Mucho antes de que la Moana animada cautivara al mundo en 2016 y se preparara su versión con actores reales, existió otra producción con el mismo nombre: un documental mudo grabado en Samoa por el cineasta Robert Flaherty. Según diversas fuentes citadas por The Guardian, esta cinta de 1926 podría haber sido una fuente de inspiración para la franquicia de Disney.
Esta primera Moana, estrenada en 1926, se centraba en la vida cotidiana de la isla de Samoa. Especialistas consultados por el medio británico consideran que pudo influir en el gigante del entretenimiento debido al título, el entorno polinesio y varios elementos culturales compartidos, aunque el estudio nunca ha confirmado oficialmente esta conexión.
El historiador de cine Bruce Posner declaró a The Guardian que “alguien en Disney desmenuzó la Moana de 1926 para hacer su película”. Además, recordó que la nueva adaptación con actores reales, que vuelve a contar con Dwayne Johnson, se estrenará la semana siguiente. Para Posner, la coincidencia en el título y el escenario insular del Pacífico no es accidental, aunque señaló una diferencia clave: en la obra de Flaherty, Moana era un hombre, mientras que en la versión de Disney es una mujer.
El origen de la Moana original en Samoa
La cinta de 1926 fue el siguiente proyecto de Flaherty tras el éxito de Nanuk, el esquimal, un retrato de la civilización inuit que había consolidado su prestigio. Con libertad creativa para elegir su próximo destino, viajó a Samoa después de imaginar, según relató Posner a The Guardian, “esta gran historia de monstruos marinos”. Sin embargo, al llegar se encontró con una realidad muy diferente.
“No había monstruo marino. Estaba esta vida isleña donde todo el mundo era feliz”, explicó Posner, y ese hallazgo orientó el filme hacia una visión pastoril centrada en un joven llamado Moana y su familia.
Robert Flaherty pasó más de un año filmando en exteriores, en un ejemplo pionero de rodaje lejos de un estudio cinematográfico. Posner recordó que el director instaló un laboratorio en una cueva de agua dulce para revelar la película. Al beber esa agua, se intoxicó accidentalmente. “Pasó varios meses al borde de la muerte”, afirmó Posner.
La cinta que definió el género documental

Cuando Flaherty regresó con el material, el estudio recibió algo muy distinto a lo esperado. En lugar de monstruos marinos, la película mostraba tortugas y escenas cotidianas de Moana y su familia recogiendo raíces de taro y cocos. La recepción inicial fue desigual: Moana batió récords de taquilla en exhibiciones de prueba en Nueva York, pero fracasó cuando llegó al circuito amplio.
Su lugar en la historia del cine quedó asegurado por otro motivo. El crítico John Grierson dijo que la película tenía “valor documental”, una expresión que convirtió a Moana en la primera cinta etiquetada como “documental”. Posner afirmó a The Guardian que la obra “sigue siendo un gran hito”. Sin embargo, esa clasificación también generó debates posteriores sobre cuánto había de reconstrucción en lo que se presentaba como un retrato fiel de una sociedad.
Un legado debatido pero valorado en Samoa

La profesora titular Dionne Fonoti, de la Universidad Nacional de Samoa, explicó a The Guardian que muchos de los elementos mostrados por Flaherty ya no se practicaban en los años 20. Añadió que la vestimenta samoana y las ideas sobre el pudor habían cambiado de forma notable para entonces, aunque las mujeres aparecen con el torso descubierto durante toda la película. La puesta en escena fue completa: Moana y su “familia” no tenían parentesco real, ya que Flaherty eligió cada papel por la apariencia y la capacidad interpretativa, e incluso el nombre del protagonista fue idea del director.
Posner defendió que Flaherty trabajó antes de que existieran reglas establecidas para el documental. “Para bien o para mal, la palabra ‘documental’ quedó colgada de Flaherty. Pero para mí, él es un poeta del cine, no un documentalista”, dijo.

La película también recibió lecturas poscoloniales por su retrato idealizado de una comunidad isleña ajena al supuesto artificio de la civilización. Fonoti matizó que hoy el debate académico existe, pero que en Samoa predomina otra mirada. “Muchos samoanos la aprecian por lo que es, una instantánea del pasado”, señaló la académica. En un documental de 2011, la hija de una de las estrellas del filme afirmó: “En mi opinión no había nada malo en la película”. Otro entrevistado del pueblo donde se rodó reforzó esa apropiación local: “Esta película es nuestra película. Pertenece a este pueblo”, dijo en ese mismo documental citado por The Guardian.
Del cine mudo a la asesoría cultural en Disney
Aunque la historia llegó al público a través de una mirada occidental, las escenas reconstruidas se hicieron con la colaboración de la comunidad local. Frances Flaherty, esposa del director y coproductora, explicó después que el pueblo estaba “haciendo la película con nosotros” y que los ancianos revisaban el material para ayudar a recuperar costumbres antiguas y valorar si la representación era fiel.

Fonoti ve en ese proceso un vínculo relevante con Disney. Recordó que, antes de Moana, varias producciones de la compañía recurrieron a culturas indígenas sin consulta, mientras que para esta saga reunió a especialistas de las islas del Pacífico para asesorar todos los aspectos del proyecto. La profesora, que integra ese grupo desde el inicio de la franquicia, describió la experiencia como positiva. Según The Guardian, Posner sigue convencido de que la afinidad entre ambas películas no parece casual y prepara un nuevo negativo de 35 mm para el año del centenario.
La lectura que hoy prevalece en Samoa sitúa esa película muda como un antecedente de una participación más activa en los relatos sobre la región. Entre la obra de 1926 y la franquicia actual, la presencia samoana pasó de colaborar en la reconstrucción de escenas a intervenir de forma directa en la creación de sus propias historias.
Fuente: Infobae