Netflix ha estrenado recientemente la serie de seis capítulos No tengo miedo, una adaptación de la famosa novela de Niccolò Ammaniti. La historia, originalmente ambientada en Italia, ha sido trasladada al México de 1986. Cabe recordar que ya existía una versión cinematográfica de esta obra, estrenada en 2003 bajo la dirección de Gabriele Salvatores, con la participación de Aitana Sánchez-Gijón.
La trama comienza en una comunidad rural mexicana. El protagonista es Miguel, interpretado por Aldo Emiliano Navarro, quien un día descubre a Felipe, un niño que permanece encadenado debajo de un viejo depósito de agua, cerca de la casa en ruinas de una supuesta bruja.
Miguel transcurre sus días jugando al fútbol con su hermana pequeña María, su primo Chuy y otros niños del vecindario. En su hogar, la situación económica es complicada debido a que una plaga ha destruido la cosecha de café, principal sustento de sus padres Pino y Teresa. Adicionalmente, la familia lidia con el asma crónica que padece María.
Entre juegos y descubrimientos oscuros
Miguel es un niño alegre y despreocupado, cuyo mayor problema parece ser evitar a Calavera, el matón del barrio. Ese equilibrio infantil comienza a tambalearse cuando Félix, el hermano mayor del acosador, difunde entre los niños la historia de una bruja malvada que vive en el bosque y supuestamente asesina pequeños.
La repentina desaparición de Chuy y de sus padres, Rosalío y Margarita, genera las primeras sospechas en la comunidad. El punto de inflexión ocurre cuando Miguel se topa con Felipe, quien tiene una cadena en la pierna, y decide llevarle comida y agua mientras le cuenta cómo va México en el Mundial de fútbol.
Con su padre fuera por trabajo y su madre agobiada por los problemas domésticos y económicos, el niño intenta resolver solo una situación que no comprende del todo. Al darse cuenta de que no tiene la fuerza ni las herramientas para liberar a Felipe, recurre a Calavera, el muchacho más fuerte que conoce.
Allí se activa el doble mecanismo de la serie: un misterio sostenido desde la mirada infantil y un relato de crecimiento que muestra cuán frágil es la niñez. Miguel no solo cuida de su nuevo amigo, sino que incluso renuncia a su tiempo de ocio, mientras percibe la tensión financiera de sus padres, aunque ellos intenten ocultársela.
El tercer episodio, titulado El hombre gusano, coloca las piezas principales de la trama y rompe la ligereza con la que Miguel había visto el mundo hasta ese momento, mostrando el rostro de horror del protagonista cuando descubre quién está detrás del secuestro de Felipe. Se trata de una revelación que ningún niño debería tener que enfrentar.
Entre el pasado y el presente
La tensión se mantiene gracias a una cronología no lineal. La serie comienza cuando Felipe ya está encerrado en el depósito de agua y luego va y viene entre 1981 y el momento previo al descubrimiento de Miguel y sus gafas rotas.
Ese retroceso temporal dibuja un contraste material muy preciso. Solo cinco años antes, el pueblo prosperaba gracias a una abundante cosecha de café; después, los cultivos tuvieron que ser quemados y desapareció el único recurso relevante de la zona.

La comparación entre aquel pasado y el presente arruinado sirve para explicar qué hace la carencia en una comunidad en apariencia normal. Ese desplazamiento muestra cómo la desigualdad social y la desesperación pueden desembocar en actos de violencia extremos.
El elenco principal incluye a Regina Arroyo como María, Luis Alberti como Pino, Fátima Molina como Teresa, Bruno Strauss como Chuy, Mauro Guzmán como Calavera, Cosmo Gonzalez como Félix y Yago Andreu como Felipe.
La novela No tengo miedo consolidó a Niccolò Ammaniti como uno de los escritores más populares tanto en Italia como en el extranjero. Se trata de una historia de infancia y pérdida de la inocencia que se puede extrapolar a cualquier lugar, aunque la novela contenía un fuerte sustrato autóctono al hablar de la desaparición del mundo rural del sur de Italia, algo que aquí se traslada a México.
Fuente: Infobae