería darle otra oportunidad, pero nuestra relación nunca volvió a ser la misma”.

“Kevin pensaba que este viaje era una buena idea. Primero le pregunté si estaba de acuerdo. Ahí pasó algo que no debería haber sucedido, lo admito. Pero las cosas ya no iban realmente bien entre él y yo, y encontré consuelo en Thibaut”, declaró a la revista Story. Sus palabras avivaron aún más el fuego mediático.
Un vestuario dividido
El conflicto escaló hasta preocupar al cuerpo técnico antes del Mundial de Brasil 2014. El entonces seleccionador, Marc Wilmots, intervino para evitar que el drama afectara al rendimiento. Incluso consultó a De Bruyne sobre la posibilidad de apartar a Courtois de la convocatoria.
La respuesta del centrocampista sorprendió: pese al dolor personal, defendió que los problemas privados no debían interferir en las decisiones deportivas, y respaldó la permanencia del arquero.

Desde entonces, ambos compartieron torneos internacionales: Brasil 2014, el histórico tercer puesto en Rusia 2018 y la decepción de Qatar 2022. El tiempo permitió una convivencia profesional dentro del vestuario, pero jamás reconstruyó la amistad. Más de una década después, De Bruyne y Courtois siguen siendo pilares de Bélgica, pero su relación se limita estrictamente a lo laboral.
Fuente: Infobae