La boda entre Taylor Swift y Travis Kelce, celebrada en el emblemático Madison Square Garden, no solo brilló por sus invitados de lujo, vestuarios deslumbrantes o la peculiar gastronomía. El verdadero foco de controversia fue el oficiante: el actor Adam Sandler. Aunque es amigo cercano de la pareja, su condición de judío fue inmediatamente etiquetada como “sionista”, desatando ataques contra él y la cantante.
El asedio digital y las acusaciones
Desde cuentas como Land Palestine (suspendida en Instagram) aseguraron que Swift dejó clara su posición proisraelí. La vocera propalestina Kate Crawford postuló:
“Todos son sionistas, y no hay duda al respecto”.
El debate en redes sentenció dos cosas preocupantes: que Swift tenía una postura geopolítica sobre el conflicto, pese a no haberla manifestado nunca; y que Sandler era la prueba de ese posicionamiento, a pesar de su perfil bajo.
Las “pruebas” de cargo
Los detractores buscaron evidencias adicionales: la cena de la pareja en el restaurante israelí Or’esh, en el Soho; y que en 2023 Sandler declaró tener “el corazón destrozado” tras la masacre del 7 de octubre, firmando una carta a Joe Biden para el retorno de rehenes de Hamás. Sin embargo, Sandler nunca ha visitado Israel, y entre los invitados estaba Gigi Hadid, conocida por su discurso antiisraelí. Nada de eso importó.
El dogma propalestino y sus consecuencias
El artículo original señala que en la actualidad no existe derecho al silencio ni ambigüedad racional. Israel se ha convertido en el gran Satán del debate público, y la demonización del Estado hebreo pone bajo sospecha a todo el mundo judío. La polémica Swift-Sandler revela “la imposición, vía amenaza de estigmatización, del pensamiento único propalestino”, que normaliza desde el terrorismo palestino hasta el papel de Irán o la masacre del 7 de octubre.
Incidentes antisemitas en España
El fenómeno se replica en múltiples actos antisemitas recientes en España:
- Expulsión de dos mujeres de una sauna LGTB en Barcelona por llevar un colgante con la estrella de David.
- Persecución masiva a un grupo de judíos jasídicos que salían de una sinagoga en Barcelona.
- Suspensión de la presentación del libro de haikus del escritor judío-argentino Marcos Ricardo Barnatán en la Feria del Libro de Santander, tras asedio de propalestinos.
- Pancarta “Destroy Israel” durante el chupinazo de San Sebastián, emitida por TVE sin comentario crítico.
Estos hechos, según el texto original, unen la “judefobia”: expulsar por un símbolo, perseguir por vestimenta, boicotear a un poeta que promueve la cultura, y pedir la destrucción de un país, es decir, hacer apología del genocidio.
Preguntas que incomodan
El artículo lanza preguntas clave: ¿Por qué Swift debe tener una posición clara sobre el conflicto más complejo del mundo? ¿Por qué no puede tener un amigo judío como oficiante sin ser enemiga del pueblo palestino? Y más allá: “¿Cuántas alarmas necesitamos para entender que lo que ocurre es muy grave?” La caza al judío se normaliza, el pensamiento único destruye los fundamentos de la sociedad democrática. El síntoma Taylor Swift representa la degradación de los valores occidentales: “Sustituidas las ideas por los dogmas, y los debates por las pancartas, no queda nada: el pensamiento muere cuando vence el miedo.”
Fuente: Infobae