La Copa del Mundo de 2026 vive su fase más apasionante y decisiva. Tras superar los dieciseisavos de final, la Selección Mexicana, dirigida por Javier Aguirre y respaldada por una campaña perfecta que incluyó un contundente 2-0 ante Ecuador, se prepara para un duelo histórico. El rival es la Inglaterra de Harry Kane, que consiguió su boleto tras un vibrante 2-1 frente a la República Democrática del Congo.
No obstante, el domingo 5 de julio a las 18:00 (hora de Ecuador, 18:00 hora de México), el Estadio Ciudad de México, también conocido como el coloso de Santa Úrsula, no solo será testigo de un choque de potencias futbolísticas. Los “Three Lions” deberán enfrentarse a un adversario invisible pero implacable: los 2.240 metros de altitud sobre el nivel del mar que caracterizan a la capital mexicana. Un factor geopolítico y fisiológico que no se puede replicar en los campos de entrenamiento de Londres.
¿Cuáles son los efectos físicos y mentales de la altitud en los atletas de élite y por qué esta condición se convierte en una ventaja crucial para el equipo mexicano?

El desafío físico: oxígeno escaso y resistencia al límite
Contrario a lo que muchos piensan, en la Ciudad de México la proporción de oxígeno en el aire sigue siendo la misma (alrededor del 21%). El verdadero problema reside en la presión barométrica. Al haber menos atmósfera sobre la urbe, la presión desciende y las moléculas de oxígeno se expanden. Esto provoca una menor presión parcial de oxígeno, un fenómeno médico conocido como hipoxia ambiental.
Para un futbolista europeo acostumbrado a competir al nivel del mar, correr en estas condiciones desencadena respuestas fisiológicas inmediatas:
- Caída del VO2 Máximo: Por cada 1.000 metros de ascenso, el consumo máximo de oxígeno (VO2 máx) de un atleta se reduce entre un 6% y un 8%. En la altitud de la CDMX, los jugadores ingleses enfrentan una pérdida repentina de casi el 15% de su capacidad aeróbica.
- Hiperventilación y fatiga precoz: Al detectar menos oxígeno en la sangre, el cuerpo acelera la respiración. Esto eleva la frecuencia cardíaca en reposo y durante el esfuerzo, acelerando la producción de ácido láctico y provocando que los músculos se resientan mucho antes de que finalice el partido.
- El balón vuela distinto: Con menor resistencia del aire, la pelota viaja hasta un 15% más rápido y el efecto (efecto Magnus) se reduce. Los arqueros ingleses tendrán dificultades para calcular las trayectorias de los disparos de media distancia.

El desgaste mental: ansiedad, niebla cognitiva y errores bajo presión
El fútbol moderno se juega con las piernas, pero la mente dicta el resultado. La altitud afecta directamente la capacidad cognitiva de los deportistas no aclimatados.
La hipoxia cerebral leve, común durante las primeras 72 horas en la altura, reduce la velocidad de procesamiento de información y afecta la memoria de trabajo. En un partido de octavos de final, esto se traduce en fallos fatales:
- Pérdida de claridad táctica: Bajo fatiga extrema y falta de oxígeno en el cerebro, el jugador pierde la visión periférica, entrando en un “efecto túnel”.
- Frustración y estrés psicológico: El atleta nota que su cuerpo no responde como de costumbre. La sensación de ahogo activa una alarma en la amígdala cerebral, elevando los niveles de cortisol e incrementando la ansiedad.
- Deterioro en la toma de decisiones: Un pase preciso o la fracción de segundo para anticipar una marca se ven gravemente comprometidos.

¿Ventaja definitiva para México? La memoria fisiológica y la historia
La última vez que Inglaterra jugó un partido oficial en la capital mexicana fue hace cuatro décadas, en los Cuartos de Final del Mundial de 1986. Hoy, el contexto favorece ampliamente a los aztecas por una razón fundamental: la memoria fisiológica y la programación del torneo.
Gran parte de la plantilla dirigida por el “Vasco” Aguirre juega o se formó en la Liga MX, compitiendo en ciudades de altitud como la CDMX, Toluca o Puebla. Sus organismos cuentan con una mayor densidad de capilares y una eficiencia enzimática adaptada para producir energía con poco oxígeno. Además, al concentrarse y jugar el partido previo en territorio nacional, el proceso de aclimatación es total.
Por el contrario, el conjunto británico de Thomas Tuchel disputó la fase previa en sedes norteamericanas con condiciones muy diferentes. Para modificar los niveles de eritropoyetina (EPO) natural y aumentar la masa de glóbulos rojos, se necesitan al menos dos o tres semanas de concentración en la altura. Afrontar este reto de manera abrupta desgastará a figuras como Jude Bellingham o Declan Rice, obligando a Inglaterra a plantear un partido muy táctico, dosificando los contragolpes y cediendo la posesión al equipo mexicano.
El Estadio Ciudad de México rugirá con una afición entregada, pero el verdadero jugador número 12 de México será invisible, pesará exactamente 2.240 metros y amenaza con asfixiar las aspiraciones de la corona inglesa.
Fuente: Infobae