Mundial 2026 logra lo que ni política ni religión: unir a México, según UNAM

La Copa del Mundo de Fútbol 2026 no solo se ha apoderado de los estadios, plazas públicas y fan fests en todo el territorio mexicano. Según un análisis de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el torneo ha provocado un fenómeno social poco frecuente: reducir, aunque sea de forma pasajera, la intensa polarización que ha caracterizado la vida pública del país en los últimos años.

Hugo Luis Sánchez Gudiño, académico de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón y de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, asegura que el certamen deportivo ha generado un entorno de convivencia donde las diferencias políticas, ideológicas e incluso de clase social pasan a un segundo plano mientras la Selección Mexicana disputa sus encuentros.

Para el especialista, esta situación convierte al fútbol en algo que va más allá de un simple espectáculo deportivo: es un espejo del ánimo colectivo y un potente creador de identidad nacional, aunque advierte que sus efectos tienen una vida limitada.

Una tregua en la polarización social

De acuerdo con Hugo Luis Sánchez Gudiño, el Mundial 2026 ha alcanzado una meta que pocos actores sociales han logrado.

“Lo que ha logrado este Mundial de Futbol no lo consiguió un discurso, un mensaje político o la propia religión: la pacificación”, afirmó el investigador.

Durante los partidos de la Selección Mexicana, explicó el académico, se genera una pausa en el enfrentamiento entre distintos sectores sociales y políticos. Su análisis indica que el torneo ha logrado atenuar momentáneamente las brechas entre grupos con ideologías opuestas, así como la tensión entre las clases medias altas y los sectores populares.

En este contexto, detalló que el fútbol ha facilitado que personas de realidades económicas y sociales dispares compartan un mismo propósito: alentar al equipo nacional. El resultado es una especie de hermandad social que rara vez se observa fuera del ámbito deportivo.

El fútbol como integrador de clases durante los partidos de México

Para el experto de la UNAM, uno de los puntos más sobresalientes del torneo es la habilidad del fútbol para forjar una identidad nacional compartida. Mientras dura el partido, millones de personas dejan a un lado sus diferencias políticas o económicas para celebrar un mismo triunfo o lamentar una misma derrota.

Sánchez Gudiño considera que el fútbol actúa como un verdadero termómetro social, capaz de reflejar los sentimientos colectivos del país. No obstante, aclaró que esta unidad tiene una fecha de vencimiento.

Cuando los resultados positivos se desvanecen y llegan las derrotas, el ambiente puede transformarse rápidamente. En esos casos, la euforia suele convertirse en frustración e ira, lo que históricamente ha desembocado en actos violentos, vandalismo e incluso en la reaparición de los conocidos gritos homofóbicos que han acompañado al fútbol mexicano durante años.

El alto costo del Mundial no frena la fiesta popular

Otro aspecto destacado por el investigador es que este Mundial 2026, organizado por México, Estados Unidos y Canadá, presenta una diferencia importante con ediciones anteriores: prácticamente toda la experiencia mundialista tiene costos muy elevados. Desde las entradas a los estadios hasta los productos oficiales y las actividades relacionadas, asistir de manera presencial implica un gasto considerable.

Sin embargo, el académico considera que esto no ha impedido que la mayoría de los aficionados viva la Copa del Mundo con intensidad. Explicó que la mayor parte de los seguidores no necesita estar dentro del estadio para sentirse parte del evento. Muchos optan por seguir los partidos desde sus hogares, a través de teléfonos celulares, tabletas o pantallas instaladas en espacios públicos.

Además, miles de personas se congregan en lugares emblemáticos para celebrar los encuentros de la Selección Mexicana, como el Fan Fest de FIFA instalado en el Zócalo de la Ciudad de México, las inmediaciones del Estadio Ciudad de México, el Ángel de la Independencia y diversas plazas públicas del país. Estos espacios permiten que la fiesta mundialista sea compartida por personas de distintos niveles económicos sin necesidad de adquirir boletos.

Los Mundiales y su convivencia con las protestas sociales

El especialista recordó que los Mundiales organizados por México nunca han estado completamente ajenos al contexto político y social del país. Durante México 1970, explicó, aún persistía la indignación por los sucesos de Tlatelolco de 1968, por lo que existían fuertes críticas al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. De hecho, el entonces presidente fue recibido con una sonora rechifla durante la inauguración del torneo.

Posteriormente, en México 1986, el país todavía enfrentaba las secuelas de los devastadores terremotos de 1985. En esa época surgieron importantes movimientos ciudadanos ligados a la reconstrucción de la capital, además de diversas movilizaciones estudiantiles dentro de la UNAM, en las que participó la entonces estudiante Claudia Sheinbaum.

En el caso del Mundial 2026, Sánchez Gudiño señaló que también han coexistido expresiones sociales, en particular las encabezadas por madres buscadoras y otros colectivos que mantienen demandas específicas hacia las autoridades. Aun así, considera que el torneo ha logrado abrir un espacio temporal donde el entusiasmo deportivo supera momentáneamente las diferencias sociales y políticas, recordando que el fútbol sigue siendo uno de los pocos fenómenos capaces de generar una identidad compartida entre millones de mexicanos.

Fuente: Infobae

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