Una investigación publicada por National Geographic está revolucionando la comprensión de la vida interior. Según el reportaje, la capacidad de tener experiencias subjetivas y recuerdos personales ya no sería exclusiva de humanos y mamíferos. Un nuevo estudio sugiere que los abejorros también podrían poseer estas cualidades.
El trabajo sostiene que estos insectos, cuyo cerebro pesa apenas un miligramo, son capaces de anticipar y valorar experiencias, así como mostrar reacciones emocionales ante diferentes estímulos. Esto pone en tela de juicio la percepción tradicional sobre la vida mental de los insectos y la complejidad de su conducta.
“Las expresiones faciales son una ventana a nuestras emociones y estados internos”, afirmó el profesor Andrew Barron, neuroetólogo de la Universidad Macquarie en Sídney, quien lideró el trabajo junto con Fei Peng y Cwyn Solvi. Este hallazgo abre un intenso debate científico sobre la existencia de apetencias y anhelos en especies muy alejadas de los mamíferos.

Comportamientos que reflejan emociones elementales
Durante la observación de los abejorros, los investigadores identificaron conductas que evidencian preferencias y rechazos similares a las emociones humanas. Por ejemplo, estos insectos agitan la cabeza o se lavan la boca cuando un alimento no les agrada. En cambio, si el sabor es de su agrado, realizan un gesto equivalente a lamerse los labios. Este tipo de respuesta sugiere la existencia de un proceso interno de valoración.
Barron comentó: “Pero siempre ha habido debate acerca de si los insectos son animales realmente pensantes o actúan como una especie de minirobots”. Estas manifestaciones indican que los abejorros no solo reaccionan a estímulos, sino que son capaces de experimentar lo que podría considerarse una emoción elemental.
Fei Peng agregó: “A mucha gente le resulta fácil afirmar que los insectos pueden percibir, aprender y tomar decisiones, pero les cuesta mucho más admitir que puedan valorar las cosas como agradables o desagradables. Nuestros hallazgos refuerzan esa idea”.

El debate sobre pensamiento y emociones en los insectos
Los resultados de este estudio han reavivado la discusión en torno a si los insectos realmente piensan y sienten, o si simplemente responden a los estímulos de su entorno. La pregunta central es si poseen un mundo interior con deseos o emociones que van más allá de la simple reacción instintiva.
Esta cuestión ha sido un punto de controversia en la ciencia, tal como lo expresó Barron: “Pero siempre ha habido debate acerca de si los insectos son animales realmente pensantes o actúan como una especie de minirobots”.
El enfoque de esta nueva investigación desafía la visión tradicional de los insectos como máquinas biológicas de respuestas automáticas. Al demostrar que los abejorros pueden elegir y mostrar preferencias ante diversos estímulos, el estudio obliga a reconsiderar la frontera entre la mente y la conducta instintiva en estos seres, abriendo un campo de reflexión sobre su vida mental y emocional.

Así fue el experimento con 18 colonias de abejorros
El estudio, liderado por Fei Peng y Cwyn Solvi, se centró en 18 colonias de abejorros (Bombus terrestris). A estos insectos se les ofrecieron líquidos dulces, amargos y salados con el objetivo de analizar sus reacciones.
Los investigadores observaron comportamientos diferenciados ante cada estímulo, algunos de los cuales podrían calificarse como emocionales. En una de las pruebas, los abejorros mostraron la protrusión de la lengua después de ingerir ciertos líquidos, un gesto comparable a lamerse los labios en humanos.
“Este experimento es un paso más que muestra que los abejorros sí que cuentan con ese mundo interior”, afirmó Barron. Estas respuestas evidencian no solo la capacidad de aprendizaje y toma de decisiones, sino también la valoración subjetiva de las experiencias, según las conclusiones de los autores.

Un cerebro diminuto con implicaciones neurológicas
El cerebro del abejorro, que apenas pesa un miligramo —un millón de veces menos que el cerebro humano—, es capaz de generar comportamientos complejos.
Aunque los investigadores admiten que no pueden definir con exactitud qué experimenta el abejorro, sostienen que estas respuestas surgen de las conexiones entre las células de su sistema nervioso. Barron subrayó: “En cuanto a la organización del cerebro, no hay grandes diferencias entre un abejorro y una mosca”.
Este hallazgo plantea preguntas fundamentales sobre cómo surge la consciencia y la experiencia subjetiva a partir de un cerebro tan diminuto. El propio Barron expresó sus expectativas: “Esperamos que futuros estudios demuestren cómo la vida mental de los abejorros surge de los mecanismos del cerebro, para que podamos salvar la brecha entre lo mental y lo físico”.

¿Cómo cambia esto la percepción y protección de los insectos?
El reconocimiento de que los abejorros, y posiblemente otros insectos, pueden tener un mundo interior obliga a reconsiderar cómo la sociedad los percibe.
Si se admite que estos animales experimentan preferencias y emociones, su valor ético y biológico adquiere una nueva dimensión. Esta perspectiva plantea la necesidad de revisar el trato que reciben en distintos ámbitos, desde la investigación hasta la agricultura.
El profesor Andrew Barron sostiene que comprender mejor las capacidades mentales de los insectos podría impulsar iniciativas de protección. La evidencia de una vida mental en especies como los abejorros abre la puerta a la creación de proyectos y normativas que velen por su bienestar, cambiando la manera en que la sociedad y las leyes los contemplan.
Fuente: Infobae