Cuando el futbolista colombiano Jonatan Mayorga decidió buscar nuevas oportunidades en Suiza, ya anticipaba diferencias en lo económico y en infraestructura. Sin embargo, lo que no esperaba era que el cambio más profundo estaría en la forma de concebir el deporte.
Luego de haber militado en la segunda división de ambos países, este joven de 20 años sostiene que el contraste es evidente desde la primera práctica.
“En Colombia la segunda división es muy aguerrida, se corre bastante. Los equipos cuando van ganando suelen quemar bastante tiempo. En Suiza, por el contrario, el fútbol es muy dinámico y no se para tanto”, explicó en entrevista con Infobae Colombia.
Su percepción se alinea con una problemática que el balompié colombiano ha buscado resolver en los últimos años. En el Fútbol Profesional Colombiano, el tiempo efectivo de juego ronda los 52 minutos por partido, es decir, el balón permanece en movimiento menos del 60% del tiempo reglamentario. Las interrupciones por faltas, saques de banda y demoras para conservar el resultado siguen siendo una de las críticas más recurrentes al campeonato.
La Dimayor implementó recientemente nuevas disposiciones disciplinarias y arbitrales para recortar esas pausas y alinearse con los estándares internacionales. No obstante, Mayorga considera que la brecha con Suiza sigue siendo notoria.
Según su vivencia, en la Challenge League, el tiempo neto de juego suele situarse entre los 60 y 65 minutos. Esa continuidad obliga a los futbolistas a mantener la concentración y la intensidad durante casi todo el encuentro.
Dos ligas, dos filosofías
La diferencia no es únicamente estadística. También responde a la organización de cada campeonato. La Superliga de Suiza fue fundada en 1897 y actualmente posee un sistema de ascensos y descensos que enlaza directamente con la Challenge League. Los clubes suelen trabajar con proyectos deportivos estables, presupuestos controlados y una fuerte inversión en la formación de jóvenes talentos.
En Colombia, la Primera B nació en 1991 y ha sido un trampolín para centenares de futbolistas, pero enfrenta retos diferentes: largos desplazamientos, desigualdades económicas entre los equipos y una alta presión por lograr el ascenso en torneos cortos.
“Bajo mi opinión el fútbol suizo es mucho mejor que el de Colombia, por lo menos en las segundas divisiones de cada uno, que es donde he jugado”, afirmó el entrevistado.
La “viveza” colombiana
Uno de los aspectos que más le llamó la atención fue el comportamiento dentro del campo.
“Aquí realmente son muy correctos. No pasa eso de que un jugador le pegue a uno una patada como pasa en Colombia. Nosotros tendemos a tener viveza dentro de la cancha y cien por ciento la tenemos más que los suizos”, comentó.
Para Mayorga, esa “viveza” es parte de la identidad competitiva del futbolista colombiano: saber manejar los tiempos, presionar al árbitro o aprovecharse de ciertas circunstancias. En Suiza, en cambio, prima el respeto por las reglas y la continuidad del juego.
Más que fútbol
El colombiano cree que esa diferencia se origina en la vida cotidiana.
“La gente aquí es muy tranquila, cada quien vive en su mundo. Todo es muy correcto”, señaló.
Adaptarse a esa cultura fue tan trascendental como adaptarse al fútbol. Horarios estrictos, respeto por las normas y una organización constante terminaron moldeando también su forma de entrenar y competir.
Sin embargo, lejos de renegar del fútbol colombiano, admite que fue precisamente esa exigencia la que lo formó como jugador. Antes de llegar a Europa, formó parte de un proceso con la Selección Colombia de fútbol sala, una experiencia que considera fundamental para su desarrollo.
“Fui muy feliz con todo lo que viví y aprendí. Todo eso lo va forjando a uno para ser mejor”, recordó.
Lo que más extraña y lo que más valora
Cuando compara ambos países, reconoce que extraña el ambiente que envuelve al fútbol colombiano: la pasión de las tribunas, la cercanía con la gente y la intensidad con la que se vive cada partido.
Pero también valora que en Suiza encontró un entorno que propicia el desarrollo deportivo.
“La tranquilidad en la que se vive acá es top”, resume.
Después de haber competido en ambas realidades, su conclusión es sencilla: Colombia y Suiza entienden el fútbol de formas distintas. En un lado predomina la intensidad y la picardía; en el otro, la disciplina y el juego continuo. Y para un futbolista que ha conocido ambos mundos, esas diferencias se perciben mucho antes de que ruede el balón.
Fuente: Infobae