La escena parecía extraída de una de las canciones más cinematográficas de Taylor Swift. Una boda que combinó el hermetismo con una exposición pública sin precedentes en el corazón de Manhattan.
El calor alcanzó los 37,7 grados Celsius, rompiendo récords. Tormentas repentinas e intensas se desataron durante la jornada. La ciudad se llenó de celebridades llegadas desde todos los rincones del planeta: la actriz Mariska Hargitay, el músico Ed Sheeran, la modelo Gigi Hadid y el comediante Adam Sandler, quien ofició la ceremonia. Muchos de ellos volaron desde distintos países para acompañar a Swift y a su ahora esposo, Travis Kelce, sin conocer casi ningún detalle del evento.
Fue el espacio más público que pueda imaginarse, pero al mismo tiempo la boda de famosos más privada de los últimos tiempos, envuelta en un secreto absoluto. Manhattan estaba repleta de marineros por la Fleet Week, aficionados al fútbol de todo el mundo que habían llegado para ver el Mundial y turistas que aprovecharon el 4 de julio para observar los veleros en el puerto. El calor intenso añadió una capa adicional de dramatismo al día.
El presidente de Estados Unidos comentó el evento, y hasta niñas de estados vecinos viajaron para presenciarlo. Solo Taylor Swift, la cantante cuyas letras han inspirado a seguidores de todas las edades y cuya vida amorosa ha sido seguida, criticada y admirada durante años, podía celebrar una boda que generara semejante escenario.
Los swifties toman las calles
Frente al Madison Square Garden, Zeinab Yassine, de 13 años, oriunda de Long Island, observaba con su madre una caravana de coches negros que transportaban a los invitados. En un momento, vio a Mariska Hargitay bajar la ventanilla para saludar a los fans. Por encima de todo, Yassine se alegraba por Swift y Kelce.
“Son muy lindos. Me alegro mucho de que por fin haya encontrado el amor”, dijo la adolescente.
Hay algo intangible que ocurre cuando se reúnen grupos de swifties, incluso si son desconocidos: un vínculo inmediato, una forma sencilla de conectar hablando de canciones favoritas, álbumes y relaciones. Es como descubrir que tienes un buen amigo en común con alguien que acabas de conocer, salvo que ese amigo es una megaestrella a la que técnicamente no has visto en persona.
Tammy Bogard, dependienta de 54 años oriunda de Dallas, contó que había asistido al Eras Tour en Londres, el primer concierto después de un intento fallido de atentado terrorista en Viena que obligó a Swift a cancelar sus presentaciones allí. El concierto londinense fue una experiencia muy emotiva para Bogard, quien en ese entonces apenas era una fan en ciernes. Le impactó el espectáculo, pero aún más la reacción del público.
“Son los demás swifties, eso es lo que no se le puede explicar a la gente”, afirmó.
Bogard repitió la gira y ahora se considera una swiftie de verdad, hasta el punto de regalarle a un periodista presente una pulsera de la amistad, esas piezas de bisutería que los seguidores de la estrella intercambian entre sí.
Esa energía amigable se palpaba el viernes fuera del Garden, donde multitudes de fans se congregaban con la esperanza de ver aunque sea fugazmente a Swift. En una barrera junto a la Séptima Avenida, un grupo de seguidores cantaba “Love Story” mientras las cámaras de los medios los grababan.
Famosos, política y un cartel histórico
La lista de celebridades que ingresaron al recinto era impresionante: Benson Boone, Ethan Hawke, Jason Sudeikis. Cada uno guardaba alguna conexión con una canción o un capítulo de la vida de Swift o Kelce. Boone fue su telonero en la gira; Hawke protagonizó un video musical, y Sudeikis es aficionado del equipo de Kelce, los Kansas City Chiefs.
Poco después de las 7:30 p. m., la boda se hizo oficial cuando un cartel anunció la noticia fuera del pabellón: “JUST & T MARRIED”. En ese instante, el cielo se abrió y comenzó a llover a cántaros.
Minutos después, la Casa Blanca reaccionó con lo que pareció un desaire: una publicación en redes sociales con una versión retocada digitalmente del cartel que decía: “Trump es tu presidente”.
Los fans estallaron de euforia. Dos amigas que acamparon, Gray O’Sullivan, de 18 años, y Frankie Root, de 19, llegaron juntas a ver el espectáculo. Root dijo que había asistido al Eras Tour y que era seguidora de Swift desde 2014, cuando salió el álbum 1989.
“Ella sí me entiende. Cuando tengo un día difícil y la escucho, enseguida me siento mejor”, comentó Root.
Sarah Mead y su hija Sunniva, de 10 años, que viven en Brooklyn, iban camino a ver a la Filarmónica de Nueva York y se detuvieron en el Garden con carteles hechos a mano que aludían a letras de Swift: “Cuando entre en el MSG, hará que todo el lugar brille”. “Esperamos que Taylor nos vea”, dijo Mead.
Sin embargo, no todo el mundo compartía ese entusiasmo. Tyler Guilizia, un joven de 23 años que buscaba un baño con su amigo, preguntó a los policías frente al Garden:
“¿Todo esto es por el concierto de Taylor Swift… eh, por su boda?”
Señaló las hileras de barricadas. Muchas calles alrededor de Penn Station, la concurrida estación de tren debajo del Garden, estaban cerradas, lo que molestó a peatones y viajeros, quienes gritaban a los agentes pidiendo indicaciones y se marchaban enfadados.
Los fans también bombardearon a los policías con preguntas sobre la boda. Ellos no dieron detalles, pero una agente respondió cuál era su canción favorita cuando se lo preguntaron:
“Getaway Car”, dijo sonriendo.
Eduardo Ramirez y Mamie Borres estaban en la Séptima Avenida mirando hacia el Garden mientras la lluvia amainaba el viernes por la noche. Borres, de 30 años, contó que estaba frente al recinto cuando la pantalla de video mostró el anuncio de la boda.
“No todo el mundo se dio cuenta enseguida. Pero luego se armó un revuelo de teléfonos y cámaras mientras los fans emocionados grababan el cartel”, agregó.
Poco después, empezaron a retumbar los truenos y cayó un aguacero, obligándola a buscar refugio. Tras la tormenta, Borres, maestra que reside en Alexandria, Virginia, volvió a su puesto frente al recinto con la esperanza de ver, bueno, lo que fuera. Al oeste del estadio, la puesta de sol tiñó el cielo de magníficos tonos morados y anaranjados.
Y por si alguien pensaba que no hay una letra de Swift para cada ocasión, quizá podemos remitirnos a su canción “End Game”:
“Después de la tormenta, algo nació el 4 de Julio”.
Fuente: Infobae