Con la llegada de las altas temperaturas, la sandía se convierte en la reina de las fruterías. Pocas frutas logran capturar la esencia del verano como ella. Refrescante, dulce y fácil de comer, se vuelve protagonista en las mesas durante los meses más cálidos. Pero más allá de su capacidad para combatir el calor, esta fruta destaca por su alto contenido de agua y por aportar vitaminas, minerales y compuestos bioactivos que favorecen una alimentación equilibrada.
De acuerdo con la Fundación Española de la Nutrición (FEN), la sandía está compuesta por aproximadamente un 95 % de agua, lo que la convierte en la fruta con mayor contenido hídrico. Esta característica explica su bajo valor calórico: apenas 21 kilocalorías por cada 100 gramos de porción comestible, lo que la hace una opción ligera para consumir como tentempié o postre.
Además de favorecer la hidratación, especialmente importante durante el verano, la sandía aporta pequeñas cantidades de diversos micronutrientes que contribuyen a la dieta. Entre ellos destacan el potasio y la vitamina A, presentes en cantidades que ayudan a cubrir las necesidades diarias dentro de una alimentación variada.
El potasio es un mineral esencial para el funcionamiento normal del organismo, ya que participa en procesos como la transmisión nerviosa y la función muscular. Por su parte, la vitamina A contribuye al mantenimiento de la visión en condiciones normales, al funcionamiento del sistema inmunitario y al cuidado de la piel y las mucosas.

El color rojo de la sandía anuncia su poder antioxidante
Otro de los aspectos más interesantes de la sandía es su riqueza en carotenoides, pigmentos naturales con acción antioxidante. Aunque contiene luteína, el compuesto más abundante es el licopeno, del que aporta alrededor de 2.454 microgramos por cada 100 gramos. De hecho, la FEN señala que la sandía constituye una de las principales fuentes dietéticas de este fitoquímico.
El licopeno es un carotenoide responsable del característico color rojo de la pulpa y ha despertado un gran interés científico por su capacidad antioxidante. Este compuesto ayuda a proteger a las células frente al daño oxidativo provocado por los radicales libres, moléculas inestables que se generan de forma natural en el organismo como consecuencia del metabolismo, aunque también aumentan por factores como la contaminación, la radiación ultravioleta, el tabaquismo o el estrés.
Cuando los radicales libres se acumulan en exceso pueden favorecer el denominado estrés oxidativo, un proceso relacionado con el envejecimiento celular y con el desarrollo de diversas enfermedades crónicas. Por ello, una alimentación rica en frutas y verduras que aportan antioxidantes, como el licopeno, se considera una estrategia beneficiosa para contribuir a la protección del organismo frente a este tipo de daño. La sandía destaca precisamente por ser una de las principales fuentes dietéticas de este fitoquímico, junto con otros alimentos como el tomate.
Una puerta abierta a las frutas del verano
Aunque su contenido en fibra, vitaminas y minerales es moderado, la sandía constituye una forma sencilla de incrementar el consumo de fruta durante los meses de calor, especialmente entre personas que tienen mayores dificultades para mantener una hidratación adecuada.
A pesar de que los expertos recuerdan que ninguna fruta, por sí sola, proporciona todos los nutrientes necesarios ni posee propiedades milagrosas, incorporar sandía dentro de un patrón alimentario equilibrado permite disfrutar de una fruta refrescante, baja en calorías y rica en agua, además de sumar potasio, vitamina A y compuestos vegetales como el licopeno al conjunto de la dieta.
Fuente: Infobae