Panamá se convirtió nuevamente en un laboratorio natural para la ciencia espacial. La NASA finalizó la segunda fase del proyecto AVUELO (Experimento Unificado de Validación Aerotransportada: Tierra a Océano), una iniciativa desarrollada junto con el Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales (STRI) para analizar la estructura y biodiversidad de los bosques tropicales mediante tecnología aérea de punta.
A diferencia de la primera fase, ejecutada en febrero de 2025, esta nueva etapa empleó un sistema de radar que logró superar uno de los mayores desafíos para investigar los bosques tropicales: la constante nubosidad.
La campaña de 2026 utilizó un avión Gulfstream III de la NASA, equipado con el UAVSAR (Uninhabited Aerial Vehicle Synthetic Aperture Radar), un radar de apertura sintética con capacidad de penetrar las nubes y operar tanto de día como de noche, sin depender de la luz solar.
Esta tecnología permitió recopilar información detallada sobre la estructura de los bosques, la altura de los árboles, la biomasa y el contenido de agua de la vegetación, aspectos clave para entender cómo funcionan estos ecosistemas y su respuesta al cambio climático.

Los expertos señalaron que la señal del radar interactúa con la vegetación de manera diferente según el tamaño de los árboles, la densidad del bosque y la humedad presente en las plantas, generando una radiografía tridimensional del bosque imposible de obtener mediante imágenes convencionales.
Durante la misión, los investigadores concentraron sus trabajos en el Parque Natural Metropolitano, los sitios de monitoreo de ForestGEO y varios ecosistemas de manglares, considerados uno de los ambientes menos estudiados dentro de la red internacional de parcelas forestales del Smithsonian.
El objetivo fue llenar un vacío de información sobre estos ecosistemas costeros, fundamentales para el almacenamiento de carbono, la protección del litoral y la conservación de la biodiversidad, indicó el documento escrito por Rosannette Quesada-Hidalgo y publicado por el Smithsonian.
Sin embargo, los sobrevuelos fueron solo una parte del trabajo. Paralelamente, equipos científicos del STRI realizaron mediciones en tierra, identificando árboles, registrando sus dimensiones y recopilando información sobre la composición del bosque para validar los datos obtenidos desde el aire.
Esa combinación de observaciones terrestres y tecnología de percepción remota permitirá desarrollar modelos mucho más precisos sobre la biodiversidad, la estructura forestal y la cantidad de carbono almacenado en los bosques tropicales.

La campaña representa la continuación de un trabajo iniciado en 2025, cuando la NASA utilizó en Panamá el avanzado sensor hiperespectral AVIRIS-3, capaz de analizar la luz reflejada por la vegetación para conocer la química de las hojas, la actividad fotosintética y el estado de salud del bosque.
Sin embargo, aquella misión dependía de cielos despejados para obtener imágenes de calidad, una condición difícil de cumplir en los trópicos debido a la frecuente presencia de nubes y lluvias. Precisamente por esa razón, la NASA decidió regresar este año con tecnología de radar, menos sensible a las condiciones meteorológicas.
Según explicó Erika Podest, científica panameña del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA e investigadora principal del proyecto, la información obtenida no se limitará a Panamá.
“Ahora tenemos en órbita un satélite que lanzamos recientemente al espacio, llamado NISAR. Es un satélite de la NASA que lleva un instrumento de radar similar al sensor UAVSAR que estamos usando para la campaña AVUELO. Al vincular estas observaciones aéreas con mediciones satelitales, podemos extrapolar lo que aprendemos en Panamá a los bosques tropicales de todo el mundo”, señaló.
Esto significa que los datos obtenidos en territorio panameño servirán para calibrar y validar la información generada desde el espacio, permitiendo monitorear de forma más precisa los cambios que experimentan los bosques tropicales a escala global.

Para Helene Muller-Landau, científica del STRI y una de las investigadoras principales del proyecto, Panamá ofrece una ventaja científica difícil de encontrar en otros países.
Explicó que el Smithsonian mantiene desde 1980 una extensa base de datos sobre los bosques panameños mediante la red ForestGEO, con millones de mediciones de árboles recopiladas durante más de cuatro décadas.
“Una de las grandes ventajas para la NASA de realizar esta campaña en Panamá es el acceso a nuestra amplia base de datos forestales terrestres, que permite validar la información obtenida por el radar y comprender mejor la salud, estructura y biomasa de los bosques”, indicó.
Tras concluir los sobrevuelos de 2026, científicos, estudiantes y especialistas de instituciones como el Centro Goddard y el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, el STRI, la Universidad de Wisconsin-Madison, la Universidad Estatal de Montana, el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL) e INDICATIC participaron en una reunión para analizar los primeros resultados y definir nuevas líneas de investigación.

Entre los estudios presentados figuran modelos para mapear la presencia de lianas, mejorar el conocimiento sobre la diversidad de los ecosistemas tropicales y comprender cómo la información obtenida mediante sensores remotos puede aportar al estudio de los ciclos del carbono y del nitrógeno.
Para los investigadores, esta colaboración también busca reducir una importante brecha científica. Gran parte del conocimiento disponible sobre bosques proviene de ecosistemas templados de Norteamérica y Europa, mientras que los bosques tropicales —que concentran una enorme proporción de la biodiversidad del planeta y almacenan grandes cantidades de carbono— siguen siendo insuficientemente estudiados.
La campaña AVUELO pretende cambiar ese panorama utilizando a Panamá como uno de los principales centros mundiales para comprender cómo evolucionan los bosques tropicales y cómo protegerlos frente a los efectos del cambio climático.
Fuente: Infobae