En las profundidades de los bosques tropicales de América del Sur habita una especie vegetal que ha dejado perplejos a los científicos: Lophophytum. Esta planta no puede realizar la fotosíntesis por sí misma, por lo que se aferra a las raíces de ciertos árboles y les sustrae agua, nutrientes y energía. Su existencia depende por completo de estos huéspedes.
Un estudio liderado por expertos de la Universidad Nacional de Cuyo y el CONICET, en Mendoza, y publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, ha revelado un hallazgo fascinante: Lophophytum no solo se aprovecha de los recursos de sus hospederos, sino que también incorpora fragmentos de su material genético y los utiliza en su propio metabolismo. Los investigadores confirmaron que esos genes “robados” permanecen activos y le otorgan una sorprendente capacidad de adaptación. Este mecanismo abre nuevas interrogantes sobre la evolución y la adaptación en el reino vegetal.

Una vida oculta y dependiente
Durante casi toda su existencia, Lophophytum permanece bajo tierra y solo emerge a la superficie para florecer. Carece de hojas verdes y de clorofila, lo que le impide realizar la fotosíntesis. Por eso, su supervivencia está completamente ligada a la planta a la que se adhiere. Esta dependencia extrema ha provocado la pérdida de muchas funciones y estructuras típicas de otras especies, e incluso de fragmentos de material genético relacionados con la vida autónoma.
A diferencia de la mayoría de las plantas parásitas, Lophophytum ha renunciado por completo a la independencia. Sus células y estructuras están diseñadas exclusivamente para extraer recursos del huésped. Este caso es excepcional entre las plantas con flores, ya que casi ninguna especie ha llevado el parasitismo a un nivel tan extremo.

El “robo” genético: instrucciones ajenas en acción
Al analizar el material genético de la planta parásita y de los árboles que invade, los científicos detectaron algo inusual: fragmentos de información genética provenientes directamente del huésped. Normalmente, cuando esto ocurre en la naturaleza, esos fragmentos no funcionan por incompatibilidad. Sin embargo, en este caso algunos logran integrarse y resultar útiles.
Esto significa que Lophophytum no solo roba nutrientes, sino también instrucciones que mejoran su capacidad de supervivencia. El descubrimiento revela un nivel de interacción entre especies mucho más profundo de lo que se creía hasta ahora. La planta aprovecha recursos ajenos de una manera poco común en la naturaleza.

El secreto de los fragmentos funcionales
La clave para que estos fragmentos genéticos funcionen radica en que algunos poseen una especie de “contraseña” o señal que la planta puede reconocer. Gracias a ello, logra activar esas instrucciones y usarlas en su propio beneficio. Además, estos fragmentos son fáciles de emplear porque requieren menos pasos para operar dentro del organismo. No todos los fragmentos que llegan tienen esa “contraseña”; solo aquellos que encajan con los mecanismos internos de la parásita son aprovechados.
Es como si recibiera muchas llaves, pero solo unas pocas abren sus puertas internas. Así, entre todo el material genético recibido, únicamente el que cumple ciertos requisitos termina siendo funcional. Este proceso explica por qué el fenómeno es tan raro entre las plantas y tan fascinante para la ciencia.

Implicaciones para el conocimiento científico
Este caso combina dos rarezas: vivir completamente a expensas de otra planta y ser capaz de usar fragmentos de información genética ajena. Esta capacidad ayuda a entender cómo algunos parásitos pueden adaptarse y evolucionar aprovechando recursos de otras especies, incluso a nivel de instrucciones internas. El hallazgo sugiere que podrían existir más ejemplos en la naturaleza donde parásitos vegetales logren beneficiarse de fragmentos útiles de sus huéspedes.
Además, el descubrimiento desafía la idea de que el material genético extraño siempre es inútil para el organismo que lo recibe. Ahora se sabe que, si se cumplen ciertas condiciones, el ADN externo puede ser funcional y beneficiar al parásito. Esto invita a investigar si otros organismos poseen mecanismos similares y cómo estos procesos pueden influir en la evolución de las especies.

Misterios por resolver
Todavía no está claro cómo el material genético del árbol cruza hasta la célula de la parásita y se integra en ella. Los científicos saben que ambas plantas están conectadas durante años, pero el proceso exacto de transferencia sigue siendo un enigma. Entender ese detalle es una de las próximas metas de la investigación en este campo.
Tampoco se sabe si este fenómeno ocurre en otras plantas parásitas o si es exclusivo del género estudiado. Hasta ahora, los análisis solo se han centrado en Lophophytum y sus árboles huéspedes. Se requieren más investigaciones para descubrir si otros organismos han desarrollado estrategias semejantes y para comprender la profundidad de estas relaciones en la naturaleza.
Fuente: Infobae