¿Cómo dan tarjetas de crédito o débito las Fintech sin ser bancos?

Seguramente en los últimos meses has visto que tu aplicación de envíos favorita, la tienda donde compras la ropa o una nueva billetera digital te ofrecen una tarjeta de débito o crédito. Hace unos años, esto era impensable: solo los bancos tradicionales con enormes edificios y bóvedas llenas de dinero podían darte una tarjeta.

Entonces, ¿cómo es que ahora una aplicación que usas para pedir comida o pagar tus servicios puede hacerlo? La respuesta corta es: no se convirtieron en bancos. Detrás de lo que ves en tu teléfono, existe una revolución tecnológica llamada Finanzas Embebidas (o empotradas). Es una tecnología que permite a cualquier comercio o plataforma digital “alquilar” la infraestructura de un banco para crear sus propias tarjetas.

De acuerdo con el estudio Global Payments Report de McKinsey, la forma en que pagamos está cambiando a toda velocidad en el mundo. Las billeteras digitales y los pagos instantáneos están ganando una relevancia importante y la gente exige experiencias rápidas y sin trabas. Para responder a esto, las empresas ya no necesitan construir un banco desde cero; solo necesitan conectarse a internet.

Hoy en día una fintech puede operar en más de 100 países. (Pomelo)

El “detrás de escena”: cómo se hace posible ofrecer tarjetas

Para que un comercio o una aplicación cree una tarjeta necesita unirse a un “equipo” de cuatro jugadores estratégicos que hacen todo el trabajo pesado o el “detrás de escena”:

  • El banco patrocinador: este debe ser un banco de verdad con licencias. Es el que cuida los ahorros de la gente (si la tarjeta es de débito) o el que pone el dinero prestado (si es de crédito). La aplicación del celular solo actúa como una “fachada” amigable.
  • El procesador de pagos: es el cerebro tecnológico. Cuando pasas la tarjeta por un punto de venta, este sistema (operado por empresas modernas como Pomelo, Galileo, Swap o Dock) revisa en un segundo si tienes dinero o crédito y aprueba o rechaza el pago.
  • La red de tarjetas: las empresas globales que ya conoces como Visa o Mastercard. Ellos prestan su marca y su red de telecomunicaciones para que la tarjeta funcione en cualquier lugar del mundo.
  • El fabricante de plásticos: Si la empresa decide dar una tarjeta física y no solo una digital en el celular, acude a empresas especializadas (como Thales o Idemia) que imprimen y distribuyen los plásticos con un chip seguro. No es lo mismo una tarjeta de débito que una de crédito.

Las empresas globales que ya conocemos como Visa o Mastercard prestan su marca y su red de telecomunicaciones para que la tarjeta funcione en cualquier lugar del mundo. (Reuters)

Si un comercio o una billetera quiere lanzar su tarjeta, debe entender que los caminos son muy diferentes:

  • Para tarjetas de débito: el sistema es más sencillo. La tarjeta se conecta directamente a una cuenta donde el usuario ya guardó dinero. El procesador de pagos solo tiene que revisar: “¿El usuario tiene $10 en su cuenta? Sí, aprobado”.
  • Para tarjetas de crédito: aquí hay un riesgo. Como se trata de prestar dinero, la empresa debe desarrollar su propio “motor de riesgo”, es decir, un sistema inteligente que analice si el usuario es buena paga o no. Además, debe conseguir el dinero para los préstamos, ya sea de sus propias ganancias o de un fondo de inversión.

La seguridad primero: reglas que no se pueden saltar en tecnología

Aunque no sean bancos, estas empresas tecnológicas deben cumplir leyes muy estrictas para que nadie robe dinero. Necesitan sistemas automáticos de verificación de identidad (KYC/AML) para asegurarse de que tú eres quien dices ser y evitar fraudes. También, deben contar con una certificación internacional de seguridad llamada PCI-DSS, que garantiza que los datos de la tarjeta viajen encriptados y nadie los pueda clonar.

Como el mundo de los pagos ahora es digital y diverso, las empresas necesitan herramientas flexibles. Walter Campos, gerente general para Latinoamérica de la empresa de pagos Yuno, explica por qué esto es tan vital hoy en día: La experiencia de pago se ha convertido en una ventaja competitiva. Cuando un consumidor no encuentra su método de pago preferido o enfrenta fricciones al momento de pagar, la venta simplemente no ocurre. En escenarios de alta demanda, las empresas necesitan infraestructura flexible que les permita adaptarse a distintos hábitos de consumo y operar con mayor agilidad.

Ninguna fintech se puede convertir en un banco si no tiene permisos legales para esa figura. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un futuro sin fronteras: tarjetas que funcionan en todo el mundo

Antes, si una empresa quería lanzar una tarjeta en varios países de América Latina, tenía que abrir una oficina, tramitar permisos y conseguir bancos aliados en cada país, un proceso que tomaba años. Hoy, la tecnología ha avanzado tanto que ahora se van a implementar tarjetas globales, esto significa que cualquier negocio puede emitir tarjetas virtuales compatibles con Apple Pay y Google Pay con una sola integración tecnológica, permitiendo transaccionar no solo en monedas locales o dólares, sino también en stablecoins (criptomonedas que valen lo mismo que un dólar).

Gastón Irigoyen, CEO y co-Fundador de Pomelo, describe este nuevo panorama multi-riel: “América Latina opera sobre múltiples rieles de pago: tarjetas, transferencias, y ahora también stablecoins. Es un ecosistema multi-riel en una región compleja, definido por asimetrías regulatorias entre mercados. La oportunidad no está en elegir un único riel sino en combinarlos de forma inteligente”.

En conclusión, la próxima vez que tu tienda favorita o una aplicación te ofrezca una tarjeta, ya sabes el secreto: no se han convertido en un banco tradicional, simplemente se han subido a la autopista de la tecnología financiera para tener una forma más rápida y cómoda de comprar.

Fuente: Infobae

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