El ambiente en la capital ya se siente electrico. Este domingo, a las 18:00 horas de Ecuador (17:00 locales), el Estadio Ciudad de México será el epicentro del encuentro más relevante del fútbol mexicano en décadas. La Selección Mexicana, que deslumbró a propios y extraños con su actuación ante Ecuador, se medirá contra una Inglaterra que, aunque no ha desplegado su mejor fútbol en el torneo, posee una de las nóminas más impresionantes del orbe.
Para lograr la hazaña, México deberá replicar las virtudes que lo llevaron a octavos de final. Frente a Ecuador, el equipo fue superior, intenso y dueño del partido. En la primera mitad, el Tricolor firmó lo que muchos consideran su mejor actuación en una Copa del Mundo: dominio absoluto, presión asfixiante y juego vertical.
En el segundo tiempo, los pupilos de Javier Aguirre mostraron otra cualidad invaluable: la madurez. Supieron sufrir, administraron la ventaja y volvieron a ser un muro defensivo. Esa solidez se ha convertido en la gran fortaleza del torneo para los mexicanos.
Un dato que merece ser destacado: solo dos selecciones mantienen su portería imbatida en el campeonato. España (tres victorias y un empate) y México.

El reto más grande desde 1986
Ecuador fue un rival de cuidado, pero Inglaterra juega en otra galaxia futbolística. El equipo dirigido por Thomas Tuchel está repleto de estrellas que compiten cada semana en los clubes más poderosos del mundo. Son futbolistas con la personalidad y el talento para definir un partido de esta magnitud.
Las dos grandes figuras inglesas son Jude Bellingham y Harry Kane. A ellos se suma Declan Rice, el líder del Arsenal que ha tenido otra temporada excepcional.
La profundidad del banquillo es abrumadora: Marcus Rashford, Bukayo Saka, Noni Madueke, Anthony Gordon y varios nombres más capaces de romper el partido en cualquier instante.
Por eso, México necesita repetir la receta que le funcionó ante Ecuador: movilidad constante, intensidad alta, presión en campo rival, circulación rápida del esférico, valentía y convicción. Si el equipo logra imponer ese ritmo desde el primer minuto, obligará a los ingleses a jugar en una zona de incomodidad.
Hay un factor extra que puede inclinar la balanza: la altitud de la Ciudad de México. No será sencillo para los europeos sostener la intensidad física durante 90 minutos. Esa condición podría llevar a Tuchel a plantear un inicio más cauto, priorizando el orden defensivo y dosificando energías para crecer en el segundo tiempo.
Del lado mexicano, Javier Aguirre tiene prácticamente el once definido. La única duda importante está en el lateral derecho: Jorge Sánchez viene de firmar su mejor partido con la Selección, pero Israel Reyes ofrece mayor solidez defensiva. Frente a un posible duelo directo con Rashford, la decisión es clave.

Una generación con hambre de gloria
En el resto del equipo, las incógnitas son mínimas. Gilberto Mora debe ser titular. El joven mediocampista ha demostrado una personalidad, calidad y madurez inusuales para su edad. Todo apunta a que el fútbol europeo lo espera en cuanto cumpla la mayoría de edad.
Las armas ofensivas del Tricolor son variadas: la movilidad de Julián Quiñones, la personalidad de Érik Lira, el sacrificio de Roberto Alvarado, la intuición de Luis Romo, la experiencia de Jesús Gallardo, el conocimiento del fútbol inglés de Raúl Jiménez, el temple de Raúl Rangel y la jerarquía de la dupla central formada por Johan Vásquez y César Montes.
Se espera que Inglaterra sea paciente en los primeros minutos. No se prevé una presión alta ni un inicio agresivo. Más bien, un equipo dispuesto a alargar el partido, proteger su arco y explotar los espacios que México deje al atacar. El contragolpe es su principal peligro, especialmente con velocistas como Rashford y Madueke.
México, en cambio, debe salir con la convicción de que puede imponer condiciones. Sin complejos. Sin especular. Como lo hizo durante esos memorables primeros 45 minutos frente a Ecuador.
Todo listo para una tarde inolvidable
El Estadio Ciudad de México promete un ambiente aún más espectacular que el de octavos. El coloso de Santa Úrsula estará repleto, empujando a una generación que tiene la oportunidad de romper una barrera que parecía infranqueable: vencer, en un partido de eliminación directa de una Copa del Mundo, a una de las grandes potencias del fútbol mundial.
El premio es enorme: clasificar a cuartos de final y hacer las maletas rumbo a Miami para enfrentar al ganador del duelo entre Brasil y Noruega.
Porque a veces la historia comienza justo así: con un sueño que parece imposible.
¿Y si sí?
Fuente: Infobae