El bostezo contagioso: un fenómeno cerebral que se desata con fotos

Un equipo de científicos encabezado por Andrew C. Gallup, de la Universidad de Albany en Estados Unidos, ha profundizado en el estudio del bostezo contagioso. Sus hallazgos demuestran que este acto involuntario va más allá de la simple imitación social y está gobernado por mecanismos termorreguladores en el cerebro.

Los experimentos controlados diseñados por este grupo permiten explicar por qué una imagen o un video pueden desencadenar el bostezo en un observador, incluso cuando no hay interacción social directa. Este resultado contradice la creencia popular de que el bostezo es únicamente una señal de empatía o aburrimiento.

El reflejo se activa con estímulos visuales y depende de la respiración

En el laboratorio, el equipo de Gallup comprobó que ver videos o imágenes de personas bostezando provoca que casi la mitad de los participantes también bostecen. Los investigadores presentaron imágenes digitales de rostros humanos en tres condiciones distintas: expresión neutral, risa y bostezo.

Cuando los voluntarios observaban las imágenes sin instrucciones específicas sobre cómo respirar, el 48% de ellos bostezaba al menos una vez durante la sesión. Sin embargo, al pedirles que respiraran exclusivamente por la nariz, el porcentaje de bostezos bajaba a cero. Esto sugiere que el bostezo cumple una función relacionada con el enfriamiento cerebral y no con la oxigenación de la sangre, como se pensaba.

Los ensayos se realizaron con estudiantes universitarios, quienes permanecieron solos frente a una pantalla para evitar cualquier influencia social. Cada participante fue observado a través de un espejo unidireccional, lo que garantizó que el reflejo se midiera de manera objetiva y sin presión grupal. El equipo de la Universidad de Albany destaca que este diseño experimental elimina los sesgos sociales y permite analizar con precisión los factores fisiológicos implicados en el bostezo contagioso.

La investigación sugiere que el bostezo cumple una función relacionada con el enfriamiento cerebral y no con la oxigenación de la sangre, como se pensaba. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El enfriamiento local reduce drásticamente el contagio

Los investigadores también exploraron la relación entre la temperatura corporal y el bostezo. En una de las variantes del experimento, los participantes sostenían una compresa fría de 4 °C en la frente, y el porcentaje de contagio de bostezos descendía al 9%. En contraste, cuando la compresa estaba a temperatura ambiente o caliente, la tasa de contagio se mantenía entre 41% y 45%.

Según Gallup, este hallazgo refuerza la hipótesis de que el bostezo es un mecanismo fisiológico para regular la temperatura cerebral. El enfriamiento local inhibe el reflejo, mientras que el calor o la temperatura neutra no modifican significativamente la propensión al bostezo.

Esta función de enfriamiento cerebral se apoya en el hecho de que el bostezo implica una profunda inspiración y una contracción muscular facial que moviliza aire fresco y sangre hacia la cabeza. El proceso ayuda a disipar el exceso de calor y a mantener la eficiencia mental, especialmente en situaciones de fatiga o en tareas cognitivas que exigen concentración.

Función evolutiva: vigilancia grupal y mantenimiento de la atención

El equipo de la Universidad de Albany propone que el bostezo y su contagio no solo indican cansancio, sino que cumplen una función evolutiva relevante. Según Gallup, el bostezo pudo haber evolucionado como una señal de disminución de atención o fatiga dentro de un grupo. Cuando una persona bosteza en presencia de otras, se activa la respuesta en cadena, lo que serviría para restaurar el nivel de alerta colectivo.

Este mecanismo adaptativo tendría ventajas en contextos donde la vigilancia grupal es clave para la supervivencia. Los investigadores subrayan que, lejos de promover el sueño, el bostezo tiene un efecto opuesto: antagoniza la somnolencia y ayuda a mantener la atención. La explicación fisiológica y experimental desmonta la idea de que el bostezo sirve para oxigenar la sangre, ya que los resultados muestran que el reflejo se puede inhibir casi por completo si se controla la temperatura de la cabeza.

Hallazgos del estudio de Andrew C. Gallup sobre la función adaptativa del bostezo y su efecto en la regulación térmica cerebral, desmintiendo su origen social. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El bostezo inducido por imágenes no requiere empatía ni imitación social

Los experimentos dirigidos por Gallup en la Universidad de Albany concluyen que la propensión al bostezo inducido por imágenes o videos no depende de la empatía entre los participantes ni de la mera imitación social. El reflejo es un fenómeno neurológico y fisiológico que responde al tipo de respiración y a las condiciones térmicas del cerebro.

Bajo circunstancias que favorecen el enfriamiento cerebral, el bostezo puede ser inhibido casi por completo, lo que revela su papel adaptativo en la biología humana. Todas las cifras, hallazgos y conclusiones de este artículo provienen de los experimentos y publicaciones de Andrew C. Gallup y su equipo en la Universidad de Albany en Estados Unidos.

Fuente: Infobae

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